Globos de Oro 2019: la fiesta de los 93 críticos complacientes

La de anoche no fue una ceremonia para la historia, y deja un palmarés difuso con demasiadas preguntas y pocas decisiones verdaderamente convincentes

Foto: Chuck Lorre, creador del 'El método Kominsky', recogiendo el galardón a la mejor comedia. (Reuters)
Chuck Lorre, creador del 'El método Kominsky', recogiendo el galardón a la mejor comedia. (Reuters)

Cuando alguien organiza una gran fiesta quiere agradar lo máximo posible. Como buen anfitrión no quiere que, al día siguiente, llegue a sus oídos que tus invitados se han sentido ignorados porque fulanita o menganito acaparó su atención. Tampoco desea que nadie en su heterogéneo grupo de amistades se sienta molesto, por lo que ambientas la velada con música agradable y prescindes de un micrófono desde el que puedan felicitarse por la reunión, pero también soltar algún despropósito que termine resultando incómodo. Entre sandwiches y copas de champán repartes tu tiempo, tus atenciones y tus reconocimentos, con una sonrisa de oreja a oreja y una mano siempre dispuesta a ser estrechada. La fiesta no pasará a la historia pero los daños han sido mínimos, los vecinos no han protestado, y mañana nadie reclamará que faltó corrección política o sobraron reivindicaciones y alcohol.

La 76ª edición de los Globos de Oro fue eso. Una ceremonia correcta, sin más, que no llenará titulares en los próximos días más allá de los grandilocuentes titulares en los que se harán cuidadosos recuentos. Aunque, a decir verdad, ni eso nos han dado los miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood que, en la categoría de producciones televisivas repartieron 11 premios entre 9 producciones. Ayer lo raro no fue llevarse un galardón, sino quedarse sin él. Y ahí hay algunos fracasos bastante sorprendentes.

Después de disfrutar como niños la ceremonia del año anterior, en la que grandes señoras del cine y la televisión subieron al escenario para empoderar con sus discursos a mujeres de todo el mundo, las más de tres horas de ceremonia que vivimos anoche resultaron más una función colegial que un evento propio de Hollywood. Así que parece probable que el año pasado, después de la explosión del #MeToo y grandes momentos de sororidad, quizá sonaron demasiados teléfonos, y anoche solo se trataba de pasar el trámite con discursos llenos de anécdotas graciosas (o no).

"Creo que todos están cansados de la política y quizá por una noche podemos divertirnos y no preocuparnos sobre el estado del mundo" dijo la presidenta de la organización Meher Tatna días antes de la gala. Tiene que ser complicado decidir qué año quieres aprovechar el enorme altavoz que te da una emisión mundial para dirigirte a una audiencia global y cual te vas a quedar callado y vas a limitarte a dar las gracias por vivir en la privilegiada burbuja de Hollywood. Pero ayuda bastante tener unos anfitriones que tiran de humor fácil como Sandra Oh y Andy Samberg, cuando el pueblo lo que quiere es que Tina Fey y Amy Poehler regresen y vuelvan a dar una calurosa bienvenida a Leonardo DiCaprio, "como la vagina de una supermodelo".

Parte del equipo de 'The Americans' posa con el galardón a la mejor serie dramática. (Reuters)
Parte del equipo de 'The Americans' posa con el galardón a la mejor serie dramática. (Reuters)

Así que ni los discursos dejaron chicha a la que agarrarse, ni los anfitriones fueron divertidos, ni el palmarés supo proclamar una verdadera vencedora. O lo que es lo mismo, al terminar la ceremonia, tenía la sensación de que acabada de ver el sorteo de lotería de Navidad, y por fin podía poner en un titular "premios muy repartidos" como si los actores y productores fuesen humildes trabajadores a los que la lluvia de millones les había pillado en distintas partes de España. Yo, que soy desconfiada con las asociaciones compuestas por 93 miembros que se arrogan la capacidad de elegir qué ha sido lo mejor del año, lo veo más como un sobresaliente ejercicio de malabares que garantizan que ninguna cadena pueda ser proclamada vencedora absoluta de la ceremonia de la tolerancia y la diversidad. Diversidad detrás de las cámaras, delante de ellas y en el palmarés, no vaya a ser que alguien levante la mano para señalar un agravio.

Lejos de despedir con todos los honores (y no uno solo) a 'The Americans', asumir el éxito que la industria británica ha tenido en el mercado americano, o dejarse seducir por las producciones que llegaron en otoño a la pantalla (algo que los Globos de Oro hacen mucho), hubo tanta variedad en sus votaciones que fueron incapaces de señalar una única vencedora. Son sus premios y pueden hacer con ellos lo que quieran, pero algunas elecciones resultan más propias de quienes quieren marcar distancia con la Academia de Televisión que de quien presume de premiar lo más florido y hermoso de cada año.

Julia Roberts posa antes de la ceremonia. (Reuters)
Julia Roberts posa antes de la ceremonia. (Reuters)

El deseo de agradar y corresponder a todos fue mayúsculo, por esos 11 galardones para nueve ficciones, pero fue inevitable que anoche algunos abandonasen la primera gran fiesta del año con la etiqueta de perdedor en su espalda. El equipo de 'Homecoming', con "la novia de América" a la cabeza, fue uno de ellos. A pesar de que Julia Roberts repitió el estilismo con el que logró su primer globo de oro por 'Magnolias de Acero' en 1990 y que la serie que protagoniza es toda una lección de estilo e innovación narrativa, Sam Esmail y los suyos se fueron con las manos vacías a casa.

De nada le sirvió a la serie de Amazon ser el único drama nominado en las tres categorías del género, al igual que tampoco fue provechoso para la buena de Amy Adams ser una de las dos mujeres que optaban a un premio de cine y otro de televisión. Aunque la intérprete estadounidense nacida en Italia pudo disfrutar durante dos años seguidos de los aplausos de la Asociación, siendo reconocida por su trabajo en 'American Hustle' y 'Big Eyes', su valiente papel de reportera alcohólica con problemas psicológicos se ha quedado sin premio por culpa de una Patricia Arquette en estado de gracia y de extrema fealdad. Que las transformaciones sorprendentes y desaliñadas siempre han sido despertado el interés de unos críticos ávidos de intérpretes dispuestos a dejarse la piel, literalmente, en su trabajo.

El equipo de 'El asesinato de Gianni Versace' posa con sus premios. (Reuters)
El equipo de 'El asesinato de Gianni Versace' posa con sus premios. (Reuters)

A falta de una producción que llevarse al titular, y hechas todas las sumas posibles, la mayor sorpresa surge cuando uno revisa el palmarés de producciones vencedoras desde la óptica de las compañías que las emiten. Porque en tiempos de las plataformas de streaming, el canal de cable FX y la BBC son los reyes de la pequeña pantalla. El primero, gracias a 'El asesinato de Gianni Versace: American Crime Story' y 'The Americans' tiene tres nuevos premios con los que ampliar su cómputo global, al que tanto ha contribuido Ryan Murphy. Por su parte, la cadena pública británica, a pesar de que fue ignorada y 'Guardaespaldas' y 'A Very English Scandal' se vendieron como series de Netflix y Amazon, recibirá próximamente en sus oficinas otros tres premios de la crítica norteamericana, tan dada a dejarse enamorar por el acento de las islas y su idiosincrasia, tan cercana y tan lejana para ellos al mismo tiempo. Si las despojamos de sus apropiaciones británicas, ambas plataformas de streaming suman tantos galardones como FX o la BBC. Un dato muy revelador si tenemos en cuenta la capacidad productiva de cada una de ellas.

La resaca de la 76ª edición de los Globos de Oro deja una serie que después de seis años ha recibido una palmadita en la espalda, pero sus protagonistas no pueden decir lo mismo. Otra producción que ha encumbrado a un creador, Chuck Lorre, que está detrás de decenas de proyectos pero al que nadie creyó suficientemente digno hasta que llegó a Netflix. Y una diversa lista de premios interpretativos que además de poner más difícil el titular de rigor, desdibujan el poder de los repartos cimentados sobre grandes nombres, a pesar de la calidad de su trabajo. Quien los entienda, que los compre. Yo no, aunque quizá el problema sea el tamaño de la muestra de la encuesta que da lugar al palmarés, que hace que 93 críticos se arroguen semejante poder de decisión en un lugar tan dado a destacar los galardones como es la meca del cine. Voy a ver si formo mi propia Asociación de Críticos de Hollywood en el Extranjero.

Desde Melmac
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