¿Guerra contra el Covid-19? No culpes a la metáfora

¿Pueden las metáforas que usamos transformar nuestra forma de actuar, pensar y sentir? Una reflexión sobre el uso de metáforas bélicas para referirnos a la pandemia.

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Ilustración: María Eugenia Piacentini
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Hay quienes se preguntan si no estaremos errando al tratar al Covid-19 como a un enemigo, nuestros esfuerzos para hacer frente a la pandemia como a una guerra. ¿Pueden las metáforas que usamos transformar nuestra forma de actuar, pensar y sentir? En la discusión actual sobre cómo nos referimos a las enfermedades existen voces que así lo afirman. Como ocurre con el cáncer o el VIH, la comparación con enemigos en una lucha o batalla ha suscitado ciertas críticas o propuestas de cambio.

Para acercarnos a este debate primero debemos definir qué es una metáfora. Para las nuevas ciencias cognitivas del lenguaje, una metáfora no es tan solo una figura retórica fosilizada en textos literarios sino una herramienta esencial del pensamiento: la llamada metáfora conceptual —no lingüística— precede al lenguaje.

La metáfora conceptual, descrita por vez primera en 1980 por George Lakoff y Mark Johnson en su trabajo 'Metáforas de la vida cotidiana' forma parte de una compleja teoría que explica cómo el cerebro da lugar al pensamiento y al lenguaje, y por qué lo cognitivo-emocional depende de capacidades corporales como la percepción y el movimiento. La metáfora conceptual posee un enganche biológico, estos enganches son los llamados esquemas-imagen: estructuras preconceptuales que emergen de nuestra experiencia recurrente del mundo.

Como ocurre con el cáncer o el VIH, la comparación con enemigos en una lucha o batalla ha suscitado ciertas críticas o propuestas de cambio

Algunas de estas estructuras preconceptuales serían: contenedor, trayecto, fuerza o verticalidad. Así, la metáfora conceptual "la vida es un viaje" derivaría del esquema-imagen 'trayecto' (por ejemplo, al decir 'pasan los años') mientras que "la enfermedad es una guerra" derivaría de los esquemas-imagen 'obstáculo' y 'contrafuerza', hay algo en el camino que tenemos que superar. Estas conceptualizaciones a partir de esquemas-imagen difieren de unas culturas a otras: compartimos el enganche biológico del significado de la interacción cuerpo-mente-entorno y sus procesos sociales, mientras que las diferentes manifestaciones del mismo son producto de las propias características, realidad e historia de cada comunidad sociocultural. En otras palabras, las metáforas pueden derivar de nuestra experiencia con el entorno, de especificidades culturales y también del contexto más general.

Usos de la metáfora bélica

La característica más importante y, al mismo tiempo, minusvalorada de la metáfora es la activación emocional que produce. Esta activación depende del contexto en el que la metáfora es creada, recibida, compartida y sentida. Las metáforas conceptuales mediante las que nos referimos a enfermedades, campañas políticas, relaciones interpersonales, negocios o deportes activando el dominio guerra — un dominio, según la lingüística cognitiva, es una organización coherente de la experiencia humana — no implican que todo lo que sabemos de este domio se corresponda con las primeras. Así, todos los mapeos metafóricos son parciales. Otra de las principales características de la metáfora es que es ubicua y la usamos continuamente en cualquier momento de nuestra vida diaria cotidiana: combatimos déficits de vitaminas, le declaramos la guerra al racismo, rescatamos antiguos hábitos, nos rendimos ante la evidencia, la amabilidad nos desarma, no bajamos la guardia, sacamos la artillería pesada y usamos nuestras armas de seducción.

Todos estos ejemplos son mapeos que hacemos desde el dominio 'guerra' a otros dominos como salud, ideologías, costumbres, ideas, emociones, o miedos. Sin embargo, todos estos mapeos metafóricos son parciales. ¿Qué quiere decir esto?

Hemos leído titulares en el último mes como 'En la guerra contra el coronavirus, Europa está perdiendo la batalla de la privacidad'

En titulares de artículos publicados en el último mes hemos podido leer 'Qué va a pasar con el empleo en España: cuál será nuestra guerra'; 'En la guerra contra el coronavirus, Europa está perdiendo la batalla de la privacidad'; 'Alto el fuego en la guerra del petróleo: demasiado pronto para cantar victoria'; 'Guerra entre abogados por las víctimas del Covid' o 'Guerra en el sector de la peluquería por los servicios a domicilio'.

Como el mapeo metafórico es parcial, al leer un artículo sobre la guerra entre abogados nuestro cerebro no activa imágenes de vehículos militares o armas de fuego, solo esa parte de la 'metáfora de guerra' que le sirve para dar sentido a la historia: hay un enfrentamiento donde solo uno de los dos bandos puede ganar. Este mapeo siempre depende del contexto. En el titular: 'Homenaje a un equipo de sanitarios que luchó contra el Covid-19 en la provincia de Hubei', el mapeo implica que los sanitarios hicieron un buen trabajo. En 'El emotivo reencuentro de un anciano con su familia tras vencer al coronavirus', queremos decir que un anciano superó la enfermedad, como en 'Nonna' Alma: la mujer que derrotó al virus con 95 años y da esperanzas a toda Italia'. En 'El rey Felipe en las trincheras del hospital de Ifema' la metáfora implica que el hospital es un refugio. En 'El Ejército avisa a los españoles: "Todos somos soldados"' el mapeo sirve para elevar la responsabilidad de todos. O en 'La paradoja griega: cómo el país que lo tenía todo en contra ha logrado contener al Covid' en la que entendemos que Grecia está gestionando bien la crisis. Por supuesto, en el uso dinámico y situado del lenguaje, esto puede cambiar, podemos manipular estos mapeos y destacar lo que nos interese para nuestros fines comunicativos: nuestra mente es creativa antes que lingüística.

La metáfora no tiene la culpa

En el continuo juego del lenguaje, podemos aludir al uso que hace un líder político en un contexto determinado y criticar sus posibles intenciones, analizar un discurso que parece querer manipular u ocultar información o utilizar la metáfora para defender un nuevo argumento. Pero la metáfora lingüística en sí es una mera herramienta que guía significados, no los contiene. Somos capaces de crear nuevos significados a partir de otros, creando estructuras cada vez más complejas apoyadas sobre otras ya no tan simples: el lenguaje es reflejo de ello, pero no lo que lo hace posible. Al contrario de lo que dicta la célebre hipótesis de Sapir-Whorf (la lengua da forma al pensamiento) la influencia del lenguaje en nuestro pensamiento es discreta, breve y no determinista. Hay pensamiento sin lenguaje, pero no lenguaje sin pensamiento.

Por eso, la "metáfora de la guerra" no significa nada sin sus manifestaciones multimodales, lingüísticas o no lingüísticas. Como ocurre con el cáncer, hay quien señala el uso de ciertas metáforas como poco recomendable. Existe una propuesta por parte de expertos lingüistas para analizar este caso y proponer una guía de buenos usos del lenguaje. Ya que la metáfora conceptual dota de una estructura cognitiva a las expresiones, sería absurdo negar que un ente que ocasiona enfermedad y sufrimiento no sea percibido como una fuerza a contrarrestar, un obstáculo en nuestro camino o un invasor en nuestro cuerpo. En este tipo de estructuras o esquemas-imagen se apoyan las metáforas conceptuales, los mapeos que realizamos para comunicarnos, rememorar, proyectarnos en el futuro, crear nuevas ideas y referirnos a aquello que consideramos más abstracto y complejo. Así, el cáncer es un enemigo y luchamos contra él, hay combates, derrotas, victorias, caídos, daños colaterales y vencedores.

Las metáforas no funcionan igual para todos y la metáfora de guerra puede motivar a muchas personas que sufren una enfermedad

Sin embargo, los mapeos que realizamos en el proceso metafórico son parciales, seleccionamos aspectos de la realidad que percibimos y los hacemos más prominentes y este proceso emerge en la interacción dinámica con otras personas mientras pensamos y hablamos. Así, diferentes usos metafóricos sobre la misma idea podrían guiar el significado con diferentes consecuencias. ¿Es alguien con un cáncer incurable alguien que no vence, que no ha luchado, que se ha rendido, que ha sido derrotado? Para referirnos a una realidad dolorosa el uso de la metáfora de guerra también tiene fines críticos y discursivos. Es el sufrimiento de quien enferma y sus seres queridos el que señalamos cuando analizamos y nos quejamos de la metáfora: lo incómodo, la frustración. Sin embargo, en el mismo estudio mencionado anteriormente, también hay evidencia empírica de que las metáforas no funcionan igual para todos y que la metáfora de guerra puede ser motivadora para muchas personas que sufren una enfermedad. ¿No es acaso este un problema comunicativo en el que tener en cuenta la esencia contextual y dinámica del lenguaje?

Quizás el hincapié haya que hacerlo en valorar, estudiar y considerar las emociones como indistinguibles de la cognición humana. La Neurociencia empieza a explicar que nuestros complejos comportamientos cognitivo-emocionales tienen su base en coaliciones dinámicas de redes de áreas cerebrales que no deben ser divididas en afectivas o cognitivas. Esenciales para las interacciones cognitivo-emocionales son las áreas del cerebro con un alto nivel de conectividad —nodos neuronales con un alto número de enlaces— que son críticas para regular el flujo y la integración de la información entre diferentes regiones. Las emociones no residen en áreas concretas del cerebro, están presentes en toda su estructura. Por tanto, la activación emocional precede a la metáfora conceptual, modula nuestra elección de mapeos y nos ofrece una retroalimentación: ¿qué efecto hemos conseguido, qué emociones hemos provocado?

Al decir que en realidad no estamos en guerra contra el coronavirus estamos activando de nuevo esa metáfora bélica

Cuando nos referimos a una metáfora concreta la estamos activando de nuevo. Al decir que en realidad no estamos en guerra, que llamar héroes y heroínas a las y los profesionales de los cuidados puede desviar la atención de sus necesidades reales, estamos también activando dicha metáfora. "No pienses en un elefante", y el elefante está de repente aquí.

Como la metáfora lingüística en sí misma no es nada, el conjunto de las mentes que la crean y activan son las responsables de lo que todos, como sociedad, pensamos y sentimos sobre su uso. Las propuestas para dejar de usar esta o aquella metáfora son similares a las propuestas para dejar de usar esta o aquella palabra. El lenguaje es dinámico y solo existe en variación, aunque intentemos ser prescriptivos el uso del lenguaje es situado, sujeto a las variaciones cognitivas y emocionales de sus hablantes, a preferencias inestables, acontecimientos y modas. ¿Podemos prohibir metáforas? Podemos castigar a aquel que las usa afeando un mapeo concreto: leer en la prensa "médicos y enfermeros reclutados de hospitales y consultorios" y escuchar al presidente del Gobierno decir en televisión "estamos inmersos en una guerra global que nos incumbe a todos" son experiencias diferentes de la misma metáfora conceptual "un virus es un enemigo".

Médicas y enfermeros son reclutados de hospitales y consultorios, los puestos de control del hospital de Ifema son fuertes custodiados por médicos y enfermeros, un microorganismo es capaz de vencernos, hemos diezmado la Sanidad, las fuerzas armadas desarrollan un operativo para contener la pandemia, los y las profesionales esenciales trabajan en primera línea frente al virus. Todas estas expresiones metafóricas lingüísticas activan el dominio 'guerra' de diferentes formas, con distintos resultados comunicativos.

Una sola metáfora conceptual se expresa de muchas formas en infinidad de discursos y comprender el carácter conceptual y pre-lingüístico de la metáfora nos ofrece una visión más rica de nuestra capacidad de producir expresiones metafóricas, ya sean lingüísticas, visuales, auditivas, etc. Así, nuestra forma de conceptualizar una amenaza es metafórica, las construcciones lingüísticas que surgen de forma situada en diferentes tipos de interacciones son las que están sujetas al cambio y al juego. La mente humana es narrativa, vive en historias, comenzando por la suya propia. Y como en cualquier historia, la creación y activación metafórica produce nuevos significados a través de metáforas conceptuales que surgen, conviven, compiten, desaparecen y regresan. Las interpretaciones de las metáforas son dinámicas, dependen del contexto y del momento en el que las activamos.

Las metáforas residen en cómo pensamos, más que en el lenguaje. No solo las usamos para hablar sobre diferentes aspectos del mundo, también para pensar sobre ellos y, por supuesto, crearlos. A través de procesos cognitivos como el de la metáfora conceptual podemos imaginar, proyectarnos en el futuro, narrar experiencias emocionales, crear realidades. El lenguaje es la punta del iceberg de este proceso, tal y como dijo John McCarthy, el informático ganador de un Premio Turing por su contribución en el campo de la Inteligencia Artificial, "el lenguaje es la espuma en la superficie del pensamiento".

Marta Silvera Roig es doctora en Ciencias Cognitivas e investigadora en la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Universitario de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Ilustración de la artista multidisciplinar María Eugenia Piacentini.

Tribuna
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