El fin de la cuarentena por el coronavirus: quién, cuándo y cómo

Es importante que pongamos de nuevo en marcha cuanto antes el sistema productivo y conocer con exactitud cuántas personas han sido realmente infectadas

Foto: Personal sanitario del Hospital Severo Ochoa en Madrid. (Reuters)
Personal sanitario del Hospital Severo Ochoa en Madrid. (Reuters)

Empezamos a ver la luz a final del túnel. Parece que el aislamiento está surtiendo efecto. Ayer se registraron en España 510 muertos, la cifra más baja desde el 23 de marzo. Además, Los contagios de coronavirus diagnosticados el viernes ascendieron a 157.022 (ayer sábado a 161.852), un 3% más que el día anterior, lo que supone el menor incremento desde el inicio de la crisis. Y todo parece indicar que estos datos seguirán mejorando en las próximas semanas.

De cualquier manera, no debemos bajar la guardia aún, ya que seguimos en el nivel de alerta 1, de contención. Sí que la efectividad del confinamiento hace que podamos empezar a pensar en el siguiente paso: ¿cómo tendrá que ser la paulatina salida del confinamiento? En primer lugar, me gustaría destacar que, siempre teniendo en cuenta que la salud y el bienestar de todos deben ser asuntos prioritarios, es importante que pongamos de nuevo en marcha cuanto antes el sistema productivo. Para ello, además de conocer el alcance real de los contagiados y hasta qué punto son resistentes al virus, debemos tener en cuenta cuáles son las personas que mejor superan la enfermedad y poner mecanismos que nos ayuden hacer un seguimiento cercano de la situación real durante una progresiva salida del confinamiento.

Mientras tanto, es de una importancia capital conocer con exactitud cuántas personas han sido realmente infectadas. Es clave para salir de la situación en la que nos encontramos. La información sobre el alcance real de la pandemia es imprecisa y todo apunta a que las cifras reales son muy superiores al recuento oficial actual. Debido a las alarmantes cifras de fallecimientos, son muchos los que consideran que el coronavirus es más mortal que una gripe común, cuando por ahora solo sabemos con certeza que es mucho más contagioso. Sin embargo, si las estimaciones están en lo cierto, la proporción de fallecidos sobre infectados sería mucho menor y por lo tanto el virus no sería tan letal.

Un estudio de Imperial College ya apuntaba en esta dirección. La investigación hecha pública la pasada semana calcula que puede haber hasta 7 millones de personas con el virus en España, con 50 casos no diagnosticados por cada contagio. Ahora, el Ministerio de Sanidad ha reconocido oficialmente que coincide con esta visión. Según sus estimaciones, 15 de cada 16 casos de coronavirus en España (93,75 %) aún no se han detectado. De confirmarse esta creencia, la cifra de infectados reales sería superior a 2,5 millones de personas.

Para arrojar luz sobre todo esto, el Gobierno de España ya ha puesto en marcha una gran investigación para conocer el alcance real de las infecciones. De esta forma, un muestreo epidemiológico a 62.400 personas comenzará la semana que viene durante tres semanas. Por su parte, países como Alemania están desarrollando estudios para comprobar hasta qué punto son resistentes a un nuevo contagio aquellas personas que han superado el virus. Además, el Ejecutivo español ha coordinado el lanzamiento en varias CCAA de una 'app' que permite hacer un seguimiento de los contagiados y que está basada en la que lanzamos en Madrid, un proyecto que yo mismo coordiné a petición de Isabel Ayuso.

Un sanitario posa en en una residencia de ancianos en Madrid. (EFE)
Un sanitario posa en en una residencia de ancianos en Madrid. (EFE)

De esta forma, la flexibilización de las medidas de control siempre deberán avanzar en paralelo a la realización de test masivos, tanto para identificar a personas con anticuerpos, como a personas asintomáticas, así como de la implantación de un sistema de organización basado en colores similar al que han puesto en marcha en países como China o Corea del Sur a través de una aplicación móvil. Utilizando los colores de un semáforo, este sistema clasifica a la población por categorías mientras que se controla la enfermedad y se desarrollan tratamientos efectivos. El verde sería para aquellas personas de menos de 40 años o los que ya han pasado la enfermedad; el amarillo sería para aquellos que no han pasado el virus entre 40 y 65 años y, por último, el rojo sería para los más vulnerables, los mayores, así como para aquellos que tengan síntomas o estén contagiados.

Nunca debimos tomar unas medidas de aislamiento como las que se han tomado en España con respecto a los niños

En este punto y teniendo en cuenta la situación en la que nos encontramos, considero que ya se debería permitir que los niños salgan a pasear de forma individual con un acompañante adulto o la realización de actividades deportivas de forma individual al aire libre, siempre manteniendo la distancia de seguridad con otras personas. Esto está ahora permitido por toda la UE y cobra sentido en nuestro país si tenemos en cuenta que en España los niños y los adultos jóvenes son los que tienen una tasa de mortalidad más baja. En realidad, nunca debimos tomar unas medidas de aislamiento como las que se han tomado en España con respecto a los niños.

En este sentido, estamos viendo cómo otros países están implementando políticas diferentes a las de España, menos restrictivas con los jóvenes y más cuidadosas con los mayores. Tal es el caso de Suecia, que no llegó a tomar medidas de aislamiento a menores ni a cerrar los colegios y siempre se han enfocado en proteger a los más mayores. Recientemente, otros países como Dinamarca o Noruega se han sumado a estas medidas, lo que constata de nuevo que un enfoque diferente también puede resultar efectivos. No se trata de aislar absolutamente a toda la población, sino de reactivar la economía mientras protegemos a los más afectados, los más mayores.

Siguiendo esta línea, en un plazo de dos semanas se deberá comenzar a levantar el aislamiento para las personas menores de 40 años sin dolencias médicas preexistentes, que deberán poder ir a trabajar y estudiar. Se trata de una franja de edad con una mortalidad muy baja, prácticamente solo en casos con patologías previas, que se puede exponer a un contagio en un escenario más controlado con unos servicios sanitarios sin saturar, capaces de atender a los infectados. Según señala la ‘Actualización nº 71 - Enfermedad por el coronavirus (COVID-19) del Ministerio de Sanidad, únicamente hay 37 personas menores de 40 años de entre más de 15.000 fallecidos a causa de la enfermedad, por lo que el riesgo que corren las personas de este grupo de edad por salir a la calle es realmente bajo.

En este contexto, resultará prioritario que sean los menores de 40 quienes mayor grado de movilidad tengan. Un escenario en el que puedan utilizar su propio transporte, el transporte público e ir por la calle, siempre usando mascarilla y controlando su fiebre. No es la vida tal y como la conocíamos, pero es un paso hacia la vida normal. Los comercios, restaurantes, tienen que poder abrir. Al principio estarán operados y serán visitados por gente de menos de 40 años. Será un mundo raro. Pero este grupo no salvará a los mayores quedándose en casa, sino ganando el pan para toda la sociedad.

Dos niñas observan desde casa la entrada de barcos mercantes en la bahía de Santander, este miércoles. (EFE)
Dos niñas observan desde casa la entrada de barcos mercantes en la bahía de Santander, este miércoles. (EFE)

En el caso de los ciudadanos más mayores, las medidas deben ser diferentes. En un primer momento tendremos que ser más precavidos y mantener las limitaciones. De esta forma, en el caso de las personas de entre 40 y 65 años -así como de los menores de 40 que convivan con ellas- deberán seguir en sus casas al menos un mes más hasta que los más jóvenes hayan sido inmunizados para lograr así la inmunidad de grupo. Las personas de esta franja de edad también resultan clave como motor de la economía, pero en su caso conviene ser más cautos.

El caso del grupo de mayor riesgo, los ciudadanos más mayores, es más complicado. A pesar de que la única forma segura de que las personas de entre 65 años y 75 años dejen el aislamiento es la existencia de una vacuna, este fragmento de la población podría empezar a salir de su cuarentena un mes después del anterior grupo de edad, aproximadamente en julio o agosto. En ese momento, las probabilidades de contagio a personas mayores de 65 años sería mucho más difícil y, en caso de contagiarse, no correrían tanto riesgo como los mayores de 75 años, ya que la edad promedio de las víctimas mortales en España es de 80 años.

En cuanto a los mayores de 75 años, el grupo de edad con mayor riesgo ante el coronavirus -también muy sensibles a otras afecciones como la gripe común-, mientras no exista una vacuna no hay una forma clara de garantizar su seguridad al estar en contacto con el resto de la sociedad. Con esta franja de edad habrá que extremar las precauciones, limitar su contacto a personas no infectadas o que hayan pasado el virus y realizar un seguimiento constante de su estado se salud.

Una cuidadora ayuda a comer a una anciana en la residencia Casablanca, en el barrio madrileño de Villaverde. (EFE)
Una cuidadora ayuda a comer a una anciana en la residencia Casablanca, en el barrio madrileño de Villaverde. (EFE)

Como vemos, este sistema progresivo de reincorporación de la población a la vida activa, en aproximadamente cuatro oleadas, duraría más de cinco meses y no recuperaríamos una relativa normalidad hasta bien entrado el verano. Y digo relativa porque en ese punto aún habrá que extremar las precauciones: aún tendremos que utilizar una 'app' de seguimiento de la enfermedad, deberemos seguir utilizando mascarillas o aún será necesario mantener aisladas a personas extremadamente vulnerables al virus. Entiendo que dividir a la población por edades en este periodo de reincorporación a la normalidad es discriminatorio. Sin embargo, también es cierto ya ha habido discriminación aplicando las mismas medidas de restricción a los mayores de 75 y a los menores 30, cuando este grupo casi no ha tenido víctimas mortales. Es hora de dar vuelta la política y proteger con una cadena solidaria a los mayores y darle libertad a los menores. Son pasos que, además, seguramente conlleven errores o posibles rebrotes (afortunadamente, con un sistema sanitario ya descongestionado). Solo con mucha cautela y, sobre todo, poniendo en práctica todo lo que hemos aprendido del virus hasta ahora, venceremos.

Tribuna
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