Selectividad y tecnología: de los drones chinos a los pinganillos españoles

La tecnología ha modernizado el trámite de la selectividad por el que pasan miles de estudiantes en todo el mundo, facilitando tanto las trampas como la obtención posterior de los resultados

Foto: Selectividad y tecnología: de los drones chinos a los pinganillos españoles

Está claro que los asiáticos se toman muy en serio la selectividad. Sabíamos, por el libro de Amanda RipleyLos chicos más listos del mundo, que en Corea del Sur los padres abarrotan los templos ese día con ofrendas para pedirle a los dioses que sus hijos puedan sacar nota para entrar en alguna de las más exigentes universidades del país. Ese día, incluso se restringe el tráfico en algunas zonas para no molestar a los que están haciendo los exámenes y cambian de ruta algunos aviones. 

No habíamos leído, sin embargo, sobre si usan tecnología para intentar acabar con el riesgo de copiar en el examen. Sí, nos hemos enterado de que en China están utilizando drones de última generación, con 6 hélices, que se pueden elevar hasta 500 metros de altura y detectar señales en toda la ciudad. Decenas de miles de euros por cada dron para vigilar a los más de 9 millones de estudiantes que comenzaron el domingo la conocida selectividad china GaoKao.

Estos pequeños aviones no tripulados se han encargado este año en algunas universidades de detectar las posibles señales inalámbricas emitidas por sofisticados métodos de copia. Las autoridades dejaron muy claro que los adultos pillados ayudando a copiar tendrían como castigo penas que podían incluir pasar una temporada en la cárcel.

En España: 'apps' y pinganillos

¿Qué pasa en España? Pues, curiosamente, se produce un choque de civilizaciones: profesores que vigilan como toda la vida, que reparten exámenes de papel, que corregirán y descifrarán letras a mano, frente a algunos alumnos que se lanzan al uso de pinganillos, minúsculos dispositivos que se colocan en las orejas a través de los cuales les pueden soplar las respuestas.

En la Universidad de Málaga, explican en qué consiste ser pillados copiando: “Se considerará que un alumno está copiando si se detecta el uso de calculadoras, audífonos, teléfonos móviles u otros dispositivos electrónicos que sean programables, con capacidad para el almacenamiento voz y/o de datos o trasmisión de los mismos. Tampoco se permite el uso de relojes que aporten algunas prestaciones equivalentes a las anteriores”. O sea, nada de fardar con el Apple Watch.

Sin drones, en España se copia mucho si hacemos caso a la cantidad de webs que existen en las que se venden pinganillos. Hagan la prueba y pongan esa palabra y “examen” en Google o en publicaciones como milanuncios.com. En esta web además, se jactan de que las universidades no pueden poner inhibidores de frecuencia e informan a posibles clientes que, de saber que se están usando, denuncien. Cosas de vivir en una democracia, claro. En China, drones y punto.

Los chinos también copian

Aunque eso no quita para que, una vez fuera del país, los chinos copien como tantos. Sólo en 2014, salieron del país casi medio millón de chinos para estudiar en universidades extranjeras. De hecho, también han llegado a España.

Las causas más comunes para expulsarlos fue copiar en exámenes, plagio y contratar a negros para que les hicieran los trabajos

Y, en EEUU, se ha sabido recientemente que ocho mil fueron expulsados de las universidades por notas bajas y copiarse. En concreto, las causas más comunes para expulsarlos fue copiar en exámenes, plagio y contratar a negros para que les hicieran los trabajos. Es un perfil de estudiante chino rico que es relativamente nuevo. Con anterioridad, llegaban los auténticos cracks, muchas veces becados.

En España, hemos avanzado en el buen uso de la tecnología, también. Al menos, ahora se pueden conocer los resultados con aplicaciones en el móvil. También se ha lanzado una aplicación, Guía de la Selectividad 2015, que ha tenido miles de descargas para saber qué carreras son las más demandadas y mucha información para que sepan qué elegir una vez tengan las notas. Claro que hay nervios, pero nada como en China. 

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