El reinado de las STEM cae: llega el imperio de las habilidades blandas (y los andaluces estamos de moda...)
Es urgente que todo el sistema educativo entienda cómo está impactando la IA en el mercado de trabajo y en las habilidades que este comienza a demandar
Y hago esta reflexión con un tono picaresco porque nuestra tierra, de eso que llaman competencias emocionales, es decir, de las mal llamadas, como explicaré en un momento, habilidades blandas(soft skills), estamos bastante servidos en nuestro ADN, cuestión que no nos exime de trabajarlas y potenciarlas.
Todos tenemos muy claro que las nuevas tecnologías en general y la inteligencia artificial (IA) en particular están cambiando y revolucionando el mercado de trabajo. Ya son muchas las personas que se unen al movimiento anti-IA bajo el firme convencimiento de que nos va a dejar sin trabajo a gran parte de la población. Francamente, no conozco ningún caso, al menos en los últimos 200 años de nuestra historia industrial, en el que la llegada al mercado de una tecnología relevante y disruptiva no haya provocado un movimiento ludita y radical en contra de la implantación y uso generalizado de la misma, al menos, durante las primeras etapas.
Desde los primeros años del siglo XXI hemos estado escuchando que el nuevo mundo, lleno de tecnologías, incertidumbre y velocidad de cambio, requería del desarrollo y aprendizaje de unas habilidades técnicas que se han aglutinado bajo la era del reinado de las STEM, acrónimo en inglés que hace referencia a la formación en las áreas de conocimiento de ciencia, tecnología, matemáticas e ingeniería. Estas habilidades y competencias son habitualmente llamadas habilidades duras o de core, en definitiva, las famosas "hard skills". Esta visión derivó en la inexistencia de debate sobre la idoneidad del mix de habilidades y competencias profesionales con las que teníamos que formar a nuestros jóvenes y mayores. Era obvio, si las matemáticas y la computación eran e iban a ser las competencias más demandadas y mejor remuneradas en el mercado de trabajo, tanto en el presente como en el futuro más o menos visible, pues todos a orientar nuestros sistemas educativos a la optimización de esas competencias profesionales.
En este año 2025 las cosas han cambiado sustancialmente en el Foro Económico Mundial a la hora de presentar su informe de previsión de las habilidades profesionales que van a ser más demandadas y mejor remuneradas para el año 2030. Obviamente, siguen apareciendo las habilidades profesionales relacionadas con el conocimiento matemático y computacional pero, de pronto, han empezado a aparecer en el cuadrante superior derecho de la gráfica, es decir, en la zona donde se sitúan las habilidades que serán más demandadas y que mayor remuneración económica alcanzarán, las habilidades llamadas blandas o "soft skills". En estas proyecciones han irrumpido con fuerza habilidades tales como pensamiento creativo, talento en la gestión empresarial, motivación y autoconocimiento, resiliencia, flexibilidad y agilidad de planteamientos, liderazgo e influencia social, curiosidad y capacidad para aprender a lo largo de toda la vida, en fin, habilidades en las que se piensa que una IA no podrá reemplazar, al menos totalmente, la intervención y el trabajo humano.
Estamos empezando a comprender que habilidades como el pensamiento técnico y computacional son más fácilmente sustituibles por la IA que las habilidades y competencias volitivo-emocionales. Al menos desde mi punto de vista, observo una evidente falta de debate en torno a esta cuestión. No sé realmente las motivaciones para ello, puede que los más aventajados sepan que asumir este nuevo planteamiento como cierto, implicaría reorientar nuevamente todo el sistema educativo hacia la formación de estas nuevas competencias profesionales con el coste económico y humano que ello supondría para el estado. O puede que sea por simple ignorancia de lo que está ocurriendo en el mundo, o si realmente conocen este nuevo rumbo de las competencias profesionales puede que sea por una evidente falta de visión estratégica. La cuestión es que la IA está provocando este nuevo rumbo y que las nuevas competencias profesionales han venido para quedarse . A partir de ahora, las competencias y habilidades profesionales hard serán las antiguamente mal llamadas soft y, es posible, que las STEM sean competencias que lentamente vayan comoditizándose y siendo menos valoradas.
Tenemos un gran reto para abordar esta nueva situación y el sistema educativo debería liderar el cambio. Tenemos que empezar a formar intensamente a nuestro capital humano en estas habilidades, obviamente sin olvidar la importancia de las STEM, para aumentar nuestra capacidad competitiva en este nuevo mercado de trabajo.
Soy muy consciente de que muchos de nosotros hemos crecido con la idea de que este tipo de habilidades blandas están directamente relacionadas con el ADN de cada persona y, que, por tanto, son menos entrenables. Ese meme o creencia también penetró en el mundo de la educación por lo que la formación en la escuela en habilidades tales como pensamiento creativo, liderazgo, comunicación u oratoria brillan por su ausencia excepto en maravillosas excepciones. El error y falta de comprensión en torno al mundo de las mal llamadas soft skills es brutal. Igual que existen personas que dentro del espectro de las inteligencias múltiples, tienen mayor facilidad para el pensamiento matemático, tenemos otras muchas que tienen mayor facilidad para el pensamiento creativo o para empatizar e influir en otras personas. Tu ADN de nacimiento solo te marca tu punto de partida en una serie de habilidades y competencias profesionales concretas, tanto técnicas como volitivo-emocionales, pero jamás definirá tu capacidad futura para desarrollar y optimizar esas competencias con trabajo, constancia y esfuerzo.
Por todo ello, al menos a mi juicio, es urgente que todo el sistema educativo entienda cómo está impactando la IA en el mercado de trabajo y en las habilidades que éste comienza a demandar. Deberíamos tener la firme intención y convicción de integrar en todas las etapas de nuestros currículums educativos de formación reglada la educación en este tipo de competencias. Se lo debemos a nuestros jóvenes, al menos, hacerlo con la misma intensidad y vehemencia con la que lo hicimos en el siglo XX para implantar los curriculums relacionados con las STEM.
Ya, ya sé que es un cambio significativo y que requiere de adaptaciones estructurales del sistema educativo, pero o vamos implementando e integrando este tipo de competencias en nuestro sistema educativo o, como hacemos últimamente, seguiremos perdiendo capacidad competitiva del capital humano de nuestro país.
Sin más, os deseo salud, agua y aire para enfrentar el camino, que lo demás, ya saben, lo ponemos nosotros. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.
*Paco Ávila, empresario.
Y hago esta reflexión con un tono picaresco porque nuestra tierra, de eso que llaman competencias emocionales, es decir, de las mal llamadas, como explicaré en un momento, habilidades blandas(soft skills), estamos bastante servidos en nuestro ADN, cuestión que no nos exime de trabajarlas y potenciarlas.