Toros de la Feria de San Isidro: resumiendo
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Juan José Cercadillo

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Toros de la Feria de San Isidro: resumiendo

Hasta cuatro cornadas graves demostraron que si de algo está sobrado el futuro de la fiesta, es de héroes dispuestos con su vida a perpetuarla

placeholder Foto: Román, con el capote. (EFE)
Román, con el capote. (EFE)

Palacio de Vistalegre, 23 de mayo de 2021

12ª y última de la Feria de San Isidro.

Apenas 1.000 espectadores de los casi seis mil permitidos.

Seis toros de Adolfo Martín de entre 505 y 540 kilos. Corrida seria y expresiva por delante. Con el trapío típico de los Albaserradas. Cárdenos y en tipo, desarrollaron a bien el primero y segundo, se paró el tercero. El cuarto brindó buena pelea en el caballo, pero como alguno de sus hermanos desarrolló el defecto Santa Coloma de acabar embistiendo distraídos. Con buen fondo, embistiendo con transmisión, el muy serio quinto.

Juan del Álamo, de blanco y plata. Vuelta al ruedo tras petición de oreja y silencio.

Román, de gris perla y plata. Ovación y gran ovación tras fallar a espadas en ambos toros.

José Garrido, de azul cielo y oro. Silencio y silencio tras aviso.

Foto: El diestro peruano Roca Rey. (EFE) Opinión

Como diría Sabina: Resumiendo que nos dieron las diez, los once, espectáculos de la feria. Resumiendo, que Matilla tiene un cajón de la firma Pandora. Nos tocaba crecer con esta feria de San Isidro y crecimos, vaya si crecimos. Cada vez con más dudas, más viejos, más sabios, más primos. Sobre las cabezas de la fiesta silbaban calumnias, 'payolas'; mano a mano las vamos lidiando a puertita gayola. Resumiendo, que se pasa el arroz.

La afición de Sabina, la maestría de sus letras, describen casi por accidente mi percepción de esta feria, y me ha hecho plantearme qué es lo que pienso del resultado de esta excepcionalidad desgraciadamente virulenta y por ende del futuro de los toros a corto y a largo plazo. Y no consigo tenerlo claro. He descubierto contradicciones en la letra del maestro, de una de mis canciones preferidas, en las que no había reparado. He visto ángulos de riesgo en llevar San Isidro a Vistalegre que no había valorado cuando lo anunciaron. Lo de la caja de pandora de la firma Matilla es algo que viene de lejos y que de repente ha hecho aún más ruido tras anunciar justo hoy Morante de la Puebla que rompe su relación con ellos de apoderamiento para, a partir de ahora, representarse a sí mismo. Genialidad y ridículo y esa delgada línea que lo separa. No sabemos cuánto, el fracaso de público incontestable de esta feria, ha pesado en la decisión del ciclotímico Morante.

La empresa Matilla ha hecho un esfuerzo ímprobo por sacar adelante esta feria

La caja de Pandora, cajón sonoro flamenco en el eufemismo de Sabina, representaba en la mitología griega la caja cerrada con todos los males del mundo. Obviemos el componente machista de que esos males los representaba la primera mujer creada del mundo, al mismo estilo por cierto, de la Eva bíblica y perversa. Pero no se pueden obviar que los males intrínsecos de la feria han estado guardados en una caja insonorizada gracias al aislamiento que su repercusión en la sociedad y en el incontestable éxito permanente de taquilla han tenido las últimas cinco o seis décadas. En las circunstancias actuales de denostación de los toros, y temor exacerbado al virus, la empresa Matilla ha hecho un esfuerzo ímprobo por sacar adelante esta feria. Solo él pudiera haberlo hecho desde su situación de dominio, de tantas ferias gestionadas, de tantos apoderamientos, de tanto control en el campo. Y es un esfuerzo que el toreo, el aficionado, debemos reconocerle. No creo que haya habido el dinero esperado de televisión y taquilla para dar compensación a todas las demandas pecuniarias que generan los distintos protagonistas de este espectáculo, que es arte, pero que no puede obviar el pensamiento de Adam Smith que, sin ver un toro en su vida ni de lejos, fijó los criterios capitalistas modernos para hacer funcionar incluso la industria actual del toreo. Desgraciadamente parece que adelgazaron las recaudaciones a pesar de los altos precios y que, quitados los gastos, no ha habido demasiados miles que repartir entre tantos.

Nos tocaba crecer y no sé si crecimos. Una feria exiliada a Carabanchel, sin el monumental atractivo de las Ventas ni su necesaria intemperie, a pesar de unos carteles redondos, eso hay que reconocerlo, no cautivaron en masa al público necesario. Es verdad que ha parecido que los toros, de facto, ya estuvieran prohibidos. Cualquier noticia alrededor de la celebración de esta feria ha habido que buscarla en la 'dark' o en la 'deep web' que, no es por disimular, de verdad que no sé cómo mejor llamarla. La máxima difusión de esta feria fue el tenue boca a boca del festival de las ventas, que como hito electoral cumplió función mitinera y muy poco más por desgracia. El trasmano y la falta de costumbre, sin olvidar los altos precios, jugaron en contra de un aforo que a priori parecía más que asequible a una ciudad ya abierta al resto de provincias y con claros signos de ganas de fiesta tradicional y 'sanisidrera'. Las mascarillas, la prohibición de bebidas, lo desagradable, siento ser tan pesado, del verde de las butacas, los ruidos de la climatización, la luz tenue a las ocho de la tarde oscureciendo el paisaje y atenuando la belleza colorida de esta fiesta pueden haber sido factores circunstanciales en lo anoréxico del taquillaje. Pero seamos autocríticos y realistas. Quizá el problema sea más de fondo. Hay un cartel que puso las cosas en su sitio. En condiciones normales, un mano a mano Aguado y Rey, aun celebrándose en secreto, debería haber cautivado a seis mil yonquis del toreo. Al menos seis mil aficionados dispuestos a jugarse sanción o etiquetaje, con el atractivo encanto de la morbosa clandestinidad que empieza a tener el toreo, deberían haber acudido a tan redondo acontecimiento. No se agotó el billetaje y estamos todos sorprendidos.

Foto: El diestro Miguel Ángel Perera. (EFE) Opinión
Ojo por ojo
Juan José Cercadillo

No se le puede negar categoría y verdad a la feria programada. Categoría que aportaron los toros, casi todos cinqueños —hecho que me cuesta explicarme— con presencias de primera, con pitones exuberantes, y kilos que no se echaron de menos, desplegaron seriedad manteniendo fenotipos. Buena elección en el campo. Hierros y reatas elegidas con cariño y con cuidado dieron juego variopinto, con oportunidades de triunfo, destacando para mí sin duda la novillada que lidió El Juli como ganadero. Verdad que aportaron los toreros con los muslos por delante, con su sangre derramada, con sus vísceras, literalmente, expuestas al pago del precio del triunfo en un arte caro como ninguno. Hasta cuatro cornadas graves demostraron que si de algo está sobrado el futuro de la fiesta, es de héroes dispuestos con su vida a perpetuarla. Ojalá la normalidad de una sociedad, que si algo debería garantizarse para no sucumbir a la robotización total de sus miembros, es lo anormal de la tauromaquia, regrese este verano a los tendidos de tantas plazas que en España esperan ser altavoz de nuestra increíble idiosincrasia.

En el mismo tono general de esta feria se desarrolló el festejo que hoy rendía homenaje a la parte torista de la afición de Madrid. Toros de variado juego, algunos con posibilidades y toreros con técnica sobrada y entrega descomunal. Destacando en el conjunto Román, un gran torero. Si hubiera rematado con la espada las excelencias de su muleteo no solo hubiera habido unánime puerta grande sino la obligación de empresarios de todas las ferias que restan de contratarle. Anima y divierte exponiendo, emociona y convence toreando. Gran torero Román que solo reclama festejos para catalizar con su nombre el ya necesario cambio generacional que lleva años el subconsciente de la afición reclamando. Gran tarde de toros al final, pero sin terminar de resultar una tarde para el recuerdo, de la que pasemos meses hablando. Poca gente en las gradas, frío y poca luz en el ambiente, impiden la catarsis de la que este espectáculo se alimenta. Y eso sí que ha puesto a prueba lo global del espectáculo, que requiere, por competencia variada y sensibilidad animalista y prejuicios, dar el paso a su futuro que en el pasado no lo ancle. Y lo hunda.

Gracias al empresario por el esfuerzo realizado. Gracias a los toreros por ajustar exigencias a la viabilidad de la feria. Gracias a los que han acudido y gracias también por contarlo. Que solo hablando de toros, haciendo que todos hablen, empezaremos a recuperar el protagonismo que esta fiesta necesita y se merece.

Señor con maletín

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