'Cadena perpetua' para Dani Rovira
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Nacho Gay

Carta de Ajuste

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'Cadena perpetua' para Dani Rovira

Sí, ya sé lo que están pensando, que esta va a ser la típica crónica del día después de los Goya en la que un amargado va a intentar destrozar la ceremonia a cañonazos. Y sí, para qué engañarles, así es

Foto: Dani Rovira, en los Goya. Ilustración de Paco Sordo
Dani Rovira, en los Goya. Ilustración de Paco Sordo

Si el rostro es de veras el mejor espejo del alma, el alma del bueno de Tim Robbins era ayer una anciana pidiendo auxilio o, más gráfico aún, tenía la jeta prestada de Shelley Duvall en 'El resplandor', justo en ese momento de la película en el que un hombre cuya actitud no entiende intenta interactuar con ella a base de hachazos. Sí, ese hombre era Dani Rovira. El bueno de Dani. Un cómico víctima de un guion. La historia de gran parte de nuestro cine. Y mira que Tim Robbins es un tío con paciencia, un tío que ha soportado incluso una 'Cadena perpetua'. Pero ayer estaba el pobre maldiciendo la hora en la que abrió un túnel en su celda con un martillo de gemas para escapar de la cárcel de Shawshank y acabar en la gala de los Goya.

Sí, ya sé lo que están pensando, que esta va a ser la típica crónica del día después de los Goya, en la que un amargado, probablemente un director de cine frustrado, o algo así, va a intentar destrozar la ceremonia a cañonazos. Y sí, para qué engañarles, están ustedes leyendo exactamente ese tipo de crónica. Una escrita con mala baba. La baba de todos los años. ¿Pero acaso tenemos la culpa nosotros, los amargados?

Algo va mal cuando el momento más vivo de una ceremonia de premios es sin lugar a dudas el 'in memoriam'

No, amigos. Al menos, no toda. Porque si uno ha hecho el ridículo 30 años consecutivos, ni uno ni dos, haciendo números musicales en riguroso 'playback' protagonizados por lo más granado de nuestro cine, entonces, tienen que reconocerlo, no puedes abrir tu gala de 30 cumpleaños con uno de esos números. No te lo puedes permitir. Y si lo haces, si lo haces en un ejercicio de moral 'alcoyanera', ahí te arriesgas a que un amargado te escriba al día siguiente una crónica mal parida. Eso sí, hoy sabemos que Manuel Bandera sigue vivo después de ese vibrante arranque. Gracias.

Miren, algo va mal en el cine español, eso está claro. Lo suponíamos desde hace tiempo, pero ayer tuvimos la oportunidad de confirmarlo. Algo va mal cuando la mejor actriz de tu gala es Isabel Preysler, cuando el mayor galán de tu alfombra es el octogenario Mario Vargas Llosa, cuando el mejor guion es sin duda para ambos por ese 'Jurassic Love' que nos vuelve a todos locos, incluso a la Academia. Otra gran clase de marketing de la musa de Porcela-Llosa y su querido.

Algo va mal, qué duda cabe, cuando esperas que ese presidente diga de un momento a otro “mayormente”, cuando crees que al final podría ser todo un sueño pero te das cuenta de que esta vez no; cuando lo mejor que se te ocurre para homenajear a Buñuel es un tamborrada a la una de la madrugada, o cuando en una gala de cine todo lo cinematográfico queda a un lado.

Algo va mal cuando el momento más vivo de una ceremonia de premios es sin lugar a dudas el 'in memoriam'.

Remontó la cosa pasada la una de la madrugada, no solo porque la gala, la peor de los últimos años, tocó a su fin, sino porque, al menos, algo es algo, ganó 'Truman', que no es ese tipo de película que hay que ver, pero que al menos se deja ver. La gran perdedora, a Dios gracias, fue 'La novia', un ejercicio de retórica sobre retórica (la de Lorca) que buscando lo bello se encontró con lo vacuo. La trigésima gala de los Goya hizo un viaje de tres largas horas igual de estéril en busca del territorio del espectáculo. Y como volvió a caer en terreno yermo, nosotros no tuvimos más remedio que ayudar a Tim Robbins a buscar el túnel de vuelta al presidio de Shawshank, de donde nunca deberíamos haber escapado.

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