europa, en desventaja respecto a eeuu y asia

La 'piratería' no hay que prohibirla, hay que cobrarla

En un mundo globalizado y digital, ya no solo compiten empresas o industrias, sino también ordenamientos jurídicos. Europa está en desventaja

Foto: La 'piratería' no hay que prohibirla, hay que cobrarla

El pasado mes de julio tuve la ocasión de participar en un curso de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) sobre El audiovisual en español y las nuevas tecnologías, que también era un Homenaje a Juan José Campanella. El curso se enmarcaba dentro del ciclo dedicado al valor económico del español, que desde hace algunos años se viene impartiendo en la UIMP, coordinado por Enrique Bolado, Director de la Filmoteca de Cantabria.

Aunque ya había intervenido en otras ediciones, en esta ocasión pude quedarme los tres días, disfrutar y enriquecerme no solo de las otras mesas y conferencias, sino, sobre todo, del trato y las conversaciones fuera de las aulas.

En este sentido fue un honor y un placer poder conocer y disfrutar de la presencia y charla del homenajeado Juan José Campanella, director, entre otras películas, de El hijo de la novia, El secreto de sus ojos y  -la más reciente- Futbolín. Pero, también, poder conocer y hablar con su productor Jorge Estrada, con Luis Velo, Director General de Movistar TV, con Jorge Edwards, Premio Cervantes, o con Enrique González Macho, Director de la Academia de la Cinematografía.

'Ley y orden'

La Mesa en la que participé tenía el mismo título que el curso y compartí cartel con Ignacio Pérez Dolset, Presidente del grupo de Contenidos de AMETIC, y Rafa Sánchez, representante de EGEDA. Quise, en mi intervención, hacer un pequeño homenaje a Juan José Campanella, utilizando como hilo conductor algunas de las series y películas que ha dirigido, empezando por la serie Law&Order, pues me iba a referir al marco regulador.

Mi ponencia se centró en que, en un mundo globalizado y en el entorno digital, ya no solo compiten empresas o industrias, sino también ordenamientos jurídicos, y que el de la UE está en clara desventaja respecto al de EEUU o Asia.

Resulta de vital importancia que aprovechemos la oportunidad legislativa de modificación de la LPI, para prever (o al menos no impedir) nuevos modelos de negocio y de gestión de derechos y contenidos en internet

La mejor prueba es que tenemos una Ley General de Comunicación Audiovisual que ya nació antigua, pues regula las radios y televisiones desde una perspectiva tradicional, sin hacer referencia alguna a los contenidos por internet. Pero también se han quedado antiguos los mecanismos de financiación del cine español, basados en la obligación de inversión del 5% de las TVs y, sobre todo, la Ley de Propiedad Intelectual, actualmente en tramitación parlamentaria.

Por eso, resulta de vital importancia que aprovechemos la oportunidad legislativa de modificación de la LPI, para prever (o al menos no impedir) nuevos modelos de negocio y de gestión de los derechos y contenidos en internet y no solo hablar de la lucha antipiratería. Porque gran parte de esa mal llamada piratería se debe a la ausencia de esos nuevos modelos de negocio y gestión.

'El hijo de la novia'

En este sentido, sorprende que sigamos hablando de la importancia para el cine que tienen las teles tradicionales (que la tienen), pero no digamos nada de la importancia aún mayor que tendrá Movistar TV (el Hijo de la Novia, es decir, Telefónica) con la compra de Canal Plus, o los proyectos de otras operadoras de Telecomunicaciones, como Vodafone con la compra de ONO, o el Grupo Slim.

Para ilustrar esa afirmación, comenté tres noticias de esos mismos días, en las que, por un lado, se decía que “Telefónica se convertirá en una gran productora mundial al nivel de HBO”, y, por otro, que “La Comisión (Europea) autoriza la compra de ONO por Vodafone” y “Slim trocea América Móvil para poder entrar a la televisión de pago”. Que son, todas, unas claras “tomas de posición”.

El problema de la piratería o, mejor dicho, la gestión (y el cobro) de los derechos de propiedad intelectual por el uso de sus contenidos solo se resolvería cuando los titulares de los derechos hicieran una Alianza Estratégica con los operadores de telecomunicaciones

El gran reto que tienen por delante estos nuevos proyectos, igual que otros que ya existen, como Filmin, y otros que anuncian que se pondrán en marcha o desembarcarán pronto en España, como el caso de Netflix, es la lucha contra la piratería o, mejor dicho, la gestión (y el cobro) de los derechos de propiedad intelectual por el uso de sus contenidos.

Mi tesis, desde hace ya años, es que este problema solo se resolvería cuando los titulares de los derechos hicieran una Alianza Estratégica con los operadores de telecomunicaciones y les dieran entrada y participación en la cadena de valor. Pues bien, ese momento está llegando, no porque se haya firmado esa Alianza, sino porque las telecos se están convirtiendo en grandes titulares de derechos (lo cual plantea otros problemas, como el del monopolio de contenidos premium).

'El secreto de sus ojos'

Las tres preguntas que planteaba en mi ponencia eran:

1. ¿Va Telefónica a proteger los contenidos de Movistar TV, limpiando su red de la comunicación pública no autorizada (mal llamada pirata) de los mismos?

2. ¿Va a proteger solo los contenidos cuyos derechos haya adquirido, o también los de otras operadoras?, ¿o permitirá la piratería de los de la competencia?

3. ¿Va a establecer algún tipo de acuerdo con los titulares de los derechos para implantar un sistema de identificación y pago por el uso efectivo de las obras?

Frente a lo que algunos piensan, este último punto no vulnera el secreto de las comunicaciones que debe guardar una operadora (El secreto de sus ojos), porque no se trata de identificar usuarios para darle esos datos a nadie (solo pueden hacerlo a un Juez), sino de identificar los usos y cobrarlos a sus usuarios, como hacen ya con las llamadas de teléfono gracias a que conocen esos datos.

Dicho en forma resumida: la mal llamada piratería (las descargas) no hay que prohibirla, hay que cobrarla. Y, para ello, resulta imprescindible la identificación; primero, de las obras. Segundo, de los usos efectivos de las mismas.

Menos tecnología y más pedagogía
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