'The Crown': Isabel II pasa del papel cuché a Netflix... y parece un ser humano

Netflix se adentra en el drama histórico a través de la vida de la monarca británica

Foto: Claire Foy como Isabel II y Matt Smith en el rol del Duque de Edimburgo
Claire Foy como Isabel II y Matt Smith en el rol del Duque de Edimburgo

Reconozcámoslo, llegar un lunes a la oficina contando que has pasado el fin de semana con ‘The Crown’, la serie de Netflix sobre Isabel II, no va a despertar el mismo interés que si te decides por O. J. Simpson, 'Westworld' o cualquier otra producción que tengas pendiente. Al igual que tampoco afrontas de la misma manera una serie histórica que el último superhéroe de la compañía, o el esperado regreso de Charlie Brooker.

Porque en los últimos tiempos las cadenas se han encargado de hacer de las producciones históricas centradas en la monarquía creaciones con cierto aire culebronesco, como 'Los Tudor', 'El Reino' o 'La Reina Blanca'. Otras, alejándose de la vertiente más romántica y sexual, se decantaron por adaptar el libro de Hilary Mantel, ‘Wolf Hall’ para narrar las complejas intrigas palaciegas de la época más turbulenta de Enrique VIII. Remontándose unos siglos más, y optando por la acción y las aventuras, recientemente llegó a la pequeña pantalla 'The Last Kingdom' ambientada en el siglo IX. Y para terminar, otras cadenas han optado por el género cómico, con parodias de época como 'Another Period' o la 'soap-opera' ambientada en la actualidad, 'The Royals'.

'The Crown': Isabel II pasa del papel cuché a Netflix... y parece un ser humano

En su ánimo por diversificar su audiencia, y atender los intereses de espectadores jóvenes, y no tanto, Netflix ha construido un repertorio de series propias pertenecientes a diversos géneros, como la ciencia-ficción, el thriller o las dramedias. Y en un catálogo que está destinado a crecer más de lo que la audiencia puede asumir, se echaba en falta un drama histórico. Un hueco que ‘The Crown’ cubrirá a partir de mañana, con el nivel propio de las grandes producciones de Netflix. Una historia interesante, bien contada, que humaniza a sus personajes sin escatimar en gastos ni en buenas interpretaciones.

Nacida para (no) reinar

Con Stephen Daldry a cargo de la producción ejecutiva, y la dirección de algunos episodios, el guionista británico Peter Morgan responsable de guiones como el de ‘Frost/Nixon’ y ‘The Queen’, es el encargado de escribir la primera versión televisiva que ficciona la vida de la monarca británica. Una historia que comienza con el matrimonio de la princesa Isabel con el príncipe Philip. Por aquel entonces, al frente del trono se encontraba Jorge VI, un hombre quea reinar después de la renuncia de su hermano Eduardo, más interesado en casarse con una plebeya divorciada, Wallis Simpson, que en encabezar la monarquía. Por lo que Isabel, al igual que su padre, no estaba destinada a encabezar la monarquía que, desde comienzos de siglo, habían ocupado sus ancestros. Tenía, más o menos, las mismas posibilidades que Froilán.

En su primera hora y media, ‘The Crown’ refleja los achaques del monarca, que trata de afrontar el futuro haciéndole ver a su hija la importancia de su papel. Algo que la joven no esperaba asumir tan pronto, con 26 años y tan sólo un lustro después de contraer matrimonio con un hombre que no aceptaba de buen grado su rol secundario. Y en un momento histórico crucial para su país, tan sólo siete años después del final de la II Guerra Mundial y con Winston Churchill regresando al 10 de Downing Street, para preocuparse por la política exterior más que por los problemas nacionales.

'The Crown': Isabel II pasa del papel cuché a Netflix... y parece un ser humano

La importancia de Churchill

Que ‘The Crown’ se centra en la figura de la reina de Inglaterra es innegable. Pero lejos de ceñirse a las intrigas palaciegas más morbosas, que también las tiene, se adentra en una vertiente muy interesante de la historia de Isabel II, Winston Churchill. Un personaje que no atravesaba su mejor momento, pero que seguía siendo una figura importantísima en la política nacional e internacional. Y que mantenía una excelente relación con Jorge VI, el accidental rey que a pesar de su salud, logró ganarse el cariño del pueblo.

Tras la muerte del monarca, el político debe reunirse con su hija, que por cuestiones legislativas espera que éste programe su coronación. Un hecho que marcará su relación, en la que ambos tratarán de guardar las formas y de obtener provecho. La política, al servicio de la monarquía, que como la reina madre señala, llega por gracia de Dios. Y la monarquía dispuesta a acceder a los deseos de un viejo zorro que se resiste a abandonar el poder. Intrigas palaciegas que, más que beber de la pasión de relaciones imposibles que desembocan en lágrimas, narran los mecanismos que hacen posible que, día a día, un país salga adelante y los medios se hagan eco de ello en sus titulares.

'The Crown': Isabel II pasa del papel cuché a Netflix... y parece un ser humano

Amantes y monos amaestrados

Lejos de su día a día como soberana, que transcurre entre informes que hay comenzar por el final para llegar a lo verdaderamente importante, 'The Crown' también tiene tiempo de relatar la vida familiar de los Windsor. Un clan en el que tienen un papel preponderante las mujeres, y muy especialmente la reina Mary, abuela de Isabel. La anciana, que afronta con inusitada entereza los ensayos para su funeral, es la primera en aconsejar a la nueva regente sobre el futuro que le aguarda al frente de la monarquía. Mientras, su madre trata de sobreponerse a la pérdida sufrida, y su hermana, la princesa Margarita, trabaja para que a nivel logístico la vida de palacio se desarrolle tal y como lo hacía cuando su querido padre vivía. Más por una cuestión de beneficio propio, puesto estaba enamorada del capitán Pete Townsed, que por el devenir de la corona.

Para trabajar por ello ya estaba la joven Isabel, que en el avión de vuelta de Kenia, el país en el que se encontraba de visita oficial cuando su padre murió, expresó un sincero “lamento que no hayamos tenido más tiempo” a su marido y padre de sus hijos, el príncipe Philip. El mismo que, ante la propuesta del viaje, sólo supo expresar su desagrado con un contundente, y egoísta “Mi trabajo es ser oficial de la Marina, no sonreír como un mono amaestrado mientras tu cortas cintas.” El historial de momentos desafortunados del marido de la reina, de los que también da cuenta la producción de Netflix, son de sobra conocidos. Lo que no es tan popular es el tipo de relación que la pareja mantenía durante los primeros años, y que le llevó a ella a incluir en su liturgia matrimonial la promesa de obedecer a su esposo. Un hombre que, en los peores momentos de gobierno de Churchill, llegó a convertirse en un problema de estado.

'The Crown': Isabel II pasa del papel cuché a Netflix... y parece un ser humano

Realeza humanizada

Tanto si el espectador es aficionado a la familia real inglesa, tiene en casa el juego de té de la reina, y viaja cada año a Buckingham, como si nunca ha demostrado el menor interés por ningún tipo de realeza, Peter Morgan es capaz de construir una historia que engancha al espectador. Y lo hace a partir de los recursos más básicos de las producciones, jugando con la historia y sus personajes, haciendo de ellos seres siniestros que quieren jugar con el futuro de la familia protagonista. Que de no ser por los impresionantes palacios en los que transcurre la historia, y el exagerado plantel dispuesto a servirle, podría ser una familia cualquiera.

Con un presupuesto de 100 millones libras, ‘The Crown’ hace del siempre polémico clan real una familia compuesta por personajes humanos que luchan por salir adelante ante los retos que la vida les plantea. Una vida que llega al espectador al más puro estilo británico, con la elegancia, la corrección y la sobriedad que eso conlleva, pero acompañado del presupuesto de una superproducción estadounidense. El resultado es un nivel de producción tan elevado que en algunas secuencias el espectador puede llegar a plantearse si se encuentra frente a un documental. Una crónica que lejos de sumirle en el sopor o el aburrimiento, consigue que sienta interés por personajes que, hasta ahora, consideraba alimento de la prensa más amarilla. Porque eso también puede conseguirlo una serie de Netflix.

Desde Melmac
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios