Peter Thiel, la peste de Silicon Valley que ha liquidado la libertad de expresión
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Manuel Ángel Méndez

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Peter Thiel, la peste de Silicon Valley que ha liquidado la libertad de expresión

Gawker Media se ha declarado en bancarrota tras perder el juicio contra Hulk Hogan. Es una preocupante victoria del millonario Peter Thiel contra la libertad de expresión

placeholder Foto: Peter Thiel, cofundador de PayPal. (Foto: Reuters)
Peter Thiel, cofundador de PayPal. (Foto: Reuters)

Se acabó. Adiós a Gawker Media. La compañía estadounidense, editora de las páginas Gawker,Gizmodo, Kotaku o Lifehacker, entre las más leídas a nivel mundial con másde 100 millones de usuarios únicos mensuales, se ha declarado en bancarrota. Lo ha hecho porque no puede pagar los140 millones de dólares que unjuezexigía tras perder el juicio contra el exluchador Hulk Hogan. Peroeso no es lo peor. Ese juicio estuvo secretamente financiado por el megamillonario Peter Thiel, cofundador de PayPal, quien reconoció haber pagadode su bolsillo 10 millones para costear el litigio de Hogan. Thiel lo ha logrado:acaba de liquidar la libertad de expresión y de prensa en EEUU.

Lea aquí: Millonarios y vídeos porno: el caso Gawker destapa el lado oscuro de Silicon Valley

La saga la contamos por aquí hace unas semanas(Disclaimer: trabajé casi tres años al frente de Gizmodo en Español, la versión para España y Latinoamérica de Gizmodo, propiedad de Gawker Media).Y el desenlace es el más preocupante posible. Gawker Mediade momento no va a desaparecer. De hecho su fundador, Nick Denton, ha reconocido que por ahora todo va a seguircomo si nada. Con la declaración de bancarrota ha conseguidodos cosas: una, ganar tiempo para evitar pagar los140 millones de dólares; ydos, iniciar un proceso de venta por subasta en el que ya hay un interesado, la editora Ziff Davis, dueña de publicaciones online de tecnología y videojuegos como IGN, Geek o PC Mag. Suena bien, perono nos engañemos, es el comienzo del fin de la "filosofía Gawker" tal y como la conocíamos.

Con una fortuna de 3.000 millones de dólares, Thiel, fiel admirador de Donald Trump, ha hundido a un medio crítico a golpe de talonario

Esa filosofía era sencilla: morder y no soltar. Morder hasta hacer sangre. Contar lo que nadie se atrevíaa decir y de la forma más descarnada posible. Tiene inconvenientes, claro: puedesmeter la pata hasta el fondo. Gawker, la web de Gawker Media dedicada a noticias y famoseo, lo hizo de forma vergonzosa en múltiples ocasiones. Como cuando sacó del armario en un artículo a un directivo de Condé Nast que pagó a una estrella del porno gay por pasar una noche con él.No era una persona pública, no interesaba a nadie. O cuando acusó a un actor de violar a su novio sin tener ninguna prueba. "Solo lo hacía por el tráfico", llegó a reconocer uno de sus redactores.

Sin errores no hay recompensa. Gawker ha publicado también desde hace añosperiodismo del mejor nivel, historiasque, de otra forma, no habrían salido nunca a la luz.Como destapar lacuenta de email secreta de Hillary Clinton, elpapel de Tom Cruise en la Cienciologíao, hace poco, las informaciones sobrecómo Facebook manipula las noticias que publica. Gawker Mediahizo también algoinsólito en 2006: abrir Valleywag,un blog pensado solo para dar cera a Silicon Valley, ese sector con el que el resto de la prensa no sabía ser más que complaciente.

Ahí tal vez nació el germen de este otro artículo de2007:'Peter Thiel is completely gay, people'. En él se hablaba de la homosexualidad de Thiel, cofundador de PayPal y uno de los inversores más venerados de Silicon Valley. Thiel lo vio como un ataque personal y juró venganza. Lo consiguió 10 años después y de la forma más retorcida posible. Hulk Hogan llevó a juicio a Gawker Media por otro ¿error?: publicar nueve segundos de un vídeo en el que Hogan aparecía manteniendo relaciones sexuales con una mujer. Hogan era una persona pública que vivía de vender su vida a los medios. ¿Por qué no hacerlo? El exluchador les demandó y acabó ganando. Y lo hizo con la inestimable ayuda financiera de Peter Thiel, quien se había propuesto hundir a Gawker.

Y lo ha conseguido. Su próximo dueño ya ha dejado caer que Gawker.com probablemente cerrará. El resto de páginas sobrevivirán, pero ya nada será lo mismo. "El alma de Gawker se va a perder", reconocen a ese diario fuentes de la compañía. Y esa es la verdadera tragedia. En este contexto"alma" no es otra cosa que libertad de expresión, ese derecho protegido por ley (en EEUU por la Primera Enmienda dela Constitución) que debería ser sagrado. El derecho a no ser censurado, a criticarcon libertad al poder económico y político sin temor arepresalias. El derecho del ciudadano a estar informado sin filtros.

Las palabras bonitas no necesitan ser protegidas, son las palabras duras las que necesitan protección

Eso es justo lo que se ha cargado Peter Thiel. Con una fortuna estimada de 3.000 millones de dólares, Thiel, fiel admirador de Donald Trump,ha hundido a un medio crítico a golpe de talonario. Es un terrible precedente,el nuevo fascismo de lujo nacido en Silicon Valley, un lugar en el que a Facebook, que ha ratificado a Thiel en su consejo de administración, le parece normal todo esto.

Por suerte otros megamillonarios no piensan igual. Otros lo entienden.Jeff Bezos, el fundador de Amazon,dijo estohace unos días:"Lo más importante que hay que recordar es que las palabras bonitas no necesitan ser protegidas - son las palabras duraslas que necesitan protección. Siempre habrá alguien queescribacosas muy dañinas, y algunos dirán quedebenser castigados por ello. Pero si te paras a pensar en qué es lo que hace grande a unasociedad, buena parte son esas normas culturales que permiten a la gente decir cosas horrendas. No te tienen por qué gustar. No tienes que invitarles a tus fiestas. Pero deben poder decirlas". Aplausos.

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