'El Infiltrado' y la nueva ficción televisiva

De 'Homeland' a John Le Carré, las series alimentan la nueva guerra fría

Las series de televisión convierten los conflictos internacionales en tramas de ficción... que la realidad acaba imitando

Foto: Tom Hiddlenston en 'El infiltrado'
Tom Hiddlenston en 'El infiltrado'
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    La sana costumbre televisiva de utilizar la literatura y la actualidad como fuente de inspiración, ha añadido varios títulos a la cartelera internacional de series en las últimas semanas. El último en llegar, tras 'American Crime Story', 'Madoff' y '22/11/63', ha sido la adaptación del libro de John Le Carré 'The Night Manager', que fue publicado en nuestro país con el título de 'El Infiltrado'. Estrenada el pasado domingo por la BBC, y anoche en AMC España, esta coproducción angloamericana es una miniserie de seis episodios que se adentra en el turbio mundo del tráfico de armas.

    Con Tom Hiddleston y Hugh Laurie como protagonistas, la historia de Le Carré publicada en 1993 será la decimosexta adaptación audiovisual de la extensa bibliografía del novelista, la sexta en lo que va de siglo. Porque los mismos ingredientes que convirtieron al diplomático metido a escritor en todo un superventas internacional, hicieron de él un guionista involuntario. Publicado en 40 países y traducido a 36 idiomas, el escritor británico no estrena novela desde 2013, y en septiembre regresará a las librerías con sus memorias.

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    Con 'El infiltrado', una historia que se ha pasado años en los cajones de una productora de Hollywood, Le Carré llevó el espionaje británico a América Central y lo unió a los capos colombianos de la droga y al tráfico de armas. Sin embargo para su adaptación televisiva, el guionista David Farr ha optado por acercar la historia del ex soldado Jonathan Pine a nuestro tiempo, y la acción comienza durante la Primavera Árabe. Y las amenazas llegan a través de los señores de la guerra de Oriente Medio, que trafican con armas sin pudor para librar una batalla interminable.

    Argumentos globales

    El cambio de ambientación de la creación original, que no es el único que podemos encontrar en la producción, ha sido aplaudido por el propio Le Carré, sabedor de que una historia contemporánea y global es más atractiva para el espectador. El acercamiento de Farr a Oriente Medio y al tráfico de armas mundial a partir de la creación del escritor británico, se sirve del interés que la televisión actual tiene por adentrarse en los entresijos de las relaciones internacionales. Una tendencia que, muchas veces, trata de adivinar el devenir de la política global.

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    Uno de los creadores más interesados en introducir en su ficción elementos relacionados con esta materia es Beau Willimon responsable, por ahora, de 'House of Cards'. El notable interés del guionista por el gobierno y sus relaciones, le ha llevado a hacer de ello una fuente de inspiración para sus creaciones, tanto a nivel local como internacional. Consciente de que Frank Underwood es el (ficticio) presidente de la nación más poderosa del mundo, en sus dos últimas entregas Willimon centró algunas de sus tramas en los vínculos con China y Rusia. Dos países con los que Estados Unidos siempre ha mantenidos relaciones complicadas.

    Su utilización como personajes de una trama de ficción tuvo un resultado desigual, pero no alcanzó la polémica relación que 24 tuvo con los musulmanes y Oriente Medio. Porque el interés por la diplomacia no es exclusivo de las producciones del género, y el thriller de espionaje protagonizado por Kiefer Sutherland también tuvo tiempo de explorar las relaciones de EEUU con los Balcanes, México o, de nuevo, la controvertida China. Curiosamente, en el largometraje que sirvió para unir la sexta entrega de la serie con la séptima, los creadores situaron la acción en la nación africana, e inventada, de Sangala.

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    La utilización de países ficticios por parte de un creador es un recurso que evita posibles conflictos, pero no impide que el espectador reconozca en la nación inventada elementos que la acercan a territorios reconocibles. Algo que sucedía en 'El Ala Oeste de la Casa Blanca', donde Aaron Sorkin se sirvió de personalidades reales de la política internacional, como Fidel Castro, Osama Bin Laden o Isabel II, pero evitó recurrir a países reales a la hora de construir algunas tramas. Para acercarse a las relaciones de EEUU con Oriente Medio la ficción política recurrió al poderoso estado de Qumar, mientras que para adentrarse en el genocidio de Rwanda, Sorkin recurrió a Kundu Ecuatorial. Una imitación de Guinea Ecuatorial que el guionista rescató en la tercera temporada de 'The Newsroom'.

    El agente que me guionizó

    Cuando la producción no quiere dejar en manos de la imaginación de un guionista el devenir de la historia, se alimenta, como Le Carré, de experiencias propias. Para ello las series recurren a ex agentes de los servicios secretos, que están dispuestos a convertir sus conocimientos sobre el terreno en guiones de televisión. Algo que está convirtiendo el asesoramiento en una nueva oportunidad laboral para aquellos que dejan de trabajar para organismos como la CIA. Incluso para aquellos que, como la ex agente encubierta Valerie Plame, son muy conocidos, algo que no impide que haya asesorado en sus tramas a Person Of Interest y Covert Affairs.

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    Los ex agentes Rodney Faraon y Hank Crumpton, fundaron su propia compañía, Aardwolf Creative, que “desarrolla contenido auténtico sobre el mundo de la inteligencia, la seguridad nacional y el conflicto global.” Su primer proyecto propio fue 'State Of Affairs' que no pasó de su primera temporada. Más exitosa ha sido la incursión televisiva de Joe Weisberg, creador y productor de la serie de espías por excelencia en la actualidad, 'The Americans'. Tras pasar por Langley, Weisberg publicó un par de novelas y en 2010 la detención de diez espías rusos le sirvió de inspiración para escribir su propia ficción.

    Encuentro entre realidad y ficción

    Otros como John MacGaffin, jefe de la división de operaciones de Eurasia Central y subdirector de operaciones adjunto de la CIA, se convirtieron en asesores por casualidad. Y es que el consultor de Homeland es primo de uno de los creadores originales de la producción, el fallecido guionista Henry Bromell. Su labor como asesor, a veces desinteresada, ha contribuido a que la serie protagonizada por Claire Danes sea considerada como una de las que mejor ha trasladado a la pequeña pantalla los procedimientos de la Agencia Central de Inteligencia.

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    Porque a pesar de que 'Homeland' ha llevado una deriva dramática bastante mejorable, la producción de Howard Gordon y Alex Gansa ha sabido ver los núcleos de interés de la política internacional y los ha convertido en las líneas argumentales de cada una de sus temporadas. Tal y como comentaba Gansa en una entrevista, para preparar cada nueva entrega se reúnen en Washington con MacGaffin y otros expertos en inteligencia y a partir de la actualidad construyen las tramas en torno a las que girarán los episodios. Así, los atentados de Charlie Hebdo les llevaron a construir la quinta temporada, que se emitió el pasado otoño, cuando París volvió a sufrir el ataque del terrorismo yihadista. La aventura pakistaní de Carrie Mathison, con drones incluidos, o la amenaza terrorista de las primeras temporadas también sirven como ejemplos del realismo con el que la serie ha construido un retrato de la política internacional cercano a la realidad. Aunque el sabotaje artístico en forma de grafitis que la producción sufrió en la última temporada, evidencie lo contrario.

    'Homeland' no es la única creación televisiva que ha visto cómo la realidad convertía una ficción en un reflejo, más o menos aproximado, de la actualidad. En septiembre de 2013 se hizo público un informe de la ONU que confirmaba el uso de gas sarín en Siria, sólo unos meses después de que 'The Newsroom' devolviese a la mortífera arma química a la actualidad. Un año más tarde la BBC se atrevía, con 'The Honourable Woman', a llevar a la televisión el enfrentamiento que viven desde hace décadas israelíes y palestinos, a partir de un entramado que deriva en un conflicto de intereses internacional. Estas aproximaciones argumentales que algunos revisten de pompa con el manido “cuando la vida imita al arte” no son, en el fondo, más que el fruto de la profunda disposición que los creadores tienen por temas de relevancia que atraigan a la audiencia. Si luego la actualidad toma los caminos previamente guionizados, mejor que mejor.

    Desde Melmac
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