Las 'startups', ¿crean o destruyen empleo?

La tecnología es imprescindible. Nos hace más productivos, pero eso también tiene una parte negativa, por ejemplo en el ámbito del empleo

Foto: Vista interior de las oficinas centrales de Google
Vista interior de las oficinas centrales de Google

La tecnología es imprescindible, y desde luego no seré yo el que pretenda frenar los avances tecnológicos. Nos hace más productivos, sin duda, pero eso también tiene una parte negativa. Por ejemplo: ¿es más fácil recuperar el empleo si termina la intensa crisis que vivimos de lo que lo sería hace diez o veinte años?

La respuesta no es tan obvia como podría parecer a simple vista. Muchas empresas de nueva creación son más eficientes, y por lo tanto menos intensivas en mano de obra. La generación del babyboom español de los años 70 está en plenitud laboral, y en ese escenario es posible que haya menos trabajo que antaño y más personas que nunca intentando obtener el suyo; y lo que es peor, la tecnología puede estar empeorando esta situación.

Un día escuché a Luis Martin Cabiedes, de Cabiedes and Partners SCR, decir que cuando una empresa participada por su fondo vendía una camisa a precio de outlet por internet, literalmente “moría una dependienta física en unos grandes almacenes de España”. Puede parecernos exagerado, pero es así. Esas dependientas que desaparecen ante el imparable avance del ecommerce no son sustituidas en igual número por los empleados a nivel técnico, marketing, compras o logística de los comercios en línea. La proporción es inferior. ¿Destruyen las eficientes startups más puestos de trabajo de los que crean?

La vieja y la nueva economía

Repasemos las principales compañías tecnológicas en España, lo que sería la crème de la crème de la vieja y la nueva economía en España.

Ejemplos de la nueva economía, como por ejemplo Google, tienen cerca de 30.000 empleados a nivel mundial. En España, apenas alcanzan las cien o doscientas personas, aunque es difícil tener el dato exacto por la opacidad de la compañía. Empresas como Facebook o Twitter tienen en nuestro país pequeñas oficinas comerciales con unas pocas decenas de personas, en el mejor de los casos. Nada que ver con el número de empleados necesarios hace apenas una o dos décadas para instalar una multinacional, con un amplio volumen de negocio en otro país.

Telefónica tiene más empleados en España de los que Google tendría en todos los países del mundo juntos, pero la empresa del colorido logo logra tener negocio con esa estructura en prácticamente todos los mercadosSi tomamos una compañía como Telefónica como ejemplo de la economía tradicional, vemos que en España tienen 31.000 empleados. Es decir, por mucho que sean españoles y una parte importante de su negocio y su sede central esté aquí, son mucho más intensivos en la necesidad de personal. Telefónica tiene más empleados en España de los que Google tendría en todos los países del mundo juntos, y la empresa del colorido logo logra tener negocio con esa estructura en prácticamente todos los mercados, no así la empresa española de telecomunicaciones, que no tiene negocio en muchos mercados.

El universo .com

Pensemos en algunos de los ejemplos más famosos de empresas .com de la última década. Tuenti, que se vendió a Telefónica, cuenta con unos 250 empleados. BuyVip, que se vendió al gigante Amazon, reconocía hace algunos años tener otros 200. Estamos en un país de pequeñas empresas, y dentro de lo que podríamos denominar la nueva economía, las recién citadas serían algunas de  las más grandes made in Spain

A esto debemos sumarle que estadísticamente los países con mayor número de trabajadores empleados por pequeñas empresas (que sufren a pulmón la crisis) son España, Grecia y Portugal (¿curioso?) y los países del mundo con menor porcentaje en empresas pequeña son Alemania, Suecia, Dinamarca y los Estados Unidos. Es decir, algunas de las economías más fuertes del mundo. 

No es una coincidencia y la fragilidad de la pequeña empresa unida al cambio tecnológico hace que el empleo se afecte especialmente en estos mercados, entre ellos al nuestro. Parece la tormenta perfecta.

Blog de Alejandro Suárez
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