LA PROPUESTA ES MÁS UN ESLOGAN QUE UNA REALIDAD

Taxistas, Podemos os miente: por qué prohibir Uber es una propuesta absurda

Podemos quiere los votos de los 70.509 taxistas que hay en España y los de sus familias. Y para ello ha lanzado una propuesta no sólo absurda, quizá también imposible de realizar.

Foto: Foto: EFE/Javier Lizón.
Foto: EFE/Javier Lizón.

Estimados taxistas españoles: Podemos os la ha colado. Sí, a los 70.509 que formáis el gremio del taxi. Os la ha colado hasta el fondo. O, al menos, lo ha intentado.

En épocas de campaña o precampaña política, todos los partidos, absolutamente todos, se agarran a cualquier nicho electoral para contarles la primera promesa que se les ocurra con tal de conseguir sus votos. Y los autónomos siempre son un buen nicho: el PP hace gala de su apoyo a los emprendedores (aunque luego las palabras no se conviertan en hechos), el PSOE asegura que mejorará la Ley de Segunda Oportunidad (cuando fue incapaz de aprobarla mientras gobernaba), Ciudadanos promete un Silicon Valley español (aunque no sabe ni lo que paga un autónomo)... y en este cúmulo de despropósitos, claro que sí, Podemos también juega su papel.

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Al partido de Pablo Iglesias hay que reconocerle un mérito: maneja los tiempos mejor que nadie. Este jueves, cuando Bruselas anunciaba su respaldo al modelo de Uber, el partido morado se ponía del lado de los taxistas y anunciaba que prohibirá empresas como Uber o Cabify, para alegría de los taxistas y cabreo de, básicamente, todos los que odian a los taxistas.

Lanzar esta propuesta es, a todas luces, absurdo. En dos direcciones: absurdo por parte de los que la anuncian, ya que no se la creen ni ellos, y absurdo por parte también de los que la critican, que esgrimen argumentos que no valen ni medio euro. Este es un repaso a los numerosos 'peros' que podemos ponerle al anuncio:

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1.- Falacia 'ad hominem'

Ojo, que si nos atenemos a las palabras literales, Podemos no ha dicho que vaya a prohibir las empresas que puedan hacer competencia al taxi: textualmente ha dicho que prohibirá Uber y Cabify, poniendo un especial acento en la primera. Pero, ¿por qué tanto empeño en personalizar en dos empresas?

La respuesta es medianamente evidente: en política, cuando los ciudadanos nos buscamos un enemigo ideológico, nada funciona mejor que ponerle nombres y apellidos. Porque está muy bien decir que estamos en contra de las empresas de tal o cual sector, pero todo es más efectivo cuando les ponemos nombre, sea el que sea: Nike, El Corte Inglés, Monsanto, Inditex, Bayer... Criticar a las empresas enemigas del taxi es efectivo, pero criticar a Uber es más efectivo aún.

Por tanto, decir que vas a prohibir Uber es un gran eslogan... pero poco más.

2.- Uber es legal

Para empezar, Uber es legal en España y de esto no cabe duda. En su momento no lo fue, pero ahora sí. Uber entró en  España como elefante en cacharrería, pensando que el monte era suyo y que su poderío financiero convertiría su llegada a España en un paseo triunfal. Sin embargo, un juez decidió su cierre cautelar.

De hecho, ese cierre sigue vigente a día de hoy, porque no nos engañemos: si Uber es ahora legal en España no es porque no haya ganando ningún juicio, sino porque ha abandonado su modelo anterior (conductores autónomos sin ningún tipo de licencia) por uno que sí se adapta a la ley (conductores autónomos con licencia VTC). A día de hoy, el modelo de Uber es totalmente legal.

Entonces, ¿de qué manera se supone que se va a prohibir la actividad de una empresa que cumple la ley? Porque Podemos no ha especificado qué es lo que hace Uber, simplemente la ha mencionado y acusado. ¿Qué criterio legal se supone que se utilizará para ilegalizar la compañía a la que se ha señalado de manera nominal y sin argumentos legales? ¿Se prohibirá cualquier empresa de coches con chófer? ¿O las que contraten a autónomos? ¿Cuál será el criterio a seguirnbsp;No tenemos respuesta para ello.

Foto: EFE/David Fernández.
Foto: EFE/David Fernández.

3.- ¿Competencia desleal?

Dentro de la actividad actual de Uber en España sólo hay una objeción: la de los taxistas, que consideran que, aun con licencias VTC, la actividad de Uber implica una competencia desleal respecto al sector del taxi. Y ante esto cabe hacer una matización importante: si el gremio del taxi demanda a Uber, será un juez el que decida si la compañía está cometiendo un delito de competencia desleal. Sin embargo, eso no implica que el modelo de negocio de Uber, en su concepción original, sea ilegal.

Si Uber comete competencia desleal, habrá que sancionar o incluso impedir su actividad, pero eso no implica que su modelo (con licencias VTC en regla) sea ilegal. Para que nos entendamos: esto es como si yo tengo una discoteca legalmente constituida y me pongo a ejercer prácticas competitivas ilegales con el resto de locales. ¿Estoy haciendo competencia desleal? Sí. ¿Significa eso que mi discoteca es ilegal? No, 'simplemente' estoy cometiendo una ilegalidad concreta en un momento dado. Por tanto, Uber (quizá) podría estar cometiendo ilegalidades, pero en ningún caso es ilegal.

4.- ¿Y Blablacar? ¿Y MyTaxi, Hailo o JoinUp?

Como decíamos antes, Podemos no ha aclarado qué delito están cometiendo Uber o Cabify exactamente: lo único que sabemos es que, de manera justa o injusta (aquí hay mucha tela que cortar), podrían estar perjudicando a los taxistas españoles.

Entonces, ¿qué hacemos con Blablacar? Porque por ahora la aplicación para compartir coche sólo ha sido demandada por la patronal del autobús, pero, ¿y si mañana también fuese demandada por los taxistas si consideran que, de un modo u otro, les quitan una porción de negocio?

Pero vamos más allá: ¿podrían peligrar incluso las aplicaciones que gestionan la petición de taxis? Porque al principio los taxistas estaban muy contentos con MyTaxi, Hailo o JoinUp, pero hace tiempo que algunos colectivos del gremio empiezan a quejarse de los frecuentes descuentos con los que estas aplicaciones estarían empezando a cerrar el mercado. Si Podemos entendiese que estas aplicaciones también perjudican a los taxistas, ¿también habrá que prohibirlas? ¿O no? ¿En qué se diferencian de Uber, según el criterio de Podemos? De nuevo, no tenemos respuesta para ello.

5.- El (excesivo) proteccionismo del taxi

En España tenemos un problema: el sector del taxi ha sido sometido a un proteccionismo tremendamente injusto. Pero ojo, no nos equivoquemos: injusto para todos. De hecho, seguramente los mayores perjudicados de dicho proteccionismo sean los taxistas. Porque seamos serios: ¿qué sentido tiene que un taxista pague más de 100.000 euros por una licencia?

En serio: ¿alguien se ha puesto a pensar lo que puede ganar un taxista al mes? Porque a todos nos encanta sentirnos estafados por los taxistas y reventar el 'cuñadómetro' diciendo que se forran, pero, ¿de verdad hemos hecho esos cálculos? ¿En serio alguien con dos dedos de frente puede atreverse a decir que un taxista, incluso en el caso de que realquile su taxi fuera de su horario, puede forrarse a final de mes?

¿Tiene sentido que tenga tantas barreras de entrada un sector como el taxi, en el que nadie puede forrarse?

Cuando hablamos del proteccionismo del taxi, todos señalamos a dos grandes perjudicados: los usuarios y la libre competencia. Pero, ¿acaso este sistema no es injusto también para los taxistas? ¿De verdad tiene sentido que tenga tantas barreras de entrada un sector en el que nadie, absolutamente nadie, puede forrarse?

Al final, la postura de los taxistas es casi lógica: si yo hubiese pagado ese dineral por una licencia, demandaría por competencia desleal hasta al tipo que va de pasajero en el coche de su novia. Porque, ¿está el sector del taxi en España demasiado protegido? Quizá sí. Ahora bien, ¿tiene sentido que lo liberalicemos de la noche a la mañana y nos carguemos un sector entero de golpe y porrazo? Permítanme que lo dude.

6.- La economía ¿colaborativa?

Cada vez que surge esta polémica, los defensores de Uber acuden a dos de las palabras más de moda en el sector emprendedor: economía colaborativa. Pero, ¿qué es la economía colaborativa? Pues, básicamente, lo que a cada cual le apetece que sea oiga.

En el debate, que incluso llega a niveles institucionales, hay quien asegura que, en (ciertas) ocasiones, el apodo de la economía colaborativa no es más que un eufemismo para referirse a la economía sumergida o a la precarización del empleo. Y, en mi opinión, no les falta parte de razón: porque las ventajas de estos modelos para los usuarios son más que evidentes, pero, ¿alguien se ha parado a pensar en los empleados?

¿Es la economía colaborativa un eufemismo de la economía sumergida o a la precarización del empleo?

En serio: ¿alguien ha dedicado un minuto a reflexionar sobre ese señor en paro que tiene que darse de alta como autónomo y comprarse un traje de chaqueta y una licencia VTC para, con suerte, no hacer más de 10-15 trayectos al día en un coche de Uber? Amigos que usáis Uber o Cabify, ¿alguna vez le habéis preguntado a vuestro conductor si está contento o si le sale rentable el asuntonbsp;

Porque a todos nos encanta criticar a los taxis si están sucios, huelen a tabaco o sepa Dios cuántas tropelías más, pero, ¿te imaginas cómo estaría un coche de Uber o Cabify si su conductor hiciese 30 trayectos al día durante cinco días a la semana? En definitiva: ¿te imaginas cómo estaría el coche de Uber o Cabify si su conductor realmente pudiese vivir enteramente de ello?

7.- ¿Qué pinta el TTIP en todo esto?

Hace meses que en Europa andamos a palos por el famoso tratado de libre comercio entre Europa y Estados Unidos, el llamado TTIP. Pero, ¿en qué consiste el TTIP exactamente? En realidad casi nadie lo sabe, ya que tiene un nivel de secretismo que no sólo resulta vergonzoso, sino que además permite que cada cual lo amolde a lo que quiera creer.

Porque en este debate no hay medias tintas: mientras los entusiastas creen que el TTIP será una maravillosa oportunidad para las empresas españolas, los apocalípticos aseguran que será terrible para el pequeño comercio y para los derechos del consumidor. Y es que eso es lo malo de que un acuerdo se lleve en secreto: que cada cual se lo lleva a su terreno y lo adapta a sus propias conspiraciones preestablecidas.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Dice Podemos que la actividad de Uber y Cabify es poco menos que un caballo de Troya que adelanta lo que vendrá con el TTIP. Pero, ¿se puede saber qué pinta aquí exactamente el TTIP? ¿Qué se supone que está haciendo Uber que no lleven haciendo décadas el resto de multinacionales que operan en España?

¿Qué vamos a achacarle a Uber, que apenas pague impuestos en España? De acuerdo: en ese caso, ¿ilegalizaremos también a Google, Apple o Amazon? Es evidente que cada vez son más las empresas (sobre todo tecnológicas) que emplean su propia ingeniería fiscal para casi no pagar impuestos, pero, si tenemos en cuenta que un Estado tiene herramientas de sobra para obligar a pagar a una empresa que se esté escaqueando, ¿por qué hablamos de prohibir Uber o Cabify? ¿No tendría más sentido vigilar su actividad y obligar a la compañía a pagar impuestos por su facturación real en nuestro país, tal y como Podemos quiere hacer con todas las grandes multinacionales?

Como decimos, lo bueno del secretismo del TTIP es que permite que cada cual se lo lleve a su pensamiento preconcebido. Y en este sentido, Podemos ha elegido los mejores ingredientes para su cóctel: ha escogido palabras muy efectivas (TTIP, multinacionales, impuestos...), las ha combinado convenientemente y... ¡tachán! El resultado perfecto.

En definitiva: provechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, Podemos ha soltado un perfecto eslogan con el que busca asegurarse los votos de 70.000 taxistas y los de sus familias. Lástima que, en esta ocasión, les estén dando gato por liebre.

#emprendedorfurioso
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