La evolución es una teoría, pero también es un hecho

Creacionismo y evolución están equiparados semánticamente entre las "teorías". No obstante, a la segunda se la considera, además, un hecho

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El creacionismo es una opción válida para explicar el origen del hombre dado que la teoría de la evolución solo es una teoría. Es lo que opinaron varios lectores tras la lectura del artículo "Y al séptimo día Dios creó el creacionismo". El debate, agresivo como lo son casi todos en internet, empezó en los comentarios para trasladarse luego a las redes sociales.

Algunas personas aparentemente racionales tomaron parte en él solidarizándose con la postura de los creacionistas ya que, en fin, si la evolución es una teoría debe tener un margen de error más o menos considerable, ¿no?

En el epicentro de la discusión se encontraba la polisemia del término "teoría". Echemos mano de la RAE. Según el diccionario, una teoría es:

Uno. Un conocimiento especulativo considerado con independencia de toda aplicación.

Dos. Una serie de las leyes que sirven para relacionar determinado orden de fenómenos.

Tres. Una hipótesis cuyas consecuencias se aplican a toda una ciencia o a parte muy importante de ella.

Obviamente, la evolución no es un conocimiento especulativo ni tampoco una hipótesis. ¿Es entonces una serie de leyes? ¿No es una ley algo más… demostrado que una teoría?

Juan Ignacio Pérez, biólogo y responsable de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, considera que “el término teoría científica es bastante impreciso porque se usa para denominar cosas con diferente estatus. La teoría de la relatividad, por ejemplo, es un modelo que se considera provisionalmente verificado porque hasta ahora no se ha conseguido refutar. El modelo funciona bien, da buena cuenta de las observaciones y de experimentos. Pero puede ocurrir que dentro de unos años le pase lo mismo que a la física newtoniana, que, sin perder validez, quede subsumida en un modelo explicativo del funcionamiento del universo más amplia.”

José Ramón Alonso es neurobiólogo y catedrático en la Universidad de Salamanca. Alonso  sostiene que, cuando se escribe sobre evolución, es preferible omitir la palabra teoría. “El problema”, dice, “es que la interpretación científica de teoría no es la que existe en un porcentaje significativo de la población general, que considera que una teoría es una explicación posible, una entre varias alternativas, igualmente respetables. Así se entiende mejor que un porcentaje importante de la población no crea en la evolución que para un biólogo es como no creer en la gravedad o en que la Tierra gira alrededor del Sol.”

Si alguien piensa que la Tierra tiene 4.000 años de edad o que los hombres cazaron alguna vez dinosaurios es un ignorante. Y no podemos enseñar en las escuelas las opiniones infundadas de ignorantes“Aunque la teoría de la evolución puede considerarse un modelo”, dice Juan Ignacio Pérez, “en realidad es más que un modelo. Yo creo que tiene, en ese sentido, la teoría de la evolución tiene un estatus diferente a la teoría de la relatividad. Se puede decir que la evolución es un hecho. Los mecanismos propuestos, selección natural y selección sexual, están sobradamente verificados.”

La evolución, por tanto, es una teoría pero es también un hecho. En ciencia eso no es incompatible.

Así zanja Jose Ramón Alonso el debate: “Si alguien piensa que la Tierra tiene 4.000 años de edad o que los hombres cazaron alguna vez dinosaurios es que es un ignorante”, zanja José Ramón Alonso. “Y no podemos enseñar en las escuelas las opiniones infundadas de algunos ignorantes”.

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