La hipocresía de Facebook y Silicon Valley con los fascistas
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Jesús Díaz

Hasta los diodos

La hipocresía de Facebook y Silicon Valley con los fascistas

Trump es un cretino peligroso pero Facebook y compañía lo son aún más, unos hipócritas solo comparables a la clase política que les lloran o ríen las gracias

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Foto: EFE

Dicen los fans de Trump que todos tenemos el derecho a ser escuchados, vistos o leídos, empezando por el golpista fascistoide y terminando por el 'komentariat' debajo de estas líneas. Braman que Twitter ni Facebook —unos comunistas judeomasónicos— pueden silenciar a Trump. Eso es censura, lloriquean. "Hoy es Trump, pero mañana serás tú", argumentan, parafraseando al cura alemán Martin Niemöller en su poema contra la cobardía humana ante gente como el propio Trump y sus confederados. Y lo dicen aunque estas plataformas lleven cerrando cuentas durante años por muchos motivos.

"Tócate los huevos", me dice Paquito cuando se lo cuento, mientras maja marconas para una pepitoria. Los diodos, Paco. Los diodos. A Paco —que vivió en la dictadura sin correr delante de los maderos pero partiéndose el hojaldre con la voz de pito de su tocayo mientras devoraba 'La Codorniz' y otros escabeches —esto del 'tuiter' y el 'feizbuk' no le parece un derecho sino una imbecilidad galáctica. El epítome de la estupidez humana. Trump y sus 'mafiosi' son solo unos cretinos más de los millones que poblamos el planeta.

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Jesús Díaz Opinión

No importa qué bandera agiten. La del pollo o la tricolor. La de la Unión o la Confederada. La de Beyoncé o la de Aramís Fuster. La de Apple o la de Google. Es la necedad en 280 caracteres, el narcisismo ansioso de 'laiks'. Decía Umberto Eco que "las redes sociales han generado una invasión de imbéciles". 'Vero'. Esas redes, afirmaba el escritor y filósofo italiano, dan el derecho de hablar a "legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel".

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Foto: Reuters

Pero se equivoca Eco en eso de que las redes sociales han dado el derecho a hablar a los necios. Ese derecho ya lo teníamos todos, los necios y los un-poco-menos-necios. La libertad de expresión es un derecho humano reconocido por primera vez en la Constitución de los Estados Unidos de 1791 y ratificado por las Naciones Unidas en 1948. No importa si es para mentir diciendo que te han robado las elecciones, negar el Holocausto o afirmar que la Cuba de Castro era un paraíso: expresar tus ideas y opiniones es un derecho fundamental inalienable aunque sean más falsas que un duro sevillano. Otra cosa es que tu derecho a decir cualquier mentecatez o trola tenga consecuencias penales o civiles, sean las que sean.

Lo que no es un derecho fundamental es que alguien tenga que hacerse eco de tus majaderías ni que te tengamos que escuchar. Un periódico no tiene la obligación de publicar tu carta al director. Un programa de radio o televisión no tiene por qué ponerte en antena. Y no, no es un derecho fundamental tener una cuenta en Facebook o Twitter, compañías privadas que pueden hacer lo que les dé la gana. Como tampoco tienes derecho a subirte en la silla del bar de Paco a gritar necedades, porque Paco te va a canear y echar a la puñetera calle.

Facebook le puede borrar la cuenta a Trump, Putin, Abascal, Iglesias, Casado, Sánchez y demás morralla si le da la gana a Zuckerberg. Y Twitter, Apple, Google y Amazon, también. Hasta AirBnb puede cancelar tu reserva en Washington el 20 de enero de 2021 porque sospeche que puedas ser un terrorista o porque te huele el sobaco. ¿Que no te gusta? Pues te jodes.

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Mark Zuckerberg, CEO y fundador de Facebook. (Reuters)

Pero igual que lo que digas tiene consecuencias sociales, políticas y/o legales dependiendo del país en el que vivas, también debería haber consecuencias sociales, políticas y/o legales por dar o quitar megáfonos.

Facebook, Twitter, Apple, Google, Amazon y el resto de 'bros' de Silicon Valley están ahora intentando evitar esas consecuencias. Desesperados por escurrir el bulto e irse de rositas después del infame intento de golpe de Estado en el Capitolio nortemericano, han dado un giro hipócrita que ríete tú de Pedro Sánchez. Se han lanzado en tromba a borrar cuentas, prohibir 'posts', bloquear vídeos, silenciar 'podcasts', cancelar reservas y eliminar 'apps' mientras se santiguan y afirman que no van a tolerar más mentiras e incitación a la violencia en sus plataformas. A buenas horas mangas verdes.

Lo han hecho dando razones como que Trump y sus compinches estaban incitando al odio y la violencia, amenazando y abusando de otros. Afirman ahora que mienten para fomentar el conflicto y aprovecharse de la división social. Argumentan que sus teorías de la conspiración son dañinas para la democracia. Y, como son compañías privadas, lo pueden hacer sin problemas, como debe ser.

¿Dónde estaban esos argumentos cuando las mismas consignas se han estado repitiendo durante años, desde antes de las elecciones de 2016 y las de 2020? Hasta que han asaltado el Capitolio, los caraduras de Facebook, Twitter, Apple, Google, Amazon y el resto de Silicon Valley han estado haciendo caja con los supremacistas blancos, los neonazis negacionistas, los terroristas iraníes, los comunistas cubanos, los socialistas venezolanos, los imperialistas rusos, los turcos y todos los partidos políticos —todos— que durante años han mentido usando esas plataformas para obtener más poder. Por eso las acciones de Twitter cayeron justo después de anunciar el 'ban' de Trump. Se les acabó el chollo del odio.

placeholder Seguidores del Movimiento Nacional Socialista, un grupo supremacista blanco. (Reuters)
Seguidores del Movimiento Nacional Socialista, un grupo supremacista blanco. (Reuters)

Hace solo unos días que en Facebook había más de 70.000 cuentas activas de Qanon publicando sus falsas conspiranoias. Ahora, y solo ahora, las han borrado. Igual que el contenido de "Stop de Steal", la conspiranoia que dice que ha habido tongo en las elecciones americanas aunque realmente hayan sido las elecciones más seguras y transparentes de la historia. Lo mismo pasó con los negacionistas del Holocausto (que todavía campan a sus anchas) o los antivacunas (más de lo mismo). Facebook, Twitter y el resto de tecnológicas solo deciden moderar sus plataformas cuando ya es demasiado tarde y el daño está hecho. Y siempre niegan su responsabilidad —como ayer hizo la lugarteniente de Zuckerberg— para evitar la publicidad negativa y que las marcas dejen de publicitarse en su medio.

Y esa, amiguitos, es la clave: estas plataformas son medios de comunicación y no foros públicos, como argumentan Zuck y cía. Porque, si son realmente ágoras, no pueden negar que nadie diga lo que le dé la gana, asumiendo el charlatán de turno todas las consecuencias sociales, políticas y criminales derivadas del contenido producto de su libertad de expresión. Pero si quieren editar lo que aparece en sus plataformas, entonces son medios y deben ser co-responsables de lo que se publica en ellos. Y si afirman ahora que tienen todo el derecho a no publicar lo que diga Trump, entonces es que durante años han sido compinches de este aprendiz de Nicolás Maduro rubio, desecho humano, dilapidador de herencias, evasor de impuestos, empresario fallido con varias bancarrotas, supuesto abusador sexual, y violador y estafador profesional de éxito que se salvó de la ruina total gracias a un 'reality', McDonald’s y las galletas Oreo.

Trump, con casi total seguridad, acabará su vida en la cárcel aunque probablemente no por lo que ha dicho en redes sociales sino por múltiples crímenes e ilegalidades. Esperemos que las autoridades europeas y americanas también juzguen y regulen los negocios de Zuckerberg, Dorsey, Bezos, Cook y el resto de gerifaltes del silicio, productos de su nauseabunda hipocresía.

Dicen los fans de Trump que todos tenemos el derecho a ser escuchados, vistos o leídos, empezando por el golpista fascistoide y terminando por el 'komentariat' debajo de estas líneas. Braman que Twitter ni Facebook —unos comunistas judeomasónicos— pueden silenciar a Trump. Eso es censura, lloriquean. "Hoy es Trump, pero mañana serás tú", argumentan, parafraseando al cura alemán Martin Niemöller en su poema contra la cobardía humana ante gente como el propio Trump y sus confederados. Y lo dicen aunque estas plataformas lleven cerrando cuentas durante años por muchos motivos.

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