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Ley de 'crowdfunding', último capítulo: al final el Gobierno sólo era estúpido

La ley ya ha entrado en vigor y lo ha hecho con una gran parte de los cambios que solicitaban las plataformas de 'crowdfunding'. Fueron ellas las que le convencieron de que el texto no tenía sentido

Foto: La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, junto al ministro de Economía, Luis de Guindos (Fotografía: Efe).
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, junto al ministro de Economía, Luis de Guindos (Fotografía: Efe).

Hace ya más de un año adelantábamos en exclusiva los planes del Gobierno, que estaba preparando una ley que regulase el crowdfunding en nuestro país ante el aumento del volumen de negocio que este sector estaba generando.

Por entonces comentábamos en este blog el total despropósito que constituía el texto del anteproyecto de ley, y planteábamos una duda sobre las verdaderas capacidades intelectuales del Gobierno:

“Yo muchas veces acudo al principio de Hanlon: "No atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez". Con muchos políticos me pasa lo mismo. Si un político saca adelante una ley perjudicial para todos, hay muchas posibilidades de que sea un político malvado, sí. Pero hay muchas más posibilidades de que, simplemente, sea un completo idiota que no sabe ni lo que está legislando”.

Teníamos nuestros motivos para asegurar que en este caso los políticos españoles no estaban siendo malvados, sino simple y llanamente, estúpidos. Y es que las plataformas de crowdfunding tenían toda la razón del mundo en sus quejas, ya que, como decíamos, “a nadie con dos dedos de frente se le ocurre pensar que un inversor va a invertir un máximo de 3.000 euros en un proyecto, cuando incluso un business angel no baja de 20.000 euros cuando invierte en una startup”.

Decíamos que el Gobierno no pecaba de maldad, sino de estupidez. Y al final, mira tú por dónde, resulta que teníamos razón. Pero es que era de cajón, oiga. Estaba claro que “en cuanto el Gobierno se sentase un par de horas a hablar con las plataformas de crowdfunding, se daría cuenta de la barbaridad que supone su nueva ley”.

El Gobierno accede a cambiar la ley

Y eso es justo lo que ha pasado. La ley ya ha entrado en vigor y lo ha hecho con una gran parte de los cambios que solicitaban las plataformas de crowdfunding. Ahora a estas les tocará seguir luchando por nuevas mejoras, pero el punto de partida es indudablemente bueno para ellas y para todas las empresas que recurran al crowdfunding para financiarse.

Finalmente el Gobierno no ha salido del todo mal parado. Eso sí, cuando dijo que lanzaba esta ley para impulsar el crecimiento del crowdfunding, mentía descaradamente: en realidad lo hacía porque veía cómo cada vez era más usado por ciudadanos y empresas y eso, literalmente, los tenía acojonados.

El Gobierno no quería que la calle se le volviese a llenar de preferentistas ni filatélicos, por eso diseñó una ley lo más restrictiva posible

Y ojo, su preocupación tenía parte (sólo parte), de razón. Al final, lo que el Gobierno no quería era que el ciudadano medio cogiese sus ahorros, invirtiese en una empresa mediante crowdfunding y, ante una posible bancarrota de la startup en cuestión, se sintiese estafado. En otras palabras: el Gobierno no quería que la calle se le volviese a llenar de preferentistas ni filatélicos (aunque estos sí se arruinaron por ser estafados); por eso diseñó una ley lo más restrictiva posible, para evitarse problemas.

Sin embargo, el Gobierno fue estúpido, pero (por suerte para todos) no demasiado. Una vez pasada la tormenta de las primeras polémicas, decidió abordar el asunto con seriedad (justo la que no había demostrado hasta entonces) y sentarse a negociar con las plataformas de crowdfunding.

Al final se impuso la razón

Fueron ellas las que le convencieron de que el texto que proponía no tenía ni pies ni cabeza. Y el Gobierno, como cabe esperar de un Gobierno mínimamente sensato, se dejó asesorar, discutió los puntos que creía discutibles y acabó lanzando una ley que, aun siendo mejorable, es un muy buen punto de partida.

Al final, en este asunto el Gobierno ha aprendido una valiosísima lección: cuando te dejas asesorar por quien de verdad sabe (y no por tus temores ni por las presiones ajenas), las cosas se pueden hacer bien. Qué pena que se den cuenta a estas alturas, ¿verdad?

#emprendedorfurioso
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