Fitbit Force: un gran salto de calidad por 30 euros

Hemos probado Fitbit Force, la versión avanzada de Flex, y nos ha causado buena impresión. Mucha batería y funciones ampliadas por solo 30 euros más

Foto: Fitbit Force: un gran salto de calidad por 30 euros

A poco que sigan este blog sabrán que no siento gran pasión por los weareables que hay en el mercado. Nos encontramos en un impasse en el que los fabricantes se ven obligados a tomar posiciones en el sector al tiempo que no se atreven a desarrollar un producto ambicioso por temor a un más que probable trastazo económico. Así, las novedades se parecen más a globos sonda de consumo (¿pantalla grande o pequeña?, ¿pulsera, anillo o gafas?) que a dispositivos orientados a satisfacer necesidades y, sobre todo, a ser duraderos.

No obstante, bendita competencia, siempre hay un pequeño actor que se toma en serio los nuevos usos tecnológicos. En enero de este año les hablaba de Fitbit Flex, la pulsera que monitoriza la actividad física, y hoy toca Fitbit Force, su hermana mayor. Para no repetirme, les insto a que revisen aquella reseña, pues las funcionalidades son muy parecidas.

De modo que vamos con las diferencias. La primera, el precio. Flex sale por 92 euros, mientras que Force se vendería en torno a los 120. Y empleo el condicional en el verbo porque aún no ha salido en España; su lanzamiento está paralizado debido a que algunos usuarios han sufrido erupciones cutáneas y reacciones alérgicas. Nosotros, tras dos semanas de prueba intensiva, no hemos experimentado ningún tipo de reacción adversa, y desde Fitbit sostienen que el dispositivo volverá al mercado más pronto que tarde.

Por tanto, el montante que separa ambas versiones es mínimo. ¿Merecen la pena estos 30 euros más? Sin lugar a dudas. A no ser que usted sea un fanático del minimalismo, Force supone un salto de calidad mayor que el sobreprecio.

Más diferencias

La principal diferencia es que Force monta una pantalla OLED monocroma que muestra la hora, los pasos dados, la distancia recorrida, las calorías consumidas y, ojo que esto es una novedad, los pisos ascendidos. Recordemos que Flex era un simple monitor de actividad que nos ofrecía una aproximación de objetivo del día; Force va más allá, cubriendo las funciones del reloj y aportando datos precisos que se actualizan en tiempo real. 

¿Afecta esto a la batería? Seguramente, aunque les tengo que decir que no. Force, sin ser aparatoso, es más grande y pesado que Flex, lo que implica una pila de mayor capacidad. Se ha perdido por el camino la modularidad del Flex, que se puede desmontar y adaptar a otras correas, para ganar una independencia inusitada. Nosotros hemos tenido la pulsera trece días sin cargar y, cuando la hemos conectado a la red, el indicador señalaba más de la mitad de carga. Oficialmente la compañía habla de "más de diez días de batería" y, por una vez, no mienten.

También cambia el interfaz con respecto a la Flex. Ya no es necesario aprender secuencias de golpecitos para entenderse con la pulsera, sino que todo se resuelve con un botón lateral. Un toque, la hora; dos, pasos; tres distancia... la idea es brillante, pues la pantalla no se enciende hasta que se aprieta el botón, con el consecuente ahorro energético. Por último se aprecia una modificación en el sistema de carga, que se basa en un conector fijo en lugar de una base donde insertar el gadget. A largo plazo es una alternativa mejor por la endeblez de la base del Flex.

Conclusiones

No se lo piense: si le gusta la línea de Fitbit, espere a la Force. Se trata de un dispositivo más rotundo que el Flex en todos los aspectos por un precio casi igual. Es, quizá, el gadget que más me apena devolver al fabricante de cuantos he probado este año, sobre todo porque no está en el mercado por los problemas médicos que antes citábamos. Solo nos queda esperar.

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