'El cuento de la criada' de HBO vuelve aterradora y genial: Gilead es el infierno

La premiada producción regresa con 13 nuevos episodios en los que seguiremos conociendo los entresijos del Gobierno teocrático que somete a las mujeres

Foto: Imagen de la segunda temporada de 'El cuento de la criada'.
Imagen de la segunda temporada de 'El cuento de la criada'.

Si ‘El cuento de la criada’ no fuese tan dura, y su mensaje resultase menos aterrador, Instagram habría lanzado ya el 'filtro Gilead'. Pocas producciones televisivas cuentan con una identidad visual tan marcada, y convierten cada una de sus secuencias en una pequeña y efímera obra maestra en la que el cromatismo y la simetría se cuidan con esmero.

Por culpa de la contaminación, nunca brilla el sol con fuerza en Gilead y los tonos fríos endurecen cada una de las estancias. Solo las criadas y sus uniformes color rojo aportan algo de color a las estampas distópicas, convirtiéndolas en un blanco fácil para las miradas acostumbradas a la monotonía cromática.

La producción ganadora de ocho premios Emmy y dos Globos de Oro ha regresado con su segunda entrega, y desde hoy podremos disfrutar cada semana de las crónicas de June Osborne. Una mujer a la que el Gobierno teocrático ha convertido en una esclava de las altas esferas sociales y cada semana es sometida a un ritual de violación para que se quede embarazada y les dé un hijo. Literalmente.

A PARTIR DE AQUÍ, SE COMENTA EL DESENLACE DE LA PRIMERA ENTREGA Y LAS TRAMAS PRINCIPALES DEL PRIMER EPISODIO DE LA SEGUNDA. LEE BAJO TU RESPONSABILIDAD

La nueva entrega de ‘El cuento de la criada’ está compuesta por 13 episodios, tres más que su temporada de debut. Pero esa es la única buena noticia que trae la serie de Bruce Miller, porque sin tener tiempo de asumir el repaso previo al nuevo episodio, el espectador se da de bruces con la cruel y asfixiante realidad de Gilead. Un lugar en el que las mujeres son conducidas como un rojizo rebaño de ovejas a un multitudinario patíbulo, gracias a la inestimable ayuda de los policías perro. Otro estremecedor ejercicio de terror psicológico que reaviva sentimientos que creíamos olvidados.

Elisabeth Moss, en una imagen de la segunda entrega de 'The Handmaid's Tale'. (HBO)
Elisabeth Moss, en una imagen de la segunda entrega de 'The Handmaid's Tale'. (HBO)

Las consecuencias de la sororidad

La negativa de June y sus compañeras a acatar la orden de lapidación impuesta por la ley les obliga a abandonar las mansiones de sus señores y cumplir las órdenes de Tía Lydia. Torturas y sacrificios de los que June consigue librarse cuando la rígida mujer se entera de que está embarazada. Un estado que ofrecerá un nuevo punto de vista a la representante del orden, que acusará a la joven de aprovecharse de ello para desafiar sus órdenes.

La negativa de June y sus compañeras a acatar la orden de lapidación les obliga a abandonar las mansiones de sus señores

La acción en el nuevo destino de las criadas se combina en el primer episodio, titulado ‘June’, con el pasado de su protagonista. El personaje interpretado magistralmente, otra vez, por Elisabeth Moss trata de compaginar su rutina laboral con la maternidad. La presión del día a día que le obligará a tomar una decisión de consecuencias inesperadas. El retrato común y universal de una mujer que sufre en sus carnes los recovecos que controla el estado. Un lugar que todavía no se ha convertido en Gilead, pero que lucha por preservar la vida de cada niño con recelo, incluso hacia sus propios padres.

Hablando de progenitores, en el regreso de ‘El Cuento de la Criada’ también tenemos la oportunidad de ver de nuevo a los Waterford. Un matrimonio que ha visto cómo su recién embarazada criada abandona la misma casa en la que ya preparan una habitación para el bebé. A pesar de esta falta de control diario, Serena y Fred son testigos de la primera ecografía de June. Emoción contenida y manos entrelazadas en una estancia aséptica en la que la futura mamá aún tiene tiempo, y ganas, para el humor. “No te pongas triste Serena, es malo para el bebé”, bromea antes de encontrar un inesperado regalo escondido en una de sus botas.

Imagen de la segunda temporada de 'El cuento de la criada'. (HBO)
Imagen de la segunda temporada de 'El cuento de la criada'. (HBO)

Emily, antes y ahora

Para conocer las temidas colonias, de las que se escucha hablar con pánico en la primera temporada, hay que esperar al segundo episodio, que lleva por título ‘Unwomen’. Además de seguir los pasos de June en su nueva condición lejos de los Waterford, otra de las tramas se centra en Emily. La joven a la que conocimos como la primera compañera asignada a June y vimos por última vez en manos de las fuerzas de seguridad de Gilead.

Su rutina transcurre entre los gases de las zonas contaminadas y un omnipresente hilo musical de toses. Y cuando ella y sus compañeras pueden descansar bajo techo, ayuda a las recién llegadas a instalarse, tengan el origen que tengan. Una trama que se combina con el pasado de su propia historia, en los que a través de 'flashbacks' descubrimos lo que muchos ya vaticinaban. Emily era profesora universitaria, y también tuvo que sufrir cómo su vida personal se convertía en un asunto de interés para las autoridades.

Imagen de la segunda temporada de 'El cuento de la criada'. (HBO)
Imagen de la segunda temporada de 'El cuento de la criada'. (HBO)

Sin lugar para la esperanza

Hasta el 11 de julio, cada semana tendremos la oportunidad de volver a sentarnos frente al televisor y pasar un mal rato, viendo cómo las creencias de unos pocos poderosos terminan condenando toda una sociedad. Una historia que, si en algún momento se nos ocurre pensar que queda lejos, incluye referencias actuales que nos acercan al horripilante futuro que Miller continúa narrando con la ayuda de Margaret Atwood, ideóloga original de Gilead.

Hasta el 11 de julio, cada semana tendremos la oportunidad de volver a sentarnos frente al televisor y pasar un mal rato

Y lo haremos con el desasosiego que provoca saber que, la crudeza habitual de la producción no te permite experimentar ni el menor atisbo de esperanza, aunque la sombra del régimen se desdibuje sobre June. Las emociones con ‘The Handmaid’s Tale’ se limitan a aflojar el puño, no está permitido abrir la mano ni bajar la guardia. La crueldad teocrática acecha donde menos te lo puedes esperar.

El arranque de la segunda entrega deja, como es habitual en la serie, varias estampas para la memoria. Pero pocas tan representativas y poderosas como la imprenta del 'Boston Globe', símbolo de la libertad de expresión, convertida en un matadero humano de paredes agujereadas salpicadas por restos de sangre. El muro de la brutalidad represora en el lugar que antes servía para informar a la sociedad e impedir los abusos del poder. ¡Qué duro que volviste, cuento de la criada!

Desde Melmac
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