Mobile World Drama: la histeria no es síntoma del coronavirus, es de mala gestión

Tarde y con medidas que no resuelven todas las inquietudes. Los pasos de la GSMA han creado el caldo de cultivo para una crisis en la que ni las recomendaciones de la OMS convencen

Foto: Foto: EFE.
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Drama. Dícese, según las indicaciones de la RAE, de las representaciones en las que prevalecen acciones y situaciones tensas y pasiones conflictivas. Este género teatral y cinematográfico también ha sido adoptado por los 'millenials' que lo utilizan con tintes cuando uno exagera un contratiempo de forma histriónica e irracional. Esto es básicamente en lo que se ha convertido el próximo congreso mundial de la telefonía móvil en los últimos días. Un melodrama de desenlace incierto y donde cuesta identificar la exageración de lo que no lo es. La crisis del coronavirus de Wuhan ha disparado el nerviosismo hasta niveles estratosféricos. Algo que ha empujado a casi una decena de compañías a renunciar a su presencia en la gran cita de este gremio, donde se concentran cada año más de 100.000 personas de todo el globo.

En apenas una semana el Mobile World Congress ha pasado ser el Mobile World Drama. La inquietud se ha apropiado de parte de los analistas, directivos y público en general. No son pocos los que han pedido la suspensión de este cónclave. Ni el criterio de la OMS o las medidas anunciadas por fabricantes e instituciones parecen convencer. Esa 'pseudohisteria' no está listada entre los síntomas del bautizado como '2019-nCoV'. Pero sí que debería estar señalado como indicio claro de una mala gestión por parte de la GSMA, la patronal encargada de montar este 'tinglado' de corte planetario. El mal ojo y la tardanza de los organizadores y las autoridades a la hora de establecer políticas preventivas han creado el caldo de cultivo en el que esta crisis se ha cocinado lentamente.

Foto: Reuters.
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El pasado 30 de enero, la Organización Mundial de la Salud declaró la alerta sanitaria global por el coronavirus, después de varias sesiones debate interno. Sin embargo, no pedían restringir viajes y desplazamientos entre países. Con esta información en la mano, los rectores del cónclave tecnológico consideraron entonces más que suficiente el protocolo que habían diseñado, que incluía refuerzos de la limpieza en zonas de contacto, como baños o zonas de exposición; o un llamamiento contra la 'cultura del apretón' de manos.

Mobile World Drama: la histeria no es síntoma del coronavirus, es de mala gestión

Se insistió en que "monitorizaba" la situación y se encontraba en comunicación con las autoridades sanitarias regionales y nacionales. Apenas tres días más tarde, LG protagonizó la primera baja. Las medidas no convencían a muchos. Era una señal inequívoca. La GSMA no se pronunció entonces y prefirió guardar silencio, manteniendo ese estilo de fontanería discreta con la que ha manejado otras crisis a las que se ha enfrentado la cita en los últimos años como todo el lío independentista que se vivió entre 2017 y 2018. Pero esa fórmula del silencio aquí no sirve.

La baja de LG indicaba que el plan de contingencia no era suficiente. Pero se dejó crecer el problema

Aquí hacía falta pedagogía pública e información. Cualquier cosa que salga de ahí es susceptible de convertirse en una mala teoría de la conspiración. Pocos serán los que defiendan la gestión. Me recuerda a esa célebre imagen del 'webcomic' titulado 'On Fire' en el que se ve a un perro tomando café en su cocina mientras todo arde a su alrededor y dice 'Todo va bien'. Es cierto que se ha reaccionado, pero quién sabe si a estas alturas las labores de extinción serán lo suficientemente efectivas y efectistas.

Un apósito mal colocado

Tras 72 horas de debate público y especulación, llegó el segundo gran golpe a la línea de flotación: la marcha de Ericsson, un actor de máxima relevancia en esta feria. Y aún se dejaron pasar dos jornadas más. Nvidia y Amazon fueron los siguientes. Para el domingo a la noche, cuando se publicó, en otros parches, el veto a los ciudadanos de Hubei, empresas como Sony o NTT Docomo tenían tomada la decisión de bajarse del carro. El miedo ha descarrilado el debate, se mira con recelo las recomendaciones de la OMS, nada parece suficiente y se desoyen también las llamadas a la calma de epidemiólogos y otros expertos. A pesar de que son unas 10 las cancelaciones de una nómina de más de 2.800 expositores existe la convicción de que habrá nuevos anuncios similares en las próximas horas.

Foto: Reuters.
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Este caso es uno de esos en los que poner la venda antes de la herida hubiese sido lo idóneo. El apósito ha llegado tarde y además no está muy bien ejecutado. El nuevo protocolo deja dudas sin resolver. Han anunciado que se restringirá el acceso tanto a la Fira como al resto de ubicaciones donde se celebran los eventos satélite a aquellos que hayan estado en los últimos 14 días en China. Requerirá demostrarlo con el pasaporte. Eso está bien para ciudadanos extranjeros, pero en su página web indica que el DNI y otras tarjeta de identificación europeas son válidas para el acceso al recinto.

Otra de los puntos polémicos-que incluye toma de temperatura en las entradas- es la necesidad de 'autocertificar' que no se ha estado en contacto con nadie infectado. La garantía es la palabra. Nada más. En un contexto como el de estos días, con la sensibilidad a flor de piel, lo mínimo es tener atado hasta el último cabo para evitar suspicacias.

Las chinas sostienen el MWC

La importancia de las marcas chinas en esta industria es innegable. Atesoran prácticamente el 50% de las ventas a nivel mundial. Muchas de las medidas ahora abrazadas por la GSMA estaban ya siendo adoptadas por compañías como Xiaomi o Huawei, que en los últimos días no se han cansado de repetir que mantienen intactos sus planes. Directivos de estas marcas ya se encuentran en Barcelona para cumplir con los plazos exigidos y desde enero a todos los empleados que regresaban de China les impusieron el teletrabajo durante dos semanas como medida de prevención.

Foto: Reuters.
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Pero otro de los detalles que ha pasado desapercibido es el origen de los trabajadores que se desplazarían hasta la Ciudad Condal. No todos vienen del país asiático. Muchos tienen base en Europa y otros tantos llevan fuera de allí el tiempo suficiente para pasar la cuarentena. Es curioso pero en estos momentos a uno le da la sensación que precisamente las empresas chinas (y Samsung) son las que sostienen al Mobile World Congress, que puede tener que afrontar incluso la deserción de Telefónica, Orange, BT y Vodafone, que se han reunido para estudiar su posible retirada.

La disyuntiva que se presenta a la organización es importante. Primero porque el de Barcelona es el mayor evento de todos los que celebra y su principal sustento económico. Es la vaca que ordeñan para poder montar otros de menor entidad como el MWC de Los Ángeles o el de Shangái, con muchas papeletas de no celebrarse. Una cancelación, que se ha negado en las últimas horas por activa y por pasiva, conllevaría un lío burocrático y de indemnizaciones tremendo.

La feria de Barcelona es la vaca que ordeña la GSMA para poder organizar sus otras cumbres

Pero esta crisis le llega en un momento clave. Estos encuentros, que aún siguen siendo de obligada asistencia para muchos aunque no se traigan novedades de calado bajo el brazo, se perciben cada vez como encuentros más 'tecnocráticos' y menos útiles desde el punto de vista del marketing, donde cada vez se acusa una mayor falta de novedades para despertar el interés mediático y muchas veces se convierten en encuentros iterativos que se enredan en conceptos o grandes tendencias alejadas de los anuncios concretos. Por eso no se puede permitir la ausencia de protagonistas como Huawei, Oppo o Xiaomi, porque son las que llevan sobre los hombros la carga mediática de esta cita. Mientras ellas no renuncien, cosa que parece improbable en estos momentos, la feria tiene bastantes posibilidades de seguir adelante, aunque sea en un formato desnatado.

No sería justo carga la mala gestión de esta crisis exclusivamente sobre los hombros de John Hoffman, CEO de la GSMA, y el resto del equipo directivo de la GSMA. La Generalitat y el Ministerio de Sanidad podrían haber previsto las dudas en torno a una concentración de más de 100.000 personas de todo el mundo y haber adoptado medidas especificas en los aeropuertos, como ya han hecho otros países, para calmar los ánimos. No hay que olvidar que la autoridad de Hoffman acaba donde acaban las instalaciones contratadas por la organización. El resto de la ciudad escapa a su responsabilidad.

Tribuna
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