Perera y Ferrera

Un gran toro de Fuente Ymbro permitió a Perera abrir la primera puerta grande de San Isidro, un triunfo polémico y muy protestado por gran parte de los tendidos

Foto: El diestro Miguel Ángel Perera sale por la puerta grande tras cortar dos orejas al tercero de la tarde. (EFE)
El diestro Miguel Ángel Perera sale por la puerta grande tras cortar dos orejas al tercero de la tarde. (EFE)

Plaza de toros de Las Ventas, miércoles 15 de mayo de 2019.

2ª de feria. Lleno de no hay billetes en el día del patrón, en tarde casi calurosa y con algunas molestas rachas de viento. Asistieron el rey emérito Juan Carlos y la infanta Elena.

Seis toros de Fuente Ymbro de entre 512 y 621 kilos, muy bien presentados, serios y con buenos tipos, con complicaciones y sin rematar a buenos salvo el tercero, bravo y excepcional por el pitón derecho; el flojo sexto fue protestado.

Finito de Córdoba, de nazareno y oro. Algunas protestas y pitos.

Diego Urdiales, de azul marino y oro. Silencio y silencio.

Miguel Ángel Perera, de verde oliva y oro. Dos orejas tras aviso protestadas por parte de la plaza y silencio. Salió por la puerta grande.

No puedo contar mucho de la actuación de Finito ni podría destacar gran cosa de la tarde de Urdiales. Pero no por su demérito sino por mi incapacidad de fijarme. Espero que no moleste y espero ver más a Urdiales en las próximas tardes. Pero es que llegué a la plaza pensando solo en Ferrera. No me equivoco, Ferrera. Antonio para más señas. Un nombre que al asociarse a una escueta noticia publicada este martes no me dejó pensar en todo el día en otra cosa que esa. Rescatado por bomberos, hipotérmico y confuso del río Guadiana, justo debajo de un alto puente, saltaron las alarmas de los que le conocen y aprecian sabedores de su mayor capacidad física para evitar accidentes que psicológica para esquivar malas decisiones.

Miguel Ángel Perera. (EFE)
Miguel Ángel Perera. (EFE)

No se conocen detalles del origen de la trágica escena que pudo acabar en funesta para este gran torero extremeño, pero cuando se insinuaba que la caída podría no ser accidental muchos pensaron en lo mismo. Mis pensamientos, sin embargo, alejándose del sensacionalismo o la especulación, se pasaron el día haciendo círculos alrededor de la misma pregunta: ¿que pasará por la cabeza de un ser humano, no para querer, sino para poder ser torero? Porque para explicar por qué querer ser torero basta con ver un toro de cerca, ir un día de triunfo a la plaza o conocer otros toreros, pero de ahí a tener la cabeza para poder serlo... Eso sí que es difícil de explicar, y mucho más difícil que alguien te lo pueda explicar para que se entienda.

¿Qué pasa por la mente de una persona para quedarte tan quieto mientras te embiste una fiera? ¿Qué puedes pensar de forma ordinaria para exponerte a la muerte y que el premio principal sea precisamente evitarla? Antonio Ferrera es un pedazo de torero cuya trayectoria y personalidad podrían contestar sin duda alguna de esas preguntas, Miguel Ángel Perera es un artista que podría contestar todas y cada una de ellas. Sobre todo después de su impecable actuación de este miércoles.

El diestro Miguel Ángel Perera, tras cortar dos orejas. (EFE)
El diestro Miguel Ángel Perera, tras cortar dos orejas. (EFE)

Perera brindó en un micrófono su segundo toro a su paisano y amigo Ferrera, que espero pudiera escucharle. Lo brindó sabiendo que si mataba ese sexto sería después también su sexta salida a hombros de la plaza de Las Ventas. Su séptima si contamos la que logró de novillero. Lo sabía y le brindaba a Ferrera con su gesto no solo cariño y respeto, sino también el que probablemente sea el único hilo del argumento vital que parecen tener los toreros: el triunfo en la plaza después de la entrega, la entrega voluntaria e infinita después del triunfo en la gestión de sus propias dudas y contradicciones.

Ojalá Ferrera tire del hilo y salga de nuevo triunfante, como triunfante este miércoles Perera con dos orejas en su esportón de un toro más que interesante. Un toro serio, bravo y fijo, sobre todo por el pitón derecho, que embistió sincero y con el morro por el suelo. Largo, entregado y sin pijadas ni pegas, embistió el tal Pijotero. Vibrantes los muletazos, fuertes los oles y bravos, conectadas las emociones entre el público que admira y el artista que explica convencido y convincente lo que hay que tener en la cabeza para poder ser torero.

Y la explicación me resultó suficiente a pesar de no poder rematar la faena por el pitón izquierdo, a pesar de la estocada perpendicular y trasera. Yo entregaría gustoso el premio de las dos orejas a pesar de que otras veces, otras explicaciones de otras faenas convencieran de forma más unánime al cónclave este miércoles presente. Protestaron muchos la concesión de la segunda oreja y me volvía yo preguntándome si alguno no lo entendía o es que no quería escuchar ni a Perera ni al toreo, ni a Ferrera ni a nadie.

Pero más allá de la medida exacta con la que premiar a alguien, cada vez más difícil de consensuar por otra parte, me fui tranquilo de la plaza pensando que cualquier pregunta que se pueda hacer Ferrera en la gestión de su mente encontraría respuesta en la felicidad de Perera a hombros entre la gente.

Feria de San Isidro
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