Un taxi con una 'app' sigue siendo un taxi: la gran falacia de las tecnológicas

'Fintech', 'legaltech', 'foodtech'… Todo el mundo quiere ser 'tech', pero en realidad se trata solo de un disfraz. Las auténticas empresas de tecnología no mueven átomos sino 'bits'

Foto: Foto: Europa Press.
Foto: Europa Press.

Un servicio de taxis se convierte en el primer unicornio tecnológico español superando los 1.000 millones de valoración. Una tintorería con una 'app' recibe una decena de millones de inversión. Una distribuidora eléctrica se dispara en el MAB. Aparentemente, los inversores creen que están invirtiendo en empresas tecnológicas. Y no es así. No es lo mismo una empresa que usa la tecnología para un negocio que una empresa donde el negocio es la propia tecnología; en definitiva, un taxi con una 'app' sigue siendo un taxi.

'Fintech', 'proptech', 'energytech', 'legaltech', 'edtech', 'foodtech'… Todo el mundo quiere ser 'tech'. Ser una empresa tecnológica significa entrar en el nirvana de los negocios. Una empresa 'tech' joven que apenas factura puede tener una valoración superior a una empresa tradicional madura que factura 10 veces más. Esa valoración especulativa tiene sentido. Las tecnológicas pueden crecer hasta hacerse inmensas en pocos años y producir márgenes de beneficios insólitos. YouTube fue adquirido por 1.650 millones, una cifra que en aquel momento parecía una locura injustificada y ahora es obvio que fue una ganga.

Las auténticas empresas de tecnología no mueven átomos sino 'bits'. En consecuencia, no hablamos de las ventajas de economías de escala clásicas, hablamos de una 'escalabilidad suprema' donde cuesta lo mismo dar servicio a 1.000 clientes que a un millón. No hablamos de una tecnología que meramente reduce costes, hablamos de costes por cliente que tienden a ser cero. A nivel financiero es simple, las empresas tecnológicas tienen márgenes de otra galaxia. La distinción no es trivial, son precisamente esas empresas, y no otras, las que hacen a Silicon Valley ser lo que es.

Si estar posicionado como 'tech' tiene infinitas ventajas y “cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”, la tentación de hacer 'el truco' en lugar de desarrollar la tecnología es muy grande. Algunas empresas usan una retórica revolucionaria de disrupción tecnológica, pero en la práctica revenden una 'commodity', usan tecnologías estandarizadas al alcance de cualquiera y su ventaja competitiva real es otra, por ejemplo, ofrecer una buena financiación para la instalación de paneles solares o ahorrar costes con mensajeros sin relación laboral. En ciertos casos, sí se crea una tecnología innovadora, pero el enrutado de taxis con algoritmos de inteligencia artificial no cambia la estructura del negocio de los taxis, que sigue siendo fundamentalmente un negocio de conductores, combustible y coches.

El cofundador y consejero delegado de Cabify, Juan de Antonio. (EFE)
El cofundador y consejero delegado de Cabify, Juan de Antonio. (EFE)

Algunas empresas usan el disfraz 'tech' para captar una gran inversión con la que financiar su crecimiento y ofrecer precios baratos a pérdida, esperando una futura tecnología, economías de escala o que por arte de birlibirloque salgan las cuentas. Sin embargo, una empresa tecnológica primero crea una tecnología escalable y luego capta los clientes, no al revés. La estrategia de 'coger tamaño' como ventaja competitiva es una estrategia clásica en los negocios estilo Florentino, pero no en los tecnológicos.

Cuando una empresa está en crecimiento, es difícil saber si hay escalabilidad tecnológica o truco, pero es fácil observar estrategias concretas, por ejemplo, la de internacionalización. Las empresas tecnológicas se internacionalizan muy pronto porque mueven 'bits' y no átomos, todo está automatizado, no hay fricción con el mundo físico, generalmente les basta con traducir y ofrecer soporte en distintas lenguas. Por el contrario, las empresas no tecnológicas tienen grandes dificultades para salir del mercado español.

Apostar por un 'software' para hoteles está bien mientras tengamos claro que no estamos ante una empresa tecnológica

Algunas tienen procesos 'offline', por ejemplo, ventas vía comerciales. Otras son un 'copycat' adaptado al mercado español y no pueden crecer fuera. Pero si hablamos de crear tecnología escalable y por tanto crecer, ¿qué sentido tiene validar un negocio tecnológico en un mercado tan pequeño y poco sofisticado como el español? A estos negocios se los reconoce rápidamente porque en su sección de notas de prensa anuncian la apertura de nueva oficina de ventas en Sao Paulo y su expansión se centra en Latinoamérica.

Reuters.
Reuters.

En España, tenemos pocas empresas 'tech', porque la mayoría de empresarios, emprendedores e inversores provienen del mundo de los negocios, los MBA y no de la tecnología. La ventaja competitiva de los perfiles de negocio es su conocimiento del mercado, los clientes, las finanzas o su potente red de contactos. En cambio, las empresas genuinamente tecnológicas suelen ser fundadas por perfiles tecnológicos que son intelectual y físicamente capaces de construir la primera versión del producto. En sus inicios, estos perfiles tecnológicos no saben nada de negocio, pero lo aprenden, a diferencia de los perfiles de negocio, que raramente hacen el proceso inverso.

En ecosistemas tecnológicos maduros, hay gran cantidad de emprendedores tecnológicos que han tenido éxito y, a su vez, se han convertido en inversores porque tienen 'ojo tech'. Este ojo es necesario porque desde fuera es muy complicado comprender una empresa de tecnología pura. El mercado español aún está inmaduro, pero la buena noticia es que está madurando muy rápido, el colectivo de fundadores 'tech' convertidos en inversores es cada vez más grande e incluso algunos fondos están incorporando emprendedores 'tech' con historias de éxito. Apostar por un 'software' SaaS para hoteles de un fundador con un caballito en la camisa y un 'pitch' impecable está bien mientras tengamos claro que no estamos ante una empresa tecnológica. Las empresas 'tech' son mucho más locas y arriesgadas y sus fundadores muy poco ortodoxos, pero son empresas muchísimo más rentables potencialmente. Las empresas tecnológicas son únicas y también son las únicas que pueden cambiar el modelo productivo de nuestro país.

Tribuna
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