Calleja, que parezca un accidente
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Nacho Gay

Carta de Ajuste

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Calleja, que parezca un accidente

Hombre, Calleja, yo solo te había pedido que dieras un sustillo a esta gente, porque se lo merecen un poco, pero lanzar a Soraya Sáenz de Santamaría desde los cielos o darle tres vueltas de campana a Rivera… creo que te has pasado un pelín, amigo

Foto: Ilustración realizada por Paco Sordo para 'Vanitatis'
Ilustración realizada por Paco Sordo para 'Vanitatis'

Nunca he comprendido del todo al Monstruo con el que convivo, pero he de decir que ahora bastante menos, después de que haya decidido de forma unilateral que no “necesitamos” el Yomvi. Entrecomillo el “necesitamos” porque la triste noticia se me comunicó así, con un plural inclusivo del que jamás hubiera querido formar parte. Ese día no dije nada, por no discutir, pero he decidido abrir el cajón de mierda y contarlo aquí.

Para aquellos que no lo sepan, Yomvi es el canal a la carta del Plus. Barra libre de películas y series. Pero sobre todo era mi mejor amigo. Siempre estaba ahí, dispuesto a sacarme una sonrisa, daba igual el día, la hora, si mi karma estaba en paz o pintaba en bastos sobre el tapete de la vida. El hecho es que ahora me las paso con la única compañía de la televisión generalista y eso es muy peligroso, sobre todo para un maníaco depresivo. De hecho, creo que de aquí a unos días me estaré gastando más en Prozac de lo que me costaba el dichoso Yomvi, por lo que sin duda “habremos” hecho, el Monstruo y yo, haciendo acopio de ese tipo de plural que tanto se gasta, una indudable mala inversión.

He visto también el nuevo programa de salud de La 1, 'Esto es vida'. No contemplaba un espectáculo tan gagá desde la triste desaparición de Las Virtudes. Dios las tenga en su gloria

He de reconocer, no obstante, que, gracias al Monstruo, es la primera vez en mucho tiempo que voy a escribir en este blog de algo que he visto con mis propios ojos y no de algo que estaba ocurriendo en Telecinco mientras yo veía una película en el Plus. No se asusten, esta forma de obrar es común entre los periodistas españoles. He visto con mis propios ojos cómo uno de los críticos cinematográficos más respetados de este país, con cuatro o cinco columnas en el Olimpo, dependiendo del día, abandonaba una película cuando quedaban 40 minutos de metraje y después la ponía por las nubes. Supongo que le gustó sobre todo el final de la cinta. Un final como pocos a los ojos de su merced. Un final que, de hecho, sus ojos no habían visto.

placeholder Cristina Lasvignes en el programa 'Esto es vida'
Cristina Lasvignes en el programa 'Esto es vida'

Esta semana, mi primera sin Yomvi, he visto cosas en las generalistas que vosotros no creeríais. Naves de guerra ardiendo más allá de Orión. He visto rayos-C resplandecer en la oscuridad. He visto también a cinco tíos disfrazados de 'causa sospechosa' de ictus en el nuevo programa de salud de La 1, 'Esto es vida'. Hacía lo menos siete años, desde que se me rompió aquel espejo, que no veía la televisión pública por la tarde. Siete años de buena suerte, parece ser. No contemplaba un espectáculo tan gagá desde la triste desaparición de Las Virtudes. Dios las tenga en su gloria. Yo no tengo nada en contra de la gente que confunde el servicio público con la geriatría, porque no soy un talibán del lenguaje, pero no entiendo por qué se trata a los abuelos como si fuesen gilipollas. Síntoma 2 del ictus: “Soy la confusión y provoco eso, confusión. Dificultad para concentrarse”. Esto lo dice un tío disfrazado con un antifaz en el marco de una rueda de reconocimiento. #SeñorLlévamePronto

Convencí a mi madre para que diera este miércoles una oportunidad al nuevo programa de TVE, pero de seguido la llamé y le dije: “Mamá, es mejor que veas Sálvame”.

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Y allí estábamos los dos, mi madre y yo, porque la familia unida jamás será vencida, viendo a Amador Mohedano este viernes en 'Sálvame', dándonos un baño de Cultura. Popular, sí, pero Cultura al fin y al cabo. Me estoy haciendo mayor. Los viernes de mi adolescencia los pasaba viendo las películas porno del Plus. Toda una aventura, porque además lo hacía en su versión codificada, lo que me ayudó mucho a desarrollar mi imaginación. Después, a los veintipocos, salía de fiesta con mis amigotes. En los ventimuchos ya me entregué a la mantita y al Yomvi. Y ahora… ahora veo 'Sálvame' con mi madre. A este paso acabo votando a Vox. Lo veo venir.

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Quizá me vea obligado a hacerlo, porque puede que este año lleguen pocos políticos vivos al 20-D, sobre todo si siguen apostando por acudir al programa de Jesús Calleja. Hombre, Calleja, yo solo te había pedido que dieras un sustillo a esta gente, porque se lo merecen un poco, pero lanzar a Soraya Sáenz de Santamaría, que además es peso muerto, desde los cielos, o darle tres vueltas de campana a Albert Rivera… creo que te has pasado un pelín, amigo. Yo te dije: “Calleja, que parezca un accidente”, pero un ucraniano hubiese sido sin duda más sutil que tú.

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Cuando te pedí lo de Bustamante, para ver si de la impresión tardaba un poco más en sacar su próximo disco, te portaste bastante mejor. Un arañacito en el ojo de un lobo salvaje de Noruega y David ya estaba afónico perdido. Me cuentan que cuando su esposa, Paula Echevarría, conoció la tragedia, puso esta cara:

placeholder Paula Echevarría, en una imagen de 'Velvet'
Paula Echevarría, en una imagen de 'Velvet'

Bueno, en realidad es un 'frame' de la serie 'Velvet', pero como en todas las escenas pone el mismo gesto, supongo que también lo usó aquel día.

No obstante, la culpa no la tienes tú, Calleja, porque a ti te pagamos Vasile y yo, y, al fin y al cabo, lo que has hecho es lo que tienes que hacer. Todo por la pasta, sí señor. La culpa la tienen ellos, los famosos, los políticos en última instancia, que se han apuntado a la moda del 'quién da más'. Que tú bailas en 'El Hormiguero', yo toco la guitarra. Que tú te tiras de un globo aerostático en marcha, yo me doy una vuelta (de campana) por una cuneta. Los votos se han puesto sin duda muy caros. Con lo fácil que eran estas cosas antes, que le dabas 50 euros al tonto del pueblo el día de las elecciones y te montaba un pucherazo.

La culpa de todo la tienen los profesores de periodismo, que se pasan la vida contando la anécdota del debate presidencial Nixon contra Kennedy del 26 de septiembre de 1960, cuando el primero no se quiso maquillar y además sudaba como un pollo sobre su traje gris perla triste, mientras su contrincante iba hecho un pincel. Todo el mundo se ha creído esa historia de mierda sobre el infinito poder de la televisión, que yo creo que se la inventó Vasile, y hasta que no muera alguien a manos de Jesús Calleja no van a parar.

¿Saben? Todo esto me recuerda al argumento de una película, 'Ciudadano Bob Roberts', de Tim Robbins, en la que un político americano sin demasiados escrúpulos llega a la presidencia de EEUU tras convertirse en un mártir paralítico. Recuerdo aquel viernes en el que vi dicho filme en el Yomvi. Ay (largo suspiro), qué tiempos aquellos…

Jesús Calleja Soraya Sáenz de Santamaría
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