LAS VENTAS DEL DISPOSITIVO SE DESPLOMAN

Estamos saturados de tabletas

Sugieren los postulados newtonianos que todo lo que sube, después baja. En economía lo que sube rápido tiende a bajar incluso a mayor velocidad

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    Sugiere la Ley de la Gravitación Universal que todo lo que sube termina por bajar (aunque nunca se expresó así, en contra la creencia popular). Del mismo modo, en la economía ligada a la tecnología de consumo lo que sube rápido suele caer a plomo. Algo así está sucediendo con las tabletas en estos momentos.

    No me atrevo a asegurar, como el CEO de la minorista Best Buy, que las tabletas estén en pleno crash, pero es innegable que sus ventas se han enfriado. Después de dos años con crecimientos anuales por encima del 50%, en el primer cuarto del año apenas lo hicieron un 11%. El macro no es el peor de los escenarios, dado que algunas compañías están experimentando ya el descenso de ventas.

    Apple se deja un 9,3% de la tarta a doce meses, el equivalente a 1,3 millones de iPads que se han quedado en las tiendas, mientras que Samsung, su gran competidor, apenas consigue colocar 100.000 Galaxy Tab más que en 2013, creciendo un raquítico 1,6%. Unas cifras que indican que el mercado se está saturando. ¿Qué le pasa a las tabletas?

    Apple se deja un 9,3% de la tarta a doce meses, el equivalente a 1,3 millones de iPads que se han quedado en las tiendas, mientras que Samsung, su gran competidor, apenas consigue colocar 100.000 Galaxy Tab más que en 2013

    No, no valen para trabajar. Antes de nada conviene desmontar un mito, el de que las tabletas sustituirán en algún momento a los PC. Es una idea sin sentido, auspiciada por los propios fabricantes, que jamás tomará cuerpo. No, al menos, mientras las tabletas sigan siendo un dispositivo para consumir contenido -y no para crearlo-. Para escribir un texto largo se necesita un teclado, para rellenar un Excel es mejor un ratón, para hacer una foto el smartphone es más apropiado, para jugar y editar vídeo se necesita más potencia... y, además, ni iOS ni Android son sistemas operativos que ofrezan una gestión de archivos apropiada.

    Ergo, si no sirven para trabajar, no son indispensables. En consecuencia los PC, especialmente los all-in-one y espoleados por el fin del soporte a XP, están repuntando de nuevo. Se trata de un crecimiento modesto, o de una caída acolchada, que de ninguna forma le valdrá para recuperar los niveles pre-2010, pero que demuestra que no se ha quedado fuera del mercado.

    Mordiscos a la cuota por arriba y por abajo. El usuario utiliza la tableta, principalmente, para navegar por internet y ver vídeos en cualquier lugar. En 2010, cuando el primer iPad salió a la venta, los portátiles eran mucho más gruesos y los teléfonos móviles pequeños y poco inteligentes. Cuatro años después el panorama ha cambiado: ahora tenemos portátiles de 13 milímetros de grosor y smartphones de hasta siete pulgadas de pantalla

    La amenaza por arriba no solo llega de portátiles con más pantalla y menor peso, sino que han surgido una suerte de máquinas híbridas, conocidas como two-in-one, que canibalizan su oferta. Hablamos de líneas como el Surface de Microsoft o los Transformer Book de Asus, capaces de funcionar como un portátil o una tableta según el deseo del usuario.

    Las dentelladas por abajo son más peligrosas. Los phablets han venido para quedarse y cuentan con funciones de las que muchas tabletas carecen, como la posibilidad de llamar por teléfono o la conectividad 3G/4G. En el mejor de los casos, la pantalla de una tableta es entre tres y cinco pulgadas mayor que el de un phablet, una diferencia que hace excluyentes los dispositivos. Así, pocos poseedores de un Galaxy Note, por ejemplo, cuentan también con una tableta.

    ¿Cuántas se sustituirán? Todavía no está claro cuántos usuarios de tabletas obsoletas optarán por comprarse otra. No ha transcurrido el tiempo suficiente desde 2010 como para comprobar si se da una tendencia de sustitución fuerte, como sucede con los PC y los smartphones, o bien algunos usuarios pasan página con este dispositivo. 

    Hay tres motivos para la preocupación al respecto. El primero, el uso poco intensivo de las tabletas. En su gran mayoría, los usuarios utilizan estos gadgets una media de dos horas diarias, normalmente en las horas que van desde el final de la jornada laboral hasta la hora de la cena. Así, el desgaste es mucho menos acusado que el de PC y smartphones, como sucede también con su batería, que por tener más capacidad se somete a menos ciclos de carga y alarga su vida útil. Por último, se da la circunstancia de que los requisitos para navegar por la red son tan bajos que difícilmente el usuario encuentra en la capacidad computacional un motivo de sustitución de su tableta.

    ¿Qué futuro tienen las tabletas?

    Algunos analistas apuestan por un modelo supervitaminado, capaz de competir en potencia y características con los PC convencionales. Estaríamos hablando de un sistema de 64 bits con 2 Gb de RAM, 256 Gb  de disco duro y un teclado físico. Todo esto, por supuesto, embutido una estructura ARM, ya que las necesidades energéticas mandan. En esta línea se señala a los Chromebooks de Google como dispositivos portátiles que cumplen con los requisitos, fallando solo en un aspecto básico: el sistema operativo. 

    Sea como fuere, es poco probable que las actuales tabletas sobrevivan. Necesitan integrarse en un sistema apto para la productividad, dar el salto del deseo a la necesidad. O no, y quizá la integración de dispositivos es un cuento y viviremos con un aparato dedicado para una serie de tareas concretas. ¿Qué opinan ustedes?

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