Cristina y Preysler, infantas y pagafantas

Todos recordaremos lo que estábamos haciendo aquel día. Yo al menos sí lo haré, porque no puede ser casualidad que me enterara de lo de la infanta viendo el primer capítulo de 'Los Tudor'

Foto: Ilustración de Paco Sordo realizada para 'Vanitatis'
Ilustración de Paco Sordo realizada para 'Vanitatis'

Todos recordaremos lo que estábamos haciendo aquel día.

Yo al menos sí lo haré, porque no puede ser casualidad que me enterara de lo de la infanta viendo el primer capítulo de Los Tudor, una serie que se estrenó hace la friolera de ocho años. Mi móvil sonaba insistentemente, pero yo estaba demasiado ocupado como para atenderlo. La filóloga Núria Tiburcio no paraba de mandar mensajes apocalípticos sobre la jodida inmediatez periodística, mientras en mi televisor Enrique VIII se encamaba con una doncella de su necia esposa Catalina de Aragón, carne inequívoca de destierro. ¿Acaso no puede esperar la actualidad a que Su Majestad termine de echar un polvo?

De aquellos polvos, por cierto, estos lodos.

Aún con el rey inglés sin terminar de desahogar, leí detenidamente los whatsapps recibidos. “El Rey [ahora el de España] revoca el título de duquesa de Palma a su hermana Cristina”. Cómo es de caprichosa la historia… Sobre todo cuando lo sincrónico se confunde con lo diacrónico. Al mismo tiempo que Enrique VIII dejaba de estar empalmado, el duque 'Em...Palma...do' dejaba de serlo. Siempre es así, pasa como con los diamantes: un orgasmo real solo se puede rayar con otro orgasmo real.

Los Borbón piden paso, Los Tudor en pause.

Tampoco puede ser casualidad que tres horas antes de que la duquesa de Palma abdicara o la abdicasen, dos formas igualmente válidas (o eso parece) de un mismo tiempo verbal, un servidor estuviese leyendo en la hemeroteca de El País un texto de Francisco Umbral fechado el 15 de abril de 1978 y titulado El Reloj. Prefiero no contar el porqué de esta extraña lectura, pero lo importante no es la forma, sino el fondo. Y en el fondo la cosa tiene gracia.

Corría el día 7 de abril de 1978. Carmen Franco Polo, hija del dictador y marquesa de Villaverde (marquesa o duquesa, tanto monta), es detenida justo cuando se dispone a coger un avión con destino a Ginebra. Sí, Ginebra. La Policía encontró en su bolso de mano, que era un bolso como para llevarlo bien sujeto, un gran lote de monedas, relojes, además de las más valiosas condecoraciones concedidas a su padre, El Caudillo, que a todas luces viajaban en primera clase directas a la caja fuerte de un banco suizo. Ella dijo que quería fundir aquel vil metal para hacerse un reloj de cómoda. Y en ese viaje gitano hacia el Monte de Piedad suizo se encontró primero con la Policía y después con la pluma de Umbral, mucho más de temer, sin duda.

Cuarenta años de imperio, guerra civil fáctica o latente, cuarenta años de represión, muertes, garrote y prensa (…) cuarenta años de diario hablado, Nodo y Carabanchel, cuarenta años de adhesión inquebrantable y medallas de oro para conseguir un reloj de cómoda. (…) Aprendamos la lección de Historia, queridos niños, la lección de la Historia. Aprendamos que una dictadura, por imperial y cesárea que sea, acaba siempre en un reloj, una lámpara de mesa o un boliche de escalera. Y para eso tanta sangre.

40 años después los regímenes ya no son los mismos, pero sí sin embargo los relojes de cómoda. ¿Cuántos viajes a Ginebra han hecho las marquesas y las duquesas desde entonces? ¿Cuántos oros han fundido? "No sé. No me consta". Soy otra esposa tonta, señor juez. En la salud y en la enfermedad, en la licitud y en el delito, todos los días de mi vida.

Y mientras tanto Los Tudor todavía en pause, con Enrique VIII con las calzas por las rodillas. 

...

El puente aéreo Madrid-Ginebra está hoy a rebosar, como casi siempre. Las infantas se van y las reinas (de corazones) vuelven. Se cruzan todas las Cármenes Franco por los pasillos de un Barajas hoy ya sin duda democratizado gracias a una placa en la que se puede leer: Aeropuerto Adolfo Suárez.

-¿Sabes la diferencia que hay entre tú y yo, Cristina? -dice una mujer con rasgos orientales que se aparece entre el runrún de maletas-. Yo no me enamoro, yo negocio las condiciones -concluye-. 

“Abierta en canal como una tórtola por el cuchillo del amor. Rajada y latiendo, yo. Lenta masturbación, yo. Chorro de almíbar, yo", escribe Vargas Llosa, que es el que paga la Fanta en esta ocasión.

Preysler o Cristina. Esposa lista o esposa tonta. Fanta o infanta, esa es la cuestión. ¿Una mera formalidad? Por supuesto que no. Dos formas distintas de hacer el mismo viaje; porque no es lo mismo llevar el oro a fundir que traerlo ya fundido. 

En la formalidad estaba, claro, la clave de todo. ¿Fanta o infanta? ¿Duquesa o no duquesa? Si Umbral dice que toda dictadura acaba en un reloj, toda democracia debe empezar necesariamente en otro. Y por lo ocurrido este último jueves en España, justo cuando fornicaba el rey Enrique VIII de Inglaterra, Felipe VI lee mucho a Paco Umbral. Aprendamos la lección de Historia, queridos niños, la lección de la Historia.

Carta de Ajuste
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