Autoconsumo sí, pero con consenso. Eso es lo que queremos en España

Algunos economistas advierten de la 'burbuja' que puede suponer fomentar el autoconsumo. Los partidarios de esta opción piden una legislación sin trabas

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Critica hoy el economista Daniel Lacalle en su columna el acuerdo al que recientemente han llegado cerca de dos tercios de los diputados del Congreso (todos, salvo los del Partido Popular y sus socios electorales) sobre el autoconsumo de electricidad. Sostiene que en EEUU están haciendo mucho mejor las cosas en el ámbito energético que en Europa y que cuatro estados norteamericanos han “dado marcha atrás a la normativa desenfocada sobre autoconsumo”, ésa que el autor identifica con “lo que quieren hacer estos partidos (excepto el PP) en España”.

Como cuestión previa destacan clamorosas omisiones respecto de la política energética norteamericana, tales como que el desarrollo de las renovables se ha financiado a través de los impuestos (curiosa postura de un autodefinido como liberal, que defiende que los costes de un producto no los pague el consumidor, sino el contribuyente), que el 'fracking' está causando enormes problemas medioambientales, además de verse seriamente afectado por los actuales bajos precios del petróleo o que el Fondo Monetario Internacional estima que las subvenciones a los combustibles fósiles ascienden a 5.300.000 millones de dólares anuales, que hacen pequeños los 135.000 millones de apoyo a las renovables que la Agencia Internacional de la Energía contabiliza a nivel internacional.

Representantes de 26 organizaciones han acordado las medidas para fomentar el autoconsumo
Representantes de 26 organizaciones han acordado las medidas para fomentar el autoconsumo

Con estos mimbres, el economista nos previene del fomento de una nueva “burbuja” —yo me pregunto, ¿por dónde empezamos?— esta vez debida a que aquél que se pone un panel solar en su tejado para producir su propia electricidad, identificado con “el más rico”, quien tiene “chalet o suelo donde instalarlo y dinero para paneles solares”, es un insolidario al traspasar costes al más desfavorecido.

Una norma tardía y restrictiva

Nada nuevo, por otra parte. Es la tesis que vienen defendiendo las compañías eléctricas en todo el mundo y que ha asumido en su totalidad el actual Gobierno español, que a solo 70 días de las pasadas elecciones generales tuvo la osadía de aprobar la normativa sobre autoabastecimiento de electricidad más restrictiva del mundo y que ha sido motivo de mofa en la prensa internacional.

El Sr. Lacalle ensalza dos medidas que han puesto en marcha los cuatro estados mencionados y que nos pone como ejemplo de lo que debería ser “el autoconsumo de verdad”. Naturalmente, omite que más de 40 estados del mismo país han puesto en marcha mecanismos de balance neto de energía solar, lo que está disparando el volumen del mercado norteamericano.

En España, a diferencia de la mayor parte de EEUU y muchos países del norte de Europa, ya hay una 'cuota de conexión', aquí llamada 'término de potencia'

Las referidas medidas estrella son (i) poner cuotas de conexión a la red eléctrica y (ii) establecer tarifas horarias que valoran la energía al precio del mercado en cada momento. Es aquí donde mi extrañeza por las omisiones previas se convierte en estupor.

Para empezar, resulta que en España, a diferencia de la mayor parte de EEUU y de muchos países del norte de Europa, ya hay una “cuota de conexión”, aquí llamada “término de potencia”, que carga con más de 50 € por kW contratado al año al consumidor doméstico (algo más del 30% de la factura de una familia tipo). Curiosamente, en la última legislatura, esta parte fija del recibo se ha más que duplicado, lo que ha provocado la frustración de muchos, que han visto cómo sus facturas se incrementaban a pesar de que su consumo estaba disminuyendo.

La propia Agencia Internacional de la Energía en su informe de 2015 sobre el sector energético español relacionaba este brutal incremento con el autoconsumo, asegurando que el Gobierno había “reequilibrado las tarifas hacia cargos fijos” al describir el autoconsumo como una disrupción que “desafía los modelos de negocio de las eléctricas tradicionales”. En otras palabras, la subida de la parte fija no es independiente del desarrollo del autoconsumo, sino que se debe precisamente a éste.

El 'impuesto al sol' no es la cuota de conexión

El autor confunde el popularmente denominado 'impuesto al sol' con la cuota de conexión. Nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre en España —y, por cierto, no lo hace en ninguno de los cuatro estados norteamericanos ejemplarizados— es que hay que pagar, además de la parte fija del recibo, como cualquier otro consumidor, por la energía producida en tu tejado que, sin salir a la red, se consume en tu frigorífico. Ciertamente hay algunas exenciones temporales; pero el hecho de que a alguien le puedan cobrar por su propia energía, 'fabricada' sin subvención alguna, ha soliviantado a todo tipo de organizaciones y ha provocado que empresas como IKEA hayan rechazado vender paneles en España cuando lo hacen con éxito en los 'soleados' Suiza o Reino Unido.

En España hay que pagar, además de la parte fija del recibo, por la energía producida en tu tejado que, sin salir a la red, se consume en tu frigorífico

Nadie defiende que el autoconsumidor tenga una reducción de la cuota fija; pero si defendemos un cargo a la energía autoproducida por el 'respaldo' de la red, debemos hacer lo mismo con quien ahorra energía comprando bombillas led, con quien compra una chimenea para ahorrar calefacción eléctrica o, ya puestos, un cargo de respaldo para el bar de enfrente por cada café que nos preparemos en casa.

Los precios de la energía ya son horarios

Pero es que, además, en España los precios de la energía ya son horarios, por lo que la segunda medida, valoración de la energía al precio del mercado en cada hora, está garantizada. De hecho, el texto del acuerdo que los partidos políticos se han comprometido a aprobar en un plazo de 100 días desde la formación del próximo Gobierno incluye lo siguiente:

“La energía autoconsumida estará exenta de todo tipo de cargos y peajes. Los excedentes de las instalaciones de generación asociadas al autoconsumo estarán sometidos al mismo tratamiento que la energía producida por el resto de las instalaciones de producción, al igual que los déficits de energía que los autoconsumidores adquieran a través de la red de transporte o distribución estarán sometidos al mismo tratamiento que los del resto de consumidores.”

Por tanto, Sr. Lacalle, a diferencia de otros lugares, en España no se prevé compensar cada kWh excedentario por un kWh deficitario en otra hora. De hacerlo, estoy de acuerdo que estaríamos subvencionando un servicio y, entre otros, desincentivando la instalación de baterías que evitarían los excedentes. Lo único que contempla el acuerdo es que pueda haber un 'balance neto', que no sería más que un mecanismo simplificado que permita a un pequeño consumidor compensar en el recibo de la luz los excedentes de energía sin tener que convertirse por ello en empresario. Textualmente:

“Reglamentariamente podrán desarrollarse mecanismos de compensación simplificada entre déficits de los autoconsumidores y excedentes de sus instalaciones de producción asociadas, que en todo caso estarán limitados a potencias de éstas no superiores a 100 kW.”

En realidad, el acuerdo político, apoyado por todo tipo de organizaciones (sociales, de consumidores, empresariales, sindicatos, ecologistas…) pretende un desarrollo del autoconsumo sin subvenciones. Eso sí, elimina la gran mayoría de absurdas cargas técnicas y burocráticas que atenazan su desarrollo en la actualidad, contempla la figura del autoconsumo compartido (excluida explícitamente en la norma actual y que, mire por donde, va a permitir que se beneficien del sistema “los que no tienen chalet”) y rebaja sustancialmente las desorbitadas sanciones (de hasta 60 millones de euros por un incumplimiento administrativo) que atemorizan a quien pretenda competir con las actuales empresas eléctricas.

Todo ello, insisto, sin ninguna subvención. No es de extrañar que el ala más conservadora de la política norteamericana, el 'tea party', se haya posicionado a favor de esta revolución tecnológica, algo que era impensable hace tan solo cinco años y que se ha producido por la espectacular reducción de costes que ha protagonizado. Tampoco es de extrañar que las compañías eléctricas quieran ralentizar su despliegue.

Tribuna

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