'Manifest' tampoco será la nueva 'Perdidos' (ni se le acerca) por mucho avión que tenga

La moda que creó la mítica serie de Abrams y Lindelof, y que dio lugar a numerosas producciones fallidas, ha regresado aún peor de lo que se fue

Foto: Imagen del primer episodio de 'Manifest'. (HBO)
Imagen del primer episodio de 'Manifest'. (HBO)

En el legado de ‘Perdidos’ conviven supersticiosos que prueban suerte en la Primitiva con los números de Hurley, y graciosos, que no dejan la oportunidad de escribirse algo en una mano en cuanto se cruzan con una puerta con cristal. 'Not Penny's boat'. Pero la mítica creación de J. J. Abrams y Damon Lindelof también dejó su huella en la industria televisiva, y se convirtió en el pelotazo con el que directivos, creadores e intérpretes soñaron algún día.

En las temporadas posteriores a su despedida, no faltó la serie que, voluntaria o involuntariamente, se ganaba el apelativo de “aspirante a nueva ‘Perdidos”. Afortunadamente, y a base de descalabros, la moda pasó. Porque los advenedizos no eran capaces de alcanzar el nivel impuesto por el fenómeno, muchas veces por lo absurdo de la historia, otras por unas interpretaciones, o unos efectos especiales demasiado mejorables. Hace unos meses llegó ‘The Crossing’ con buenas dosis de misterio, sucesos paranormales y playas, en un intento de resucitar viejas constumbres televisivas. La resurrección, cómo no, fue cancelada. Pero por desgracia, no ha sido la única.

Desde el martes podemos disfrutar, en HBO, de ‘Manifest’, una de las producciones estrella de la NBC para la recién estrenada temporada 2018-2019. Y en los despachos de la cadena del pavo real deben estar luciendo su plumaje, porque el estreno de la producción reunió a 10 millones de espectadores, el mejor de una cadena convencional desde hace dos años. Mejor festejarlo ahora que esperar, porque tras ver el primer episodio me cuesta creer que la audiencia vaya a registrar algún crecimiento próximamente.

Con Robert Zemeckis (‘Regreso al futuro’, ‘Forrest Gump’) en la producción, ‘Manifest’ propone al espectador una historia que arranca con el aterrizaje del vuelo 828 de Montego Air tras ser desviado de JFK. Cuando los pasajeros descienden les esperan varios equipos de policía y ambulancia, cuyos miembros les miran con sorpresa. La razón del estupor es que el vuelo fue dado por desaparecido hace cinco años, y sus pasajeros estaban “presuntamente muertos”.

Ausencias, exnovios y secuelas

Durante los primeros minutos de la producción, con sus turbulencias aéreas y sus lacrimógenos encuentros, es difícil tener claro qué tipo de serie quiere ser ‘Manifest’. Y la cosa no mejora cuando Michaela, una de las protagonistas, que también es policía, escucha voces (la suya concretamente). Al drama familiar se le suman una comisaría y tres niñas salvadas, aderezado con un toque paranormal. Y por lo que cuenta la voz en off de Michaela, que ‘Manifest’ también la tiene, no es lo único que la producción quiere contarnos.

El personaje interpretado por Melissa Roxburgh es uno de los centros de atención de la serie, que como personaje masculino principal tiene a su hermano Ben, interpretado por Josh Dallas. Casado y padre de Cal y Olive, Ben viajaba junto al primero en el vuelo 828 procedente de Jamaica, después de renunciar a sus billetes en un vuelo con overbooking. El deseo de Cal, enfermo de leucemia, de pasar tiempo con su padre, le lleva a quedarse con él, mientras que su madre, su hermana, y sus abuelos cogen el avión inicialmente planeado. Una separación inocente que terminará marcando sus vidas.

Para Ben y Michaela apenas han pasado un par de días desde que les vieron por última vez. Y tratan de recuperar su rutina, aunque se encuentran con ausencias, conversaciones pendientes y cambios sorprendentes. Pero ‘Manifest’ no tiene intenciones místicas, ni quiere llevar al espectador a la reflexión sobre la pérdida. Y éste no tarda en comprobar, tras preguntárselo quizá minutos antes, que las consecuencias de viajar 5 años en el tiempo complementarán las habilidades policiales de la joven protagonista.

Antes de cerrar su capítulo piloto ‘Manifest’ desvela que Michaela no es la única que tiene secuelas, y todos los pasajeros presentan una especie de conexión mental que los lleva hasta el aeropuerto en el que estaba el avión en el que viajaron. “La fuerza que nos llevó allí no quería ser investigada” comenta la voz en off ante una de las peores escenas del episodio. El truco con el que atrapar al espectador, convenientemente acompañado de un misterioso “para nosotros esto solo era el principio”.

El drama multigénero

‘Manifest’ también hace el esfuerzo de centrarse en otro personaje, Saanvi, una investigadora médica que también viajaba en el 828. Cuando llega a Nueva York descubre que sus investigaciones han dado lugar a avances médicos que salvan la vida de centenares de niños, y Cal aspira a ser uno de ellos. Tras sobrevivir cinco años más de lo esperado, Ben y su mujer depositan todas sus esperanzas en el nuevo tratamiento que podría salvarle definitivamente la vida. Pero como a otras tramas, la serie no le concede a la historia de Saanvi la profundidad suficiente como para ser algo más que una deriva médica. Por si quedaba algún género por tocar.

Las secuelas de los pasajeros, la ejecución de la trama policial, o el drama familiar de Ben son las bases sobre las que se asienta una producción que no escoge ningún género. Y ninguna de ellas son precisamente originales. Torpe en su desarrollo, tampoco le acompañan interpretaciones carismáticas, un mal menor para una serie que si hubiese apelado a los sentimientos, más que a la sucesión de hechos, podría haber resultado mucho más original y apetecible.

En el fondo, y también en la forma, ‘Manifest’ es la marca blanca de muchas producciones, empezando por ‘Perdidos’, y de ninguna. Porque aunque tiene escenas que pueden recordar a ‘Los 4400’ o ‘The Event’, el batiburrillo de cuestiones policiales y médicas, dramas personales mal introducidos y secuelas impiden encontrar una verdadera razón para continuar. ¿Pondrán en manos de los pasajeros la seguridad de Nueva York? ¿Del mundo? ¿Oiremos a las autoridades hablar de agujeros de gusano y viajes en el tiempo? ¿Será Cal un niño milagro y su viaje una cura? Y lo que es más importante ¿a quién le ha parecido esto una buena idea?

La tele ya no sabe hacer misterios

‘Manifest’ no tardará demasiado en pasar a formar parte de esas series que, con un avión y un juego temporal, trataron de encontrar su lugar en la parrilla televisiva y no lo consiguieron. Una lista en la que, además de las comentadas, encontramos a ‘Flashforward’ como referencia principal, y otras como 'Terra Nova', 'Alcatraz' o 'Revolution' como meras y desafortunadas sucesoras, que a base de misterios y conspiraciones trataron de atrapar a la audiencia.

La producción que protagonizó Joseph Fiennes, y que se estrenó antes de que acabase ‘Perdidos’, apostó por las posibilidades que ofrece el tiempo, sus elipsis y sus saltos. Y se atrevieron a robar dos minutos y diecisiete segundos de la población mundial para ofrecerle un adelanto de lo que sucedería en seis meses. Una premisa tan alocada como prometedora que fue perdiendo fuelle con el paso de los episodios. Y lo que comenzó con doce millones de espectadores terminó con apenas cinco.

Después llegaron la versión jurásica de ‘Terra Nova’, la conspiración política de ‘The Event’, su versión “histórica” y poco iluminada en ‘Revolution’ o la vertiente policíaca, y a veces también histórica, de ‘Alcatraz’. ‘Manifest’ quiere ser todas ellas y ninguna, para desgracia de una audiencia que acogería con los brazos abiertos un buen drama de misterio que le mantuviese preso de la televisión convencional, o de una emisión semanal. Especialmente aquellos que no gustamos de grandes triunfos ni de operaciones de hermanos, y no tenemos nada con lo que dar guerra en las redes sociales cada semana.

Desde Melmac
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