Creer es crear

Y creyó y creó este viernes Diego Urdiales en el quinto toro de la tarde. Único toro reseñable que permitió torear como le mandan sus cánones

Foto: El diestro Antonio Ferrera. (EFE)
El diestro Antonio Ferrera. (EFE)

Plaza de toros de las Ventas, viernes, 7 de junio de 2019, 25ª de feria.

Lleno en tarde muy agradable y con ligero viento a partir del cuarto toro.

Cinco toros de Alcurrucen propiedad de los hermanos Lozano y uno de El Cortijillo que se lidió en cuarto lugar de entre 525 y 565 kilos. Desiguales de presentación, con toros altos y montados y otros más bajos y recogidos. El tercero fue pitado de salida por su presencia y luego durante toda la lidia por su flojedad. El cuarto de El Cortijillo, negro Girón, muy serio pero basto y sin ninguna entrega. Mala y muy deslucida toda la corrida para los toreros, solo el quinto, de mejor condición y en las manos de Urdiales permitió algo de toreo ortodoxo y a ratos de gran calidad.

Antonio Ferrera de esmeralda y oro ovación tras fuerte petición y aplausos.

Diego Urdiales de gris plomo y oro silencio y fuerte ovación tras dos avisos.

Ginés Marín de verde carruaje y oro silencio y silencio.

Creer es crear es la frase que lleva escrita Ferrera en su capote de paseo. Un capote diferente, nada al uso, que sin descartar del todo iconografía clásica y mayoritaria, la religiosa y de flores, resalta liado a su espalda. Liado porque el capote de paseo los toreros se lo lían apretada y firmemente alrededor de la espalda con tensa parafernalia y metódicos dobleces mientras van tragando a duras penas la poca saliva que les queda cinco minutos antes de que el reloj dé las siete. Liados ya hace algunos meses por un contrato firmado, y liados con el capote considerándolo escudo, lo aprietan en ese angustioso patio de cuadrillas tan premeditadamente oscuro hasta que sienten bien expulsados los miedos, y ven que pueden dar el paso que les acerque al albero.

Y recién pisado ese ruedo y para iniciar el paseíllo se paran los tres toreros, el más antiguo a derechas y el más nuevo por el centro, se saludan respetuosos, se desean suerte sincera y arrancan ese camino de pocas decenas de metros que agota como si fuera un Everest en invierno. Se topan contra las tablas absortos en pensamientos y al chocar y mirar al cielo saludan al presidente que formal y condescendiente corresponde de pie y en silencio apenas con un leve gesto de asentimiento en la cara.

Y ahí se sueltan el capote liado firme y perfecto y respiran indagando que miedos quedaron dentro. Cambian seda por percal decían los revisteros aludiendo al material de los dos capotes toreros.

Creer es crear, lo suscribo y vale para casi todo. Creo que hay que crear una feria menos densa y tratar de trasladar buenos festejos a otras fechas

A veces el mozo de espadas, encargado de recogerlo, lo ofrece a alguna belleza que encuentre por la barrera y se lo pone delante decorando más la escena. A los pies de la más bella siempre han acabado capotes... a veces para dar las gracias, a veces para conocerla, los capotes de paseo conocen historias secretas. También a veces redecoran la presencia de otras gentes quizá con menos intrahistoria: familiares o políticos, literatos o influyentes.

Fue con esa misión, sin bella por medio es cierto, que quedó el capote de Ferrera extendido y colocado a los metros suficientes para exhibir a mi vista que el capote no era bordado, como viene siendo al uso, sino pintado impresionista como con tonos lacios, cálidos y difuminados. Conseguí achinar los ojos para ver lo que yo no me esperaba, un capote de paseo con una frase-mensaje: Creer es crear, decía, bien por Ferrera.

Creyó y creó Ferrera hace muy poco y cortó hasta tres orejas en tarde ya memorable y arrancó del mismo modo al inicio de la tarde, luego se torció un poco. Creyó y creó Marín hace días y armó la marimorena dejando más que en evidencia a un presidente cegato que le privó de salir a hombros en vez de salir andando. Cosa que hoy es un premio porque la salida alternativa con estos toros no era otra que tumbado.

El diestro Diego Urdiales. (EFE)
El diestro Diego Urdiales. (EFE)

Y creyó y creó este viernes Diego Urdiales en el quinto toro de la tarde. Único toro reseñable que permitió torear como le mandan sus cánones. Un alto y colorado Lozano, un toro se sobreentiende, que salió avanto y muy alto. Que se despistó en el caballo siendo el único que quiso de verdad ser un poco bravo. Un toro que tardó un buen rato en embestir por derecho. Después de que Diego Urdiales creyera que iba a ser bueno y de enseñarle la panza de la muleta bien plana. Con una paciencia infinita con el toro y los cabestros. El toro de los Lozano y los cabestros que no callaban con esos gritos grotescos que sueltan desde las gradas. Creyó y creó una faena de gusto, de técnica y de matices que para desgracia del mundo solo vieron unos pocos. Otros cuantos se perdían en protestas, en insultos y en sus gritos, amargados de impaciencia y, probablemente con causa, hasta empachados de toros. Menos mal que algunos pases fueron tan largos y lentos que el ole tapó la boca hasta de los más escépticos.

Creer es crear, lo suscribo y vale para casi todo. Creo que hay que crear una feria menos densa y tratar de trasladar buenos festejos a otras fechas. No es culpa de Plaza 1 concesionario de Las Ventas que cumple con lo mandado, es más bien culpa de un pliego inflexible y obsoleto.

Creer es crear lo dice Ferrera, creo que voy a hacerle caso, y creo que empezaré, tras dos docenas de tardes, con una hernia de disco que tarde a tarde voy creando.

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