El emprendedor al que la administración le debía 10 millones de euros

Defienden el capitalismo extremo: su mano izquierda pide libre competencia, pero la derecha pide contratos públicos millonarios para sus empresas

Foto: El emprendedor al que la administración le debía 10 millones de euros

Un día, una televisión regional me invitó a una tertulia en la que íbamos a hablar sobre emprendimiento y el papel de las administraciones públicas a la hora de fomentarlo. Se trataba de hablar de los problemas a los que actualmente se enfrentan los emprendedores y el papel que las instituciones públicas deben llevar a cabo para ayudarles.

Uno de mis contertulios tenía un cargo (no recuerdo exactamente cuál) de mediana importancia dentro de la CEOE de Castilla-La Mancha, y dedicó sus primeros cinco minutos de intervención a cargar contra todo lo que oliese a público. Tenía razones de sobra para hacerlo, ya que, según sus palabras, dos instituciones públicas le debían más de 10 millones de euros a su empresa. El dato conmocionó a todos los presentes, que no dudaron a la hora de despotricar de manera salvaje contra la vergonzosa morosidad que las instituciones habían contraído con la empresa de este sufrido emprendedor.

Sus datos me sorprendieron, la verdad, y de entrada no podía hacer otra cosa que unirme a las críticas. Sin embargo, opté por preguntarle lo siguiente: “¿Qué porcentaje de su facturación anual representan esos 10 millones de euros que le deben?”. Su respuesta, sumergida en un aparente mar de desolación y crítica, fue la siguiente: “Entre un 80% y un 90%”. 

Fracasan en el ámbito privado, pero triunfan en el público

Estos son los defensores del capitalismo extremo: su mano izquierda pide que haya libre competencia y que los gobiernos no interfieran en el mercado, pero su mano derecha convence a los políticos de que confíen en sus empresas para contratos millonariosFrente a la creciente empatía del resto de contertulios hacia este sufrido empresario que podría perderlo todo debido a la inoperancia pública, formulé nuevas pregunta: “¿Qué tipo de empresa confía el 80-90% de su negocio a los contratos que realiza con dos instituciones públicas? ¿En qué estaba pensando cuando hizo el plan de negocio? ¿Por qué un volumen tan importante de su negocio se debe al dinero público? ¿Acaso su empresa no es competitiva en el mercado privado? ¿Por qué una institución pública confía en unos servicios que parecen no estar teniendo tanto éxito en el ámbito privado?”. Mis preguntas enfurecieron sobremanera a mi sufrido contertulio, que me tachó de demagogo y aseguró que nunca más se dignaría a debatir conmigo.

No volví a ver a aquel miebro de la CEOE, pero su perfil lo veo a diario. Es el de esos empresarios (minoría, por suerte) que con la mano izquierda hacen una cosa y con la derecha justo la contraria. Detestan todo lo público, y su Dr. Jekyll quiere que se despida a funcionarios, pide que se reduzca el gasto social, critica lo pobladísimas que están las administraciones públicas... Sin embargo, el Mr. Hyde que llevan dentro hace contratos millonarios con las mismas instituciones a las que critica.

Estos son los defensores del capitalismo más extremo: su mano izquierda pide que haya libre competencia y que los gobiernos no interfieran en el mercado, pero su mano derecha convence a los políticos de que confíen en sus empresas para contratos millonarios. ¿Sobrevivirían sus empresas de no ser por la teta del dinero público? Creo que todos sabemos la respuesta.

Al final va a resultar que cualquier carnicero de barrio sabe más de competencia y libre mercado que cualquiera de estos capitalistas de postal. 

Por cierto, aquella fue la primera vez que me invitaron a esa cadena de televisión... y la última.

#emprendedorfurioso
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