no te darás ni cuenta

Disfruta de tu trabajo, pronto serás reemplazado y lo hará una máquina

La evolución de la automatización está llegando a un punto en el cual los trabajadores humanos empiezan a dejar de hacer falta.

Foto: El secretario de Asuntos Exteriores británico, Boris Johnson visitando una fábrica de robots en Japón (Foto: Reuters)
El secretario de Asuntos Exteriores británico, Boris Johnson visitando una fábrica de robots en Japón (Foto: Reuters)

Disculpen la osadía; no tengo el gusto de conocer a la mayoría de ustedes y por tanto saber cómo se ganan la vida. Pero si ni siquiera les inquieta la idea de ser sustituidos en su puesto de trabajo por un robot o un programa sospecho que no están muy al día de los adelantos tecnológicos.

No piensen que se trata de una fábula de un tiempo futuro en una galaxia muy, muy lejana, está sucediendo ya. La compañía Australiana Fastbrick Robotics acaba de ultimar un robot que puede colocar mil ladrillos por hora, lo cual llevaría un día entero a dos albañiles humanos. La británica Moley Robotics comercializará este año un cocinero robótico capaz de deleitar a la clientela con más de dos mil recetas expertas, incluso francesas, sin sufrir ataques de diva en el proceso. El fabricante de maquinaria agrícola sueco DeLaval lanzó recientemente robots capaces de ordeñar vacas de forma automática por un coste marginal y con mucha más comodidad. Imagino que tanto granjeros como vacas lo agradecen.

En un informe publicado por la Casa Blanca el pasado diciembre en relación con este fenómeno, esta institución estimaba que la automatización robótica afectará al nueve por ciento de la población activa en Estados Unidos, por lo que unos 14 millones de puestos de trabajo se perderían antes del año 2020. Tampoco piensen que este fenómeno afecta exclusivamente al primer mundo: otro estudio de la Organización Internacional del Trabajo afirma que en países como Tailandia, Filipinas, Camboya, Indonesia y Vietnam unos 137 millones de trabajadores (más de la mitad de su población activa) corren el riesgo de ser reemplazados por robots. Mucha mayor cantidad que en países más desarrollados pues sus tareas suelen ser más mecánicas y por tanto fáciles de emular por una máquina.

la automatización robótica afectará al nueve por ciento de la población activa en Estados Unidos (Foto: Reuters)
la automatización robótica afectará al nueve por ciento de la población activa en Estados Unidos (Foto: Reuters)

Por supuesto, el punto de inflexión crítico es que gracias a los avances de la inteligencia artificial estamos dotando a las máquinas de capacidades cognitivas avanzadas. Ya no son circuitos estúpidos que necesitan supervisión constante, sino algoritmos capaces de ejecutar procesos complejos mientras se adaptan a situaciones cambiantes. De esta forma, el abanico de tareas que pueden desempeñar no se limita a campos, fábricas y recepciones, sino que alcanza oficinas, despachos y consultorios, aquellos trabajos que creíamos salvados de la quema por requerir formación superior, inteligencia y creatividad. Estamos hablando del futuro de los profesionales del sector tecnológico, sanitario, bancario… Por ponerles un ejemplo dolorosamente cercano, se estima que a día de hoy más del 70% de las transacciones financieras se debe exclusivamente a algoritmos. ¡Por lo tirantes de Gordon Gekko, que bonito era ser trader en los ochenta! Y cuando las barbas de tu vecino veas cortar…

Ahora bien, esto tampoco es precisamente de nuevo, llevamos lidiando largo tiempo con tan sombrío fantasma. De hecho si lo pensamos, la mayor parte de las invenciones a lo largo de la historia fueron creadas explícitamente para reemplazar el esfuerzo humano. Un proceso que empieza por la rueda y el arado, se acelera con la revolución industrial y eclosiona de forma espectacular en el siglo veinte, dando lugar a tractores, cadenas de montaje industriales, líneas telefónicas, computadores… Gracias a ello ya no tenemos que excavar surcos en la tierra con azadas, moldear herramientas sobre un yunque a martillazos, cabalgar durante días para entregar un sello lacrado, ni calcular la precesión de Mercurio a mano. Por cierto, antes de que se extendiera el uso de las tarjetas perforadas y la válvula de vacío, la palabra "computadoras" tenía una connotación diferente: habitaciones llenas de individuos con dotes matemáticas realizando, agregando y comprobando cálculos numéricos en auténticas cadenas de montaje a fin de, con sudor y suerte, obtener el resultado que hoy nos proporciona la calculadora de nuestro teléfono. Se me pone la piel de gallina sólo de imaginarlo.

Este proceso nos ha llevado a fabricar en masa vacunas para eliminar enfermedades antaño incurables

Este progreso tecnológico que incrementa la eficiencia productiva y reduce costes ha dado lugar a la opulencia de nuestras sociedades actuales en las cuales, a ojos de cualquier época anterior, todos somos ricos. Por cada zapato que se producía a principios de siglo veinte hoy se pueden crear miles, y así con cualquier artículo. Si esta perspectiva materialista les parece frívola, por favor, piensen que el mismo proceso nos ha llevado a fabricar en masa vacunas para eliminar enfermedades antaño incurables y desarrollar las herramientas que permiten extirpar complejos tumores cerebrales. No solemos ser conscientes de nuestra fortuna pero cualquiera de nosotros vive con mayor prosperidad y mejor cobertura sanitaria que los reyes del pasado.

A pesar de ello los estudios nos muestran que la participación de los adultos en el mercado laboral ha crecido de forma casi constante desde un 50% a finales del diecinueve hasta cerca del 65% en la actualidad. ¿Cómo es esto posible? Sin duda ha influido mucho la incorporación de la mujer al mundo profesional, gracias a, entre otras cosas, otra serie de invenciones técnicas como la lavadora, el horno y la máquina de coser. Ya no era necesario que un individuo de cada pareja se sacrifique a una vida de duras tareas con tan poco reconocimiento que, tristemente, ni se las considera trabajo.

¿Por qué quedan tantos trabajos?

Pero esto no responde a la pregunta fundamental. ¿Cómo es que aún quedan tantos trabajos? Con tamaña automatización y productividad, ¿por qué todavía no estamos todos ociosos, tumbados a la bartola en un prado idílico con un racimo de uvas mientras los robots satisfacen nuestros caprichos, como los Eloi que H. G. Wells describe en 'La Máquina del Tiempo'?

La respuesta se encuentra en la inventiva humana, en nuestra insaciable creatividad. Cuando finalmente conquistamos unas necesidades y logramos automatizarla con eficiencia para que sus costes sean asequibles de forma masiva, se nos abren muchas más posibilidades de exploración que se convierten en las nuevas necesidades a conquistar. A princpio del siglo veinte era normal que el 40% de la población trabajara en granjas; hoy en día el porcentaje es el 2% y no es que comamos menos, sino que el crecimiento de la productividad ha hecho que el resto sean innecesarios, los han sacado de la granja. Así que la tecnología puede eliminar trabajos, pero lo que es cierto en una industria no lo es para la economía en su conjunto, porque a su vez hemos creado el sector del automóvil, seguros, finanzas, electrónica, informática, bioingeniería… Profesiones que ni siquiera existían con anterioridad para emplear a toda esa fuerza laboral salida del campo.

A princpio del siglo veinte era normal que el 40% de la población trabajara en granjas; hoy en día el porcentaje es el 2% (Foto: EFE)
A princpio del siglo veinte era normal que el 40% de la población trabajara en granjas; hoy en día el porcentaje es el 2% (Foto: EFE)

Además, la automatización de una parte de las tareas suele proporcionar incluso más valor económico al resto de tareas que todavía no se pueden automatizar. Esas, por ende, suelen ser las partes menos tediosas y más interesantes. Es decir, la máquina incrementa el valor de nuestra contribución restante al aumentar el peso de nuestro juicio, creatividad y experiencia. Sólo tiene que pensar en los computadores que mencionamos arriba. Mejor que la calculadora se ocupe de esa parte tediosa, mientras el matemático se dedica a visionar las teorías más audaces.

A las máquinas se las teme desde que a los seguidores de John Ludd les dio por liarse a destruir telares, y desde entonces no han faltado personas en cada época que han profetizado que los 'Morlock' estaban esperando a la vuelta de la esquina. Sin embargo, si eso fuera así, ¿por qué los países altamente robotizados como Japón, Corea del Sur y Alemania mantienen unos niveles de empleo muy altos, mientras que en países con mucho menor uso de la robótica, como es el caso de España, las tasas de desempleo son obscenas? Según datos recientes de la OCDE, Singapur cuenta con 398 robots por cada 10.000 obreros y una tasa de paro del 2,2%. Por el contrario Francia tiene 127 y 9,6% respectivamente. Lo siento, pero los números no me cuadran.

¿Podemos estar tranquilos?

Entonces, ¿no hay nada de qué preocuparse? ¿Podemos tomar al hermano robot de la mano y dirigirnos al futuro silbando una canción? No exactamente. Sin duda se crean nuevas industrias y nuevos empleos, pero poder desempeñarlos implica unos requisitos nuevos, a menudo complejos. Las personas que se vieron desplazadas necesitan una formación antes de poder acceder a ellos. Frecuentemente no es que nos quedemos sin trabajos sino que carecemos de las habilidades necesarias para aprovecharlos. Todo esto se ve acrecentado por el hecho de que las tecnologías de emulación cognitiva como la inteligencia artificial permiten automatizar las tareas de los cuadros medios empresariales, provocando por tanto una ruptura aún más extrema entre los trabajos bajos, simples, rutinarios y los trabajos altos, complejos, creativos y con alto valor añadido. La sociedad se polariza porque la parte intermedia ha desaparecido, en su mayoría codificada mediante software.

Llegado a este punto, el sistema se colapsa y la situación puede desembocar en una revolución social

Si este proceso de destrucción creativa es lento el mercado laboral puede asimilarlo, con mayor o menor dificultad. Pero si se produce demasiado rápido resulta imposible adaptarse. Teniendo en cuenta que el cambio tecnológico se sucede cada vez con mayor velocidad se trata de una posibilidad muy real. Por ejemplo, imagine que Uber o alguno de sus competidores finalmente tiene éxito con el proyecto del coche autodirigido. Pues en breve se quedan sin trabajo una gran parte de los taxistas, camioneros y repartidores del mundo. Por mucho que se necesiten publicistas, programadores o ingenieros, a esa población le va a resultar muy complicado reciclarse. Llegado a este punto, el sistema se colapsa y la situación puede desembocar en una revolución social.

Por eso es de vital importancia que los gobiernos tomen conciencia de la situación y se preparen invirtiendo sobre todo en educación de calidad. No es la primera vez que nos sucede: en el albor de esa transformación agrícola de finales del diecinueve, algunos estados occidentales decidieron extender la escolarización obligatoria hasta la tardía edad de… 16 años, asumiendo un gran coste pero a su vez logrando una fuerza laboral preparada para los retos del futuro. Hoy en día, lo que importa es una formación donde el objetivo principal no sea la fijación en unos contenidos específicos, rápidamente obsoletos, sino enseñar a aprender, porque deberemos continuar haciéndolo toda la vida; los países nórdicos como Finlandia son un gran ejemplo a seguir.

Se trata de gestionar el proceso pero no bloquearlo porque tampoco queremos perdernos los frutos del progreso. Algunos serán frívolos, sin duda. Yo podría prescindir de Pikachus y Juiceros sin pestañear, y dudo que las vacas añoren su ordeñador automático. Pero en otras líneas más serias de desarrollo, puede que ciertos avances clínicos lleguen a tiempo para salvarle la vida a uno de nuestros seres queridos. Para eso comulgaremos con los Pokemon Go que haga falta.

Tribuna

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios