Por qué las heridas también se infectan en Marte (aunque no haya bacterias allí)

Las condiciones del espacio exterior y de planetas como nuestro vecino son incompatibles con la vida tal y como la conocemos. Pero esto no quiere decir que no existan microorganismos

Foto: The Martian
The Martian

Hace poco escribí en mi blog dos artículos en los que explicaba qué le pasa al cuerpo humano al ser expuesto al vacío del espacio. La respuesta corta: nada bueno. Debido a ello, una lectora me mandó un par de preguntas sobre la futura colonización del espacio: ¿Se infectaría una herida en un planeta estéril como Marte? ¿Qué pasaría con la comida? ¿Caducaría en algún momento?

Todos hemos aprendido que las infecciones aparecen cuando una herida abierta se ve atacada por bacterias que empiezan a reproducirse muy deprisa hasta doblar su número cada 20 minutos en condiciones óptimas. Mientras tanto, se alimentan del material expuesto en la herida y sueltan productos de desecho que pueden resultar tóxicos. Hasta donde sabemos no hay señal de que existan microorganismos en Marte que pudieran colarse en nuestras heridas.

Las heridas de un astronauta no se infectarían en el espacio o en el planeta rojo… si no fuera porque los seres humanos estamos cubiertos de bacterias, tanto por fuera como por dentro, que nos acompañarán hasta los planetas que colonicemos y nos harán compañía en nuestros asentamientos y el interior de nuestros trajes espaciales.

Las heridas de un astronauta no se infectarían en el espacio o en Marte... si no fuera porque los seres humanos estamos cubiertos de bacterias

Nuestro cuerpo contiene 10 veces más bacterias que células propias y representan entre el 1% y el 2% de nuestra masa corporal. Esto sólo es posible porque las bacterias son mucho más pequeñas que nuestras células.

Otro gallo cantaría en la base marciana si nos diéramos un baño intensivo que esterilizara por completo la superficie de nuestra piel y luego saliéramos corriendo al exterior para tirarnos de plancha contra el primer montón de roca que encontráramos. Las heridas que nos hiciéramos no correrían ningún riesgo de infección mientras permaneciéramos en el exterior del asentamiento, sobre la superficie muerta de Marte.

Todo cambiaría en el momento en que volviéramos a entrar en la base, repleta de bacterias terrestres. Aunque acabar todas las bacterias que nos cubren sería una mala idea, ya que las bacterias que cubren nuestra piel nos ayudan a luchar contra parásitos que intentan colarse en nuestro cuerpo.

Bacterias
Bacterias

Para averiguar qué sucedería con la comida, imaginemos que nos olvidamos un sándwich en el porche de nuestra base marciana.

La mayoría de bacterias sólo pueden descomponer la comida en presencia de agua y oxígeno. En la atmósfera marciana no se puede encontrar ninguno de estos elementos así que, como mucho, las bacterias descompondrían nuestro sándwich hasta que se acabaran el agua y el oxígeno de su interior.

La comida puede pudrirse parcialmente pero Marte no tiene una atmósfera densa como la de la Tierra, así que el sándwich terminará esterilizado por la intensa radiación ultravioleta del sol tarde o temprano, lo que detendrá su descomposición.

La atmósfera del planeta rojo es bastante polvorienta y contiene algunos compuestos químicos tóxicos para los seres humanos, como los percloratos, que se depositarían sobre nuestro sándwich y nos lo arruinarían. Llevar una nevera a Marte sigue siendo una buena idea.

Supervivientes espaciales

Es lógico que la inmensa mayoría de los seres vivos que pueblan nuestro planeta no sean capaces de sobrevivir en el espacio, sean bacterias microscópicas o animales de nuestro tamaño. Al fin y al cabo, ¿para qué iba la evolución a dotarnos de esa capacidad si la vida nunca ha sentido la presión evolutiva de esas condiciones en la Tierra?

Algunos organismos sí han desarrollado habilidades que, de manera indirecta, les permiten sobrevivir a las condiciones que se dan más allá de la atmósfera terrestre. Y esto lo sabemos porque de vez en cuando subimos distintas formas de vida a la Estación Espacial Internacional y las pegamos en el exterior del fuselaje para ver cómo reaccionan después de pasar un tiempo expuestas a las durísimas condiciones del espacio (el vacío, la intensa radiación ultravioleta del sol y los bruscos cambios de temperatura).

La comida puede pudrirse parcialmente, pero en Marte el sándwich terminará esterilizado por la radiación ultravioleta

En 2008 se mandaron muestras de unas rocas recogidas cerca de un pueblo pesquero llamado Beer, en Devon (Inglaterra), que contenían una gran variedad de microorganismos comunes tanto en su interior como sobre su superficie. Las rocas permanecieron 533 días expuestas, pero tras recuperar las rocas y analizarlas los investigadores encontraran que una única colonia de bacterias había sobrevivido durante todo ese tiempo.

Cualquier traza de agua que contuviera la roca se habría evaporado al ser expuesta al espacio, así que los investigadores creen que estos microbios pudieron sobrevivir tanto tiempo gracias a varios factores: sus gruesas paredes celulares, algún mecanismo muy eficiente de reparación de ADN y a la formación de una colonia que habría protegido las bacterias que se encontraran en su centro.

Otro tipo de organismos capaces de sobrevivir en el espacio son los líquenes, esas masas coloridas que aparecen sobre las rocas y que en realidad son el resultado de una relación simbiótica entre algas y hongos. Tras sobrevivir durante un año y medio en el exterior de la Estación Espacial Internacional entrando en un estado de latencia, los líquenes crecieron con normalidad al ser devueltos a la Tierra.

Los animales más grandes que pueden sobrevivir a las condiciones que se dan en el espacio son los tardígrados, unos organismos que pueden llegar hasta 1 milímetro de longitud. Viven entre musgos húmedos o el sedimento del fondo de los lagos y se alimentan de bacterias y plantas. Su aspecto es bastante curioso.

Tardígrado
Tardígrado

Pese a lo relajada que parece su existencia, estos animales pueden soportar temperaturas de entre -200°C y 150°C, presiones 6.000 veces superiores a la atmosférica y dosis de radiación miles de veces superiores a las que podemos aguantar los humanos. También pueden sobrevivir en el espacio entrando en largos periodos de hibernación en los que su cuerpo se deshidrata y, cuando las condiciones mejoran, el agua los rehidrata de nuevo y continúan con su vida como si no hubiera pasado nada.

Todos estos organismos pueden sobrevivir a condiciones como las que se dan en Marte o en el espacio, pero no pueden vivir en ellas. O sea, que aunque puedan entrar en periodos de hibernación relativamente largos mientras se encuentren en un entorno con condiciones extremas, no pueden reproducirse ni hacer nada de lo que hace un ser vivo. Así que, de momento, no van a ayudarnos a colonizar otros planetas.

Este tipo de seres vivos dan algo de fundamento a la teoría de la panspermia, la idea de que la vida pueda pasar de un planeta a otro con relativa facilidad

Este tipo de seres vivos dan algo de fundamento a la teoría de la panspermia, la idea de que la vida pueda pasar de un planeta a otro con relativa facilidad. Organismos como estos, capaces de soportar las condiciones extremas, sugieren que sería posible que la vida hubiera aparecido en algún otro lugar del sistema solar y haber llegado hasta la Tierra por casualidad metidos en el interior de algún pedazo de roca eyectado de su planeta natal por el impacto de un asteroide. Estudios recientes han demostrado que algunos microorganismos pueden resistir incluso las condiciones de reentrada a la atmósfera de un asteroide.

La idea es exótica, pero no nos dejemos llevar por la emoción. En 1984 se descubrió un meteorito en la Antártida que tiene unos 4.000 millones de años de antigüedad que procedía de Marte. En el interior de este meteorito se encontraron estructuras microscópicas que en un principio se interpretaron como microorganismos fosilizados. ¿Se habían encontrado señales de que la vida podría haber llegado a la Tierra abordo de un meteorito marciano? Es un asunto controvertido, pero parece que la mayoría de científicos concuerdan en que las formaciones que se encontraron no tienen origen biológico.

Hasta que no encontremos señales de vida pasada o presente en otros lugares del sistema solar o una señal clara de vida en algún meteorito, no podremos saber nada cierto en la teoría de la panspermia.

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