La era de las redes sociales llega a su fin
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Alejandro Domínguez

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La era de las redes sociales llega a su fin

En un momento en el que es habitual escuchar que "vivimos en la era de las redes sociales", ¿puede parecer aventurado afirmar que están condenadas?

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En un momento en el que es habitual escuchar que “vivimos en la era de las redes sociales”, puede parecer aventurado o provocador afirmar que posiblemente estemos llegando a las últimas etapas de las mismas. Pero así lo creo. Pienso que estamos cerca del final de las redes sociales… Al menos tal y cómo las conocíamos hasta hoy.

En primer lugar, la mayoría de las redes que utilizamos más que redes sociales ya deberían llamarse “negocios sociales”. En Facebook, por ejemplo, una marca no puede alcanzar de modo orgánico ni al 10% de la gente que le sigue: personas que han mostrado su intención de estar informadas sobre lo que se cuenta en esa página y que sin embargo no reciben los mensajes a no ser que la empresa de turno aflojela cartera.

El negocio social llega al nivel de que ya hablamos de grandes gigantes bursátiles de nuestro tiempo: Google, Facebook, LinkedIn, Twitter o hasta la china Weibo cotizan en el parqué. Lo que empezó siendo la espadade las revoluciones se ha visto fagocitado por el capitalismo y la globalización. ¿Podemos llegar a entender que organizar un 15 Men Twitter pueda beneficiar la cotización de la red de microblogging en el Nasdaq? A este nivel han cambiado las tornas…

Pero no es solo este paso de social network a social business lo que está cambiando el tablero de juego. Las redes sociales, junto a la blogosfera, han constituido la base de la web social, el internet basado en las personas… Pero esto es otra cosa que está cambiado a medida que profundizamos en la llamada "internet de las cosas".

Como bien dijo Genís Roca en este mismo diario hace ya más de un año, esta nueva etapa está basada en servicios y en la tecnología, en vez de en la conversación, y por tanto es muchísimo más monetizable que la web social, que no solo ha encontrado grandes problemas para rentabilizarse sino que al hacerlo, además, se ha traicionado a si misma en cierto modo.

Un tren que muestra síntomas de descarrilamiento

Si juntamos por tanto la voracidad de generar ingresos de los principales actores de internet con la aparición de un nuevo paradigma con mucho más potencial económico, no nos extrañe que saltemos de pleno a esta nueva etapa de la web, que a su vez seguro que no será la última.

Las redes sociales posiblemente no desaparezcan, pero seguro cambiarán no solo en su forma (algo que hacen de manera continua) sino en su fondo. Lo curioso es ver cómo todavía hay mucha gente que empieza a subirse a este tren, justo cuando ya empieza mostrar los primeros síntomas de descarrilamiento.

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