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Juan José Cercadillo

Feria de San Isidro

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Ojo por ojo

Me pregunto muchas veces si esa ley mesopotámica perdura discretamente en la arcaica tauromaquia. Lo que le hayas dado al toro, el toro te lo devuelve

placeholder Foto: El diestro Miguel Ángel Perera. (EFE)
El diestro Miguel Ángel Perera. (EFE)

Palacio de Vistalegre, 20 de mayo de 2021

8ª de la Feria de San Isidro, alrededor de mil espectadores.

Toros de Hermanos García Jiménez y Olga Jiménez (2º y 3º) de la Familia Matilla, empresario de la feria de San Isidro de Vistalegre. Lucieron divisa negra en señal de duelo por la reciente muerte del patriarca Teodoro Matilla. Todos cinqueños y muy bien presentados, con amplias encornaduras, serios y con cuajo más que suficiente, consolidando un nivel de toros en Vistalegre por encima de lo esperado. Sin llegar a romper ninguno del todo destacaron primero, segundo y quinto embistiendo por abajo con son y transmisión suficiente para facilitar el espectáculo y rozar el triunfo de los toreros. Peor el lote de Luque.

Miguel Ángel Perera, de lila primaveral y oro. Oreja y ovación tras aviso.

Paco Ureña, de teja nueva y oro. Oreja con fuerte petición de la segunda y ovación.

Daniel Luque, que sustituía a Ferrera, de azul noche y oro. Ovación y aplausos tras feo bajonazo.

placeholder El diestro Paco Ureña. (EFE)
El diestro Paco Ureña. (EFE)

El clarividente Hammurabi redactó en acadio su reconocido código y mandó cincelarlo en columnas de mármol que, ubicándolas a la entrada de casi cualquier pueblo, dejaban claro a todo miembro aspirante al mundo civilizado el por entonces incipiente concepto de la justicia. Cortes de mano por robo, orejas por golpes en la cabeza, hijas muertas por hijas mancilladas, huesos por huesos rotos y dientes por dientes arrancados conformaron la longeva ley del Talión, supuesto origen de nuestros códigos civiles y penales. La venganza como hilo conductor domesticó a los rebeldes y eliminó a los más cafres. El miedo como método represivo funciona desde los monos y, códices, escritos, sentencias y ejecuciones nos han traído hasta aquí, consensuemos todos, no precisamente por el camino más recto de los posibles. Guerras, edades medias, imperios ensimismados dieron grandes pasos atrás en los logros de aumentar la consciencia al ser humano y repusieron la fuerza como elemento principal de control social y bruta preponderancia jerárquica.

Foto: El diestro Roca Rey. (EFE) Opinión
La letra con sangre entra
Juan José Cercadillo

Me pregunto muchas veces si esa ley mesopotámica perdura discretamente en la arcaica tauromaquia. Lo que le hayas dado al toro el toro te lo devuelve. Me pregunto constantemente si esos simétricos pitones -testuz, fiel de la balanza- sopesarán cada tarde lo que le has dado a la fiesta y lo que quisieras robarle. El caso de Paco Ureña podría ser literal. El ojo que le ha robado un golpe tan inesperado, la ofrenda de media vista, quizá le esté seleccionando lotes que mejor embistan. Mucho ha dado Paco a este mundo. Mucha entrega, coste físico del que duele y sacrificio que pasa factura cada día y durante el resto de, toda, tu vida entera. Horas de UCI, ojo vacío, carnes abiertas y venas rotas parecieran precio dado por las nobles embestidas que últimamente le vienen tocando. Caro precio que le humillen y que transmitan los toros, como los de este jueves de Matilla sin tener que irnos más lejos. Dudas de supervivencia a base de volteretas deberían garantizarle que esas embestidas buenas duraran los diez minutos que podrían asegurarle el poder cortar orejas. Que le duren y que reblandezcan las carnes de los morlacos para que el entierro certero del acero libertario no tropezara con hueso y le robara trofeo. Que no busque, racaneando y por defecto, la espada costilla abajo y que quedando tan fea enfriara todo ánimo de poder pedirle premio. Solo eso le falta para compensar su ojo entregado por un buen número de orejas.

placeholder El diestro Paco Ureña. (EFE)
El diestro Paco Ureña. (EFE)

Se llevó Ureña, por lo que fuera, con diferencia hoy, el mejor lote. Y su primera faena brilló en esta plaza oscura y dio luz a la esperanza de una tarde de más triunfo. Fuimos pocos en la plaza los que disfrutamos el directo de los toros de Matilla queriendo compensar a Ureña lo tanto que él ha entregado. Rompió a embestir el quinto como si debiera algo y aunque al final algunas dudas deslucieron el remate consolidó una faena de las que antes de la pandemia abrían las puertas grandes.

Merece Ureña vengarse de tantas calamidades que pitones, empresarios, apoderados de paso y melancolías sobrantes le mantienen diletante. Teniendo temple y valor para cobrarse las letras, que tantas tarde firmó, confío en que su carrera remonte y pueda compensar sacrificios tan brutales como los que hasta ahora ha dado. Ese ojo que perdió de brutal y certero golpetazo debería traerle a cambio triunfos, vítores y abrazos.

placeholder El diestro Miguel Ángel Perera. (EFE)
El diestro Miguel Ángel Perera. (EFE)

Perera no es de venganzas, ni de justas compensaciones, nada de lo que hace bordea de lejos delito. Es tal el talento que le alberga que está por encima de leyes, de códigos y recompensas. Tiene Perera virtud que roza el control del misterioso hipnotismo. Y salen los toros haciendo lo que el extremeño decida. Que el día que él considere bailan salsa y pasodoble estos toros de Matilla. No sé dónde pone la muleta, ni el ritmo que consolida, para que sin parar de humillar repitan sus embestidas. Pero es tal y tan preciso el volumen del talento que creo que si fuera toro elegiría a Miguel Angel para mostrar mis arreos. Quisiera que fuera Perea quien mostrara mis virtudes. Hipnotizado embestiría, cuidadoso esquivaría sus piernas aposentadas. Rodearía, haciendo de la física aplicada mero mito, esa figura torera que clava sus zapatillas en la arena poniendo a prueba sus facultades de escapismo.

Toreo de cerca el de Perera. Cercano a la verdad el extremeño. Ritmo y entrega que lucen tanto a los toros, como al torero.

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El diestro Daniel Luque. (EFE)

No pudo Luque lucir en bien ganada sustitución. No sé qué le debe el toreo, pero hoy no le pagó. Un lote que sin ser malo tiró para abajo la media alta o muy alta de la clase que exhibió la de Matilla. Feo remate de espadas buscando casi los sótanos puso final a un festejo que a punto estuvo de ser el festejo de la feria. El ojo por ojo funcionó, nos faltó el diente por diente de orejas de colofón.

Señor con maletín

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