Lo confieso: soy un ‘fanboy' de Apple

¿Qué es realmente ser un 'fanboy'? Esta polarización tan irracional del mercado sólo beneficia a Apple, que sigue exprimiendo a sus fieles seguidores

Foto: Lo confieso: soy un ‘fanboy' de Apple

Café sobre la mesa, música suave de fondo y buen ambiente. Trabajar en ocasiones en bares y café tiene mucho encanto y paradójicamente, el ir y venir de los clientes o las conversaciones de los camareros, hacen que uno se concentre todavía más en lo que tiene que hacer. Despliego el portátil (un MacBook), dejo el móvil sobre la mesa (un iPhone), y hago lo propio con un tablet (un iPad) porque luego lo utilizaré para leer unos documentos.

Ahí están, los tres productos del pecado con su manzana mordida detrás. Y en esto que entra un buen amigo y decide hacerme compañía durante unos minutos mientras se toma un cortado. “No te voy a molestar mucho, tranquilo”, advierte. Pero súbitamente sus retinas caen a plomo sobre el despliegue de gadgets y sale en automático de su boca: “Vaya, ¡menudo fanboy!”. No era la primera vez que escuchaba esa expresión, desde luego, y contesté que sí, debía de serlo al tiempo que miraba de reojo y pensativamente los productos de Apple.

Mi amigo se fue y me dejó con la mosca detrás de la oreja. ¿Qué es realmente ser un fanboy? Lo primero, comprender el significado real del término, y les advierto que no es fácil porque es una expresión que sirve de coletilla para muchos calificativos, aunque el más célebre es el vinculado a Apple.

El fenómeno de los 'fanboys' es alimentado por los 'haters' (los odiadores oficiales de la marca) y viceversa. Unos y otros se tiran los trastos a la cabezaMirando en Google me topo con lo que parece ser la definición más aceptada: “varón que suele estar obsesionado con cómics, música, películas o ciencia ficción”. Si exportamos esta explicación del término a los productos de la firma de Cook, podría decirse que se trata de aquellas personas cegadas en su amor por los productos del logotipo de la manzana. Y las hay, desde luego. Sin embargo, son tantas las pasiones que despierta Apple que se han borrado las líneas que separan lo racional de lo irracional.

En realidad, sucede como en otros tantos ámbitos de nuestra vida: uno no puede ser del Madrid y del Barça al mismo tiempo, o gustarte igualmente la Coca-Cola y la Pepsi. Y por esa regla de tres, alguien que tenga al menos dos productos con el logotipo de la manzana, debe ser, sin duda, un fanboy.

Una guerra que beneficia a Apple

Hace unos meses es posible que hubiera rebatido a mi amigo explicando que en la maleta tengo un Surface de Microsoft, y que uno de los móviles que más he disfrutado en los últimas semanas fue un Lumia que me prestaron. También le hubiera explicado que en muy raras ocasiones, ante la pregunta de “¿qué móvil me sugieres?”, aconsejo el iPhone, sino más bien un Nexus o algún otro Android de buena relación calidad precio.

También hubiera intentado explicar que la causa real por la que había tres productos de la manzana sobre la mesa es por la grandísima satisfacción al usuario que proporcionan y que sólo conocen realmente los que disfrutan de la integración de los mismos. Todo simplemente funciona. No hay complicaciones. Las fotos que se sacan en el móvil aparecen en la tablet y ordenadores de forma inmediata, todo sincronizado y sin quebraderos de cabeza.

¿Quiere esto decir que otras plataformas no ofrezcan lo mismo? No, por supuesto que lo hacen. Pero posiblemente la gran diferencia de Apple es que todo es sencillo y raramente falla. Y las apps, de todos gustos y colores, y todas ellas perfectamente adaptadas a un formato homogéneo y sin fisuras.

Pero no. Apple siembra y recoge. Nunca pierde. El fenómeno de los fanboys es alimentado por los haters (los odiadores oficiales de la marca) y viceversa. Unos y otros se tiran los trastos a la cabeza y ya se sabe, a río revuelto, ganancia de pescadores. En realidad, esta polarización tan irracional del mercado sólo beneficia al fabricante californiano que sigue dirigiéndose a un nicho de mercado al que exprime como un limón, proporcionando a cambio una inmejorable experiencia al usuario.

Hasta el caso de los iPhone que se doblaban ha beneficiado a Apple: ha tapado el error garrafal de iOS 8.0.1Todo es magnificado al extremo, como sucedió con el antennagate o los iPhone que se doblaban que ha quedado al final en nueve iPhones de los 10 millones vendidos que serán reemplazados. Pero hasta este controvertido fenómeno ha servido a Apple para tapar un marrón, este sí, de calado: el garrafal error cometido con una actualización menor de iOS.

Uno contempla inocentemente este espectáculo en una tierra de nadie que en realidad, no existe. No se permite ser neutral cuando sobre la mesa ya hay tres dispositivos con el infame logotipo. Sí, me gusta la experiencia de Apple, aunque no tenga inconveniente en cambiar de marca el día que ofrezca un producto, en conjunto, de mejor calidad.

Todo esto son impresiones subjetivas, por descontado, pero bajo el prisma de blanco o negro al que nos han obligado a pasar, sí, debo confesar algo: soy un fanboy de Apple.

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