las series intentan superar el éxito de la novedad

'True Detective' se enfrenta al síndrome de la segunda temporada

El domingo regresa a HBO 'True Detective' con su segunda temporada, un estreno que en nuestro país emitirá simultáneamente Canal+ y sobre el cual hay expectativas muy altas

Foto: Collin Farrell, protagonista de la segunda temporada de 'True Detective'. (HBO)
Collin Farrell, protagonista de la segunda temporada de 'True Detective'. (HBO)

El domingo regresa a HBO True Detective con su segunda temporada, un estreno que en nuestro país emitirá simultáneamente Canal+. El interés que despiertan los nuevos episodios es máximo, a pesar de que ni el director, Cary Fukunaga, ni los actores ni el lugar en el que se ambienta la historia son los que pudimos ver en la primera entrega. Es decir, tal y como sucede con otras series en la actualidad como American Horror Story, bajo un mismo título se reúnen diferentes historias. Pero Nic Pizzolatto, el padre creador de True Detective, la primera “serie del año” de 2014, continúa siendo el responsable de la creación y gracias a ello, la expectación por su siguiente producción no ha dejado de crecer desde que se confirmó la segunda temporada.

Si se cumplen los peores temores, 'True Detective' se despedirá siendo una de esas series que no supieron mantener el nivel que ella misma impuso

El mayor, y quizá único, inconveniente del éxito rotundo es precisamente la creación de expectativas. En el mundo de la literatura, en la música y por supuesto en el mundo de las series, el aplauso en un debut se convierte sin quererlo en una lista de esperanzas y deseos de los fans maravillados con la obra de turno. Incansables, esperarán el regreso del creador, por muy tarde que sea, para ser deslumbrados de nuevo con su obra. Los críticos por su parte, afilarán sus cuchillos, preparados para despellejar al creador que ellos mismos ensalzaron meses atrás. Y a Pizzolatto le quedan tres días para vivir en la comodidad de una única y brillante serie. Aunque para algunos, esto ya se ha terminado.

En Estados Unidos la prensa especializada ya ha podido ver los tres primeros episodios de la segunda temporada. Hay opiniones para todos los gustos, pero la sensación general es que la nueva creación del guionista de Nueva Orleans no está a la altura de su predecesora. Tim Goodman, crítico del The Hollywood Reporter no prevé que la serie vaya a ofrecer sorpresas interpretativas como la de McConaughey en la primera entrega, aunque señala que el reparto en su conjunto es mucho más interesante que el del año pasado.

En Variety Brian Lowry comenta en su crítica la paciencia que requiere el primer episodio, por culpa de la cantidad de tramas que componen la historia, y se muestra bastante descontento con los clichés sobre la ciudad de Los Ángeles a los que recurre la serie. Por su parte, en Vulture, Matt Zoller señala que el nexo de unión de las dos entregas sería la sensación generalizada de que “el gobierno es una herramienta de las corporaciones y los hombres ricos.” Curiosamente los dos últimos, para explicar el tono y el ritmo en el que se mueve la serie, hacen referencia en sus respectivos comentarios a Michael Mann, director de Enemigos Públicos y Heat. Que sin ser malo, no es precisamente el estilo al que nos acostumbró Pizzolatto con la historia de Cole y Hart.

Si se cumplen los peores temores, el próximo mes de agosto True Detective se despedirá de su audiencia siendo una de esas series que no supieron mantener el nivel que ella misma impuso la primera temporada. Algo que la televisión norteamericana define con un término común también en otros ámbitos, el sophomore slump o literalmente “caída de segundo año.” Porque de hacerlo, True Detective no sería, obviamente, la primera serie que sufre el síndrome de la segunda temporada.

Homeland, Heroes y otros tropiezos

El fracaso más reciente de una segunda entrega tras un brillante arranque es Homeland. ¿Os acordáis de cuando no se hablaba de otra serie? Tras la llegada de los elogios y los reconocimientos, con Damian Lewis y Claire Danes recogiendo los Emmys de su categoría en 2012, en su segunda temporada la serie trató de mantener el nivel de la primera, sin conseguirlo. Si en su estreno Homeland era alabada por su capacidad para avanzar sin miedo, en su regreso la ansiedad por seguir sorprendiendo al espectador dio lugar a una sucesión de situaciones poco creíbles. Algo que sucedía tanto en las escenas de acción como en las vidas personales de los protagonistas. Y que de alguna forma determinó el desastre que fue la tercera temporada, esa que definitivamente hizo descender a la serie en la lista de visionados imprescindibles.

Cuando una producción logra convertirse en un éxito son muchos los factores que lo propician. Unos intérpretes en estado de gracia, una historia fuera de lo común o una parrilla televisiva favorable pueden determinar el éxito o el fracaso de una producción en su temporada de estreno. Si regresa con una segunda entrega, la serie deberá mantener su nivel, aunque ya no cuente con el factor sorpresa que aportaban los personajes o el entorno en el que se movían. Porque el espectador quiere encontrar en un relato que ya conoce, hechos que le sorprendan, mientras que la historia deberá mantener su coherencia narrativa.

Para mantener el interés por la historia durante un tiempo prolongado, cumpliendo unos requisitos mínimos para seducir al espectador, muchas series de ciencia-ficción pierden a veces parte del brillo que las encumbró. Así, hasta que la verdadera amenaza de The Walking Dead se desveló, la segunda temporada de la serie de AMC dramatizaba, a veces con ñoñería, situaciones apocalípticas en las que lo más interesante era el zombi de turno. De una forma similar, aunque sin capacidad para la redención, los Héroes de Tim Kring no sobrevivieron a su desacertado regreso, algo que llevó a su creador a pedir disculpas a los fans de la serie.

Pero la necesidad de seguir ofreciendo al espectador aspectos atractivos que le inviten a sentarse frente al televisor la semana siguiente, no son exclusivos de este tipo de producciones. Por poner algunos ejemplos, la última temporada de Masters of Sex no supo contrarrestar la rutina de algunos aspectos de la historia con nuevos ingredientes. El factor sorpresa que suponía el sexo ya no era tal, y fueron varias las ocasiones en las que la serie se conformaba con ser lo que fue en su estreno, sin ningún interés por evolucionar. Por su parte, la alabada The Killing regresó con una segunda entrega cargada de pistas falsas y misterios ocultos que no lograron despertar la empatía que suscitó el interés por el destino de Rosie Larsen. Mientras que la incapacidad de FOX para reconocer que Prison Break no debía ir más allá de la primera entrega, llevó a la serie a convertirse en un relato previsible y tramposo que sólo trataba de sobreexplotar el planteamiento inicial.

Cliffhangers y huelgas

A pesar de que ese momento de suspense brutal al que recurren muchas series al finalizar una temporada no se vive igual desde que se pusieron de moda los atracones televisivos, éstos también han sido responsables de muchos desengaños televisivos. Pocos se acuerdan ya de la discreta segunda temporada de Perdidos, que regresó tras dejar a los espectadores con la miel en los labios y una escotilla en la mirada, y lo hizo para seguir añadiendo interrogantes a la adictiva historia. Mientras los frentes que la serie quería abarcar se multiplicaban, los espectadores abandonaban la emisión, llegando al final de la temporada con casi seis millones de espectadores menos que en su inicio.

No podemos terminar el repaso por las series que, de alguna u otra forma, se han visto afectadas por el “síndrome de la segunda temporada”, sin hablar de Friday Night Lights. La serie de Peter Berg, que por cierto no se recomienda la suficiente, se las tuvo que ver durante su segunda temporada con la huelga de guionistas que vivió Hollywood entre 2007 y 2008. Además de ver su extensión reducida, quedándose en quince episodios, los guionistas convirtieron la historia de los chicos de Dillon en un folletín adolescente, insufrible por momentos, en el que a alguien le pareció normal introducir una trama sobre un asesinato. Afortunadamente, el síndrome de la segunda temporada termina con el último episodio. Y aunque algunas series no lo consigan, es posible sobrevivir a él.

Desde Melmac
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