Esto no va de espionaje, va del 5G

Juego sucio de EEUU y doble moral de Google: la verdadera razón del veto a Huawei

Si las consecuencias del veto de Google a Huawei son demoledoras, la historia de cómo hemos llegado hasta aquí es aún más surrealista

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"Sus teléfonos están muertos". Es la contundente predicción de algunos de los analistas que llevan años siguiendo el sector de telecomunicaciones, como Bryan Ma, de IDC. No le falta razón. El movimiento de Google de restringir el acceso a Huawei a la licencia oficial de Android es la mayor puñalada corporativa que se recuerda en décadas en el sector tecnológico. Las implicaciones son inmediatas: los móviles de Huawei acaban de ser devaluados de un plumazo y colocados en una lista negra capaz de destruir la reputación de cualquier marca. ¿Quién se va a fiar ahora de sus dispositivos? Prácticamente nadie. Pero si las consecuencias de la decisión de Google y EEUU son demoledoras, la historia de cómo hemos llegado hasta aquí es aún más surrealista.

Donald Trump ha comenzado esta batalla con una excusa que cada vez es más difícil de creer: que Huawei trabaja como espía encubierto para el gobierno chino. A través de su equipamiento de telecomunciaciones, argumenta, Huawei podría estar pasando información secreta y sensible a Pekín. Es un asunto de Estado. Hay que intervenir ¿Cómo? Haciendo justo lo que ocurrió la semana pasada: primero vetando el uso de su equipamiento de telecomunicaciones en todo el país y, luego, añadiendo a la compañía en una lista negra para que ninguna empresa estadounidense pueda hacer negocios con ella. Jaque mate.

El argumento sería convincente si hubiera alguna prueba, por mínima que fuera, de que Huawei ha creado 'puertas traseras' en su equipamiento de red. El problema es que, hasta la fecha, no se ha encontrado ninguna evidencia al respecto. Cero. Reino Unido y Holanda ha encargado sendas investigaciones, de las que aún se desconocen los resultados, por lo que de momento no hay nada en firme. El supuesto espionaje de Huawei son las nuevas armas de destrucción masiva que arrastraron engañado a EEUU (y a Reino Unido y a España) a una guerra contra Irak en el 2003. El escenario ha cambiado pero la mentira es muy parecida. Las armas químicas de entonces son ahora el espionaje y la guerra ya no es física, con portaaviones, cazas y soldados, sino puramente comercial.

(EFE)
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Este motivo, el económico, es el único que existe detrás de la persecución de EEUU contra Huawei. Hay una evidencia que obsesiona a Trump desde hace años: el ascenso económico de su gran rival, cuyo PIB crecerá el doble que el de EEUU en 2019, según las estimaciones. Y hay otra evidencia que podría hacer ese despegue económico de China aún más peligroso para EEUU: el despliegue del 5G. El retraso de EEUU en este terreno frente a Europa y Asia y la mayor ventaja que le daría a China (de la mano de Huawei) convertirse en el líder mundial del 5G, es la verdadera razón de todo este teatro en el que los grandes perjudicados seremos los consumidores.

La agresividad de las tácticas de Trump contrasta con la doble moral de Google. Mientras en Europa planta batalla, en EEUU obedece.

La jugada de Trump es de manual: no solo se escuda en el supuesto espionaje de Huawei para justificar una guerra comercial, sino que utiliza a las tecnológicas de rehenes para obligarles a cumplir una ley diseñada para avivar ese enfrentamiento económico. Un juego sucio y sin escrúpulos que tal vez acabe siendo efectivo en lo que busca: poder de negociación con China. No es la primera vez que lo intenta. El pasado enero aseguró que EEUU podría olvidarse del arresto a una alta directiva de Huawei (su directora comercial mundial, Meng Wanzhou) si China accedía a firmar un buen acuerdo comercial. Eso no ocurrió, pero ahora Trump tiene otro rehén más en su lista para futuras negociaciones.

La agresividad de las tácticas de Trump contrasta con la debilidad de Google y su doble moral. La compañía ha criticado duramente a la Unión Europea por su estricta regulación y por multarle por abuso de poder dominante. Sin embargo, ante una ley de "urgencia" de EEUU que perjudica claramente sus intereses y los de sus usuarios, la firma no solo no ha protestado sino que ha cumplido fielmente. Mientras en Europa planta batalla, al otro lado del charco Google obedece. Una política que sus propios empleados ya han criticado duramente como en el caso del acuerdo con el Pentágono para el desarrollo de inteligencia artificial para drones militares. Google en ese caso dio marcha atrás, ¿por qué no ahora?

(Reuters)
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La rebelión del sector tecnológico estadounidense contra Trump estaría más que justificada. Es altamente dependiente de las importaciones chinas de componentes y EEUU, en su guerra comercial, no deja de hacer justo lo contrario que buscan firmas como Intel, Apple, Dell o Microsoft: incrementar los aranceles a las importaciones chinas. La interdependencia del comercio mundial, especialmente en el sector tecnologico, es tan alta que una guerra comercial de este tipo no va a hacer otra cosa que perjudicar los intereses de EEUU, ya que importa de China mucho más de lo que exporta (539.000 millones en importaciones frente a 120.000 millones en exportaciones a nivel agregado). La pelota está ahora en el tejado chino: ¿y si el país responde aumentando sus aranceles a la venta de componentes a empresas tecnológicas como Apple? El pulso no ha hecho más que comenzar. Y todos, especialmente los usuarios, saldremos perdiendo.

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