Exige tu derecho a comentar las noticias

Algunos medios de comunicación han comenzado a cerrar los comentarios en determinadas noticias polémicas. Internet te otorga el derecho a opinar

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Pese a que podría considerarme un elemento de esos que llaman "nativos digitales", tuve la fortuna de dar los primeros pasos en este oficio en periódicos de papel. Con respecto a la edición digital, un periodista nota el cambio en dos procesos: que tiene que ajustar el texto a la maqueta y que puede escribir con toda la tranquilidad que le brinda el cierre de la edición.

Pero, sobre todo, lo que el periodista analógico no tiene es contacto con sus lectores. Uno escribe su página y la manda a rotativas; ahí termina la preocupación. Luego, por la mañana, será la portada la que decante la suerte en el kiosko. Si la información escrita era mejorable -y siempre lo son-, queda en la esfera de la autocrítica.

Internet es mucho más. Es instantáneo, permite manejar contenido multimedia y enlazar a las fuentes de la información, amén de obligar al periodista a compartir página con los lectores. Esto, que es un ejercicio espartano para cuantos ponemos la firma, es también un control de calidad infalible. Si fallas, te lo critican. En público. Imagínese que esto sucediese en todos los trabajos; es demoledor, pero sostengo que nos hace mejores profesionales.

Si desde el punto del emisor de la información los comentarios son saludables, por la parte del lector es un derecho fundamental, en tanto que afecta a la participación, al tuétano de la web. No olvide que el rol de lector es como el de peatón: todos lo somos al menos un rato al día.

Si desde el punto del emisor de la información los comentarios son saludables, por la parte del lector es un derecho fundamental, en tanto que afecta a la participación, al tuétano de la web

Por eso me preocupa la tendencia de los medios de comunicación a cerrar los comentarios. A saber: El Mundo no permite aportaciones en ningún artículo de opinión; a El País, que ha creado una suerte de 'comentadores premium' con el Foro El País, no se le chistan los editoriales; La Vanguardia va más allá de la opinión y, coincidiendo con la abdicación del monarca, se lava las manos cortando cualquier feedback; y qué decir de ABC, que hace tiempo que se olvidó de sus parroquianos. Puede ser casual, pero fíjense que todo son ediciones digitales de cabeceras de papel. Si se van a los digitales puros, como El Diario, Vozpópuli o este mismo periódico, verán que pueden dejar su opinión en todas y cada una de las noticias. No es mérito nuestro, sino demérito de los otros. Mientras, los principales medios angloparlantes trabajan por integrar las interacciones de su comunidad con las distintas redes sociales.

En embrollo legal

Mas cuidémonos del razonamiento simplista que transita escenarios como la censura y el pensamiento único. En realidad los comentarios se deshabilitan, en la mayor parte de los casos, por un motivo legal. Y es que el artículo 16 de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información (LSSI), que regula este ámbito, señala como responsable al medio que publica, y solo no al autor, de las opiniones vertidas. Hay dos eximentes: que el medio demuestre que no tenía constancia del comentario o que consiga probar que lo retiró en cuanto supo de su existencia. No obstante, hay casos de sobra para que escamar a los departamentos legales; en consecuencia, la mayoría opta por curarse en salud.

Los insultos, las injurias y los discursos agresivos se vuelven contra nuestra libertad de expresión

Los dos medios con más audiencia de España subcontratan el servicio de moderación de comentarios a una empresa externa. Quizá por este motivo, en ocasiones como la abdicación del rey, tiendan a evitar que la factura final se infle en exceso. Lo mismo la subcontrata se ha visto desborada. Quién sabe. Al final del día, el hecho es que los periódicos digitales, por uno u otro motivo, le escatiman al lector una de las principales ventajas de la red: la multidireccionalidad de los mensajes.

Cabría, por último, realizar introspección para detectar nuestros vicios a la hora de debatir con los demás. Los insultos, las injurias y los discursos agresivos se vuelven contra nuestra libertad de expresión. Lo peor es que son actitudes que no adoptaríamos en la calle, y ofrecemos la sensación de que somos incapaces de gestionar el anonimato que nos ofrece una herramienta tan poderosa como es internet.

Miren cómo son las cosas, que después de tantos años de foros, comentarios y broncas en Twitter, me sale la vena romántica, más que ingenua, cuando pienso en el horizonte que la red nos muestra. Anhelo el día en el que tengamos tan interiorizado este invento que no permitamos, ni nos permitamos, comportamientos que censuraríamos en una cafetería. Ese día en el que el debate de la actualidad construya una sociedad crítica pero justa con sus gobernantes, capaz de comprenderse y respetarse desde posiciones enfrentadas. Una comunicación con más señal que ruido, que decían en la facultad.

O, qué demonios, a lo mejor la confrontación está en nuestra genética y es así como nos relacionaremos los españoles del siglo XXI en internet. En ese caso, y con la misma dignidad que antes les llamaba al orden, sigo exigiendo nuestro derecho a insultarnos en las noticias.

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