Facebook o los grandes retos
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Facebook o los grandes retos

"Me prometisteis colonias en Marte; en cambio, recibí Facebook.". Con esta declaración Buzz Aldrin expresaba su decepción ante un presente que asemeja a una versión empeorada de nuestro pasado inmediato

Foto: Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay.
Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay.

De la Tierra a la Luna. “Me prometisteis colonias en Marte; en cambio, recibí Facebook”. Con esta declaración, Buzz Aldrin, astronauta del Apollo 11, expresaba su decepción ante un presente que asemeja una versión empeorada de nuestro pasado inmediato. Más de 1.000 millones de personas todavía no tienen electricidad, millones carecen de agua potable y el clima está cambiando rápidamente sin que haya respuesta alguna en el horizonte. “¿Por qué ya no podemos responder a los grandes desafíos?”. El MIT lanzó, hace tan solo unos meses, esta pregunta en la portada del 'Technology Review', en la que la frustración expresada por Aldrin cobraba más fuerza aún en plena crisis covid. La capacidad de la humanidad de resolver grandes problemas está ahí, la velocidad de desarrollo de las vacunas lo demuestra, pero algo ha ocurrido cuando en las últimas décadas la inversión y esfuerzos se han redirigido a otros cometidos. Y esto tal vez cambie, a golpe de crisis.

Un mundo feliz. Los tecnólogos parecen haber desviado su labor produciendo y enriqueciéndose con juguetes triviales. Se habla de una escasez de verdadera innovación, de tecnologías disruptivas. Silicon Valley, los mercados financieros, el sistema de incentivos que proporciona el capital riesgo en la creación de nuevas empresas, o el enfoque de empresas cotizadas en una carrera de tres meses para demostrar beneficios financieros, no parecen haber estado alineados con los grandes retos. Han alejado las fuentes de financiación de iniciativas de transformación que no poseen un retorno inmediato obvio y, en su lugar, han actuado con frecuencia como promotores de proyectos que generan artilugios superfluos con rápidos retornos. Intuitivamente, se percibe una correlación entre la renuncia a encarar los grandes desafíos y la concentración de recursos económicos en desarrollar propuestas de menor retorno social pero alto componente lúdico.

Foto: (EFE) Opinión

El lobo de Wall Street. Realicemos este sencillo ejercicio: primero, contabilizar las 20 principales OPV en cada década en los tres principales mercados de valores, NYSE, Nasdaq y LSE, en los últimos 30 años. Después, dividir el número de trabajadores que componían cada empresa entre el valor de salida a bolsa y, por último, hacer la media empleados/capitalización bursátil por década. El resultado final, ninguna sorpresa aquí, es una pauta descendiente en la ratio de valoración de empresa y creación de empleo, década tras década. La muestra no es estadísticamente significativa, lo admito, pero avala lo que apunta la intuición.

Regreso al futuro. La actual crisis en que está inmerso el mundo va a suponer irónicamente una aceleración de una transformación que ya estaba latente. La convergencia de tecnologías de comunicación, con nuevos sistemas de energía (renovables, hidrógeno y eficiencia), los nuevos métodos de manufactura digitales o la progresiva hibridación tecnológica en ámbitos como el agroalimentario darán lugar a esta revolución. El futuro se ha demorado porque se han incentivado otros cometidos, pero esta transformación económica llegará, sean quienes sean los ecosistemas finales. Por eso toca posicionarse ahora.

Foto:  Opinión

Vacaciones en Roma. La fortaleza industrial del Viejo Continente está precisamente en aquellos sectores capaces dar respuesta a los grandes retos. Los avances emergentes en áreas como energía, alimentación, ciencias de la vida, movilidad, medio ambiente o comunicación transformarán nuestra economía y sociedad. Y ha sido en momentos de crisis en donde se ha forjado la visión económica y social compartida que es hoy Europa. Nos encontramos como Adenauer, Monnet, Schuman y Gasperi, en la necesidad de reformular, a la salida de una crisis, nuestra economía y nuestra sociedad.

Los sospechosos habituales. Una prueba del algodón sencilla, los proyectos verdaderamente transformadores de la iniciativa Next Generation EU, serán aquellos vinculados a dar respuesta a grandes retos. Si Europa quiere liderar el futuro, y nuestro rincón del continente quiere usar este momento de cambio profundo para volver a hacer evolucionar nuestro tejido industrial como ya hemos hecho en crisis anteriores, tenemos que desarrollar una fórmula de partenariado público privada que nos permita acomodar estrategias y objetivos duraderos: Ser competitivos, primero seleccionando y promoviendo sectores industriales de alto valor agregado, con un horizonte de planificación a largo plazo. En segundo lugar: coherencia y riesgo. No eligiendo un grupo de empresas y subvencionándolas, sino construyendo mimbres de ecosistema, ayudando a proyectos que impulsen saltos evolutivos, sobre capacidades ya existentes y, siempre, con visión global.

Foto: Foto: Laura Martín. Opinión

Europa, Europa. Rousseau afirmó que cuando los problemas son realmente importantes, preferimos estar equivocados a no tener respuesta. Por ello es vital dar una respuesta a la crisis actual y ocupar ese espacio, arriesgarse aun si se cometen errores. O el futuro vacío que queda sin propuestas lo ocuparán los populismos o las dinámicas que provengan más allá de Europa. El proceso de integración europea se inició para preservar el bienestar y el futuro de Europa. Los padres fundadores de la Unión Europea crearon un espacio económico, un plan de crecimiento de sectores industriales de futuro… Y, sobre todo, un relato para el continente. En estos momentos el mundo que prometía un bienestar sostenido está roto y nuestra sociedad puede avanzar hacia mayores cotas de desigualdad. Debemos de focalizarnos en sectores de la economía real que den respuestas a estos retos. Ese es también el relato. Nuestro futuro, el futuro de las próximas generaciones en Europa, debemos fabricarlo. Literalmente.

*Asier Alea Castaños. Director de Desarrollo Global del Basque Culinary Center. Licenciado en Economía y Relaciones Internacionales. MSc Political Economy y MBA. Boston University, Universidad de Oxford y MIT.

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