‘Mira lo que (me) has hecho’, Berto Romero

La segunda temporada de la serie del cómico y creador catalán llega hoy a Movistar + para volver a abofetearnos entre situaciones cómicas y berrinches infantiles

Foto: Berto Romero en una imagen de 'Mira lo que has hecho'. (Movistar)
Berto Romero en una imagen de 'Mira lo que has hecho'. (Movistar)

Hay series en las que no puedes dejar de pensar porque quieres saber más. Las dudas sobre tu nueva ficción de cabecera te acosan en el lugar más inoportuno, y de pronto te ves en el ascensor del trabajo preguntándote qué pasará con la buena de Sansa Stark en la próxima temporada de ‘Juego de Tronos’. O tal vez estás en modo atracón, y cuando bajas al chino a comprar chucherías sigues pensando cuáles serán los próximos pasos de la historia que hace tres capítulos prometiste parar de ver.

En otras ocasiones, no logras quitarte de la cabeza la dichosa producción porque su mensaje ha sido tan alto y tan claro que tu cabeza todavía está tratando de asimilarlo. Y a lo largo del día vuelven imágenes y frases que se han quedado grabadas en tu memoria televisiva. Mientras esperaba al autobús, he mirado a un grupo de treintañeros y me he preguntado si sabrían lo que es “la noche de la iguana”. En la cola del súper me he preguntado sobre “el privilegio de ser famoso” y su utilización. Y a la hora de comer no podía dejar de ver a mi esposo diciendo “creo que tienes que darle una vuelta a eso que me acabas de proponer”.

Esos son solo los ejemplos de las últimas doce horas. Lo cierto es que la segunda temporada de ‘Mira lo que has hecho’ (que ya he tenido el privilegio de ver) me ha sentado como esas desafortunadas ocasiones en las que decides poner los auriculares más alto de lo que tu teléfono te recomienda. Que luego te pasas varios días con un molesto pitido en los oídos. No es un pitido, es la voz de Berto Romero invitándome (con insistencia) a reflexionar sobre la madurez, la vida y el maldito paso del tiempo. Puede sonar muy tópico, pero no lo es cuando te encuentras en el televisor situaciones en las que, por suerte o por desgracia, te reconoces. Eso no lo consigue cualquiera.

Más que un hijo

Vaya por delante (y lo escribo con sonrojo) que yo fui una de las que el año pasado, a estas alturas, no prestó demasiada atención al estreno de ‘Mira lo que has hecho’. Mi experiencia con la primera comedia de Movistar no había sido buena, y la temática con la que se vendía la producción no me resultaba atrayente. No tengo previsto ser madre, y por ello el “cómo te cambia la vida cuando tienes hijos” no se colocó entre mis apretadas prioridades de visionado.

Afortunadamente, a lo largo de 2018 me fui encontrando por las redes, y en eventos varios, con comentarios no demasiado estridentes, pero firmes, sobre la calidad de la serie de Berto Romero, y la necesidad de verla. Decidí hacer mis deberes antes de que acabase el año, y probablemente fue una de las mejores ideas que tuve en 365 días. Es lo que tiene que una maldita comedia de seis capítulos te suba a un carrusel emocional en el que te prometías muchas risas y en el que terminas preguntándote por qué no te has traído los pañuelos del baño, mientras te limpias las lágrimas con la manga.

Más allá de las noches en vela, de las hipocondrías de los padres primerizos y los cambios propios que un bebé introduce en la vida social, ‘Mira lo que has hecho’ tuvo tiempo en su primera temporada de poner a los espectadores ante el cruel espejo de la juventud idealista y la asfixiante realidad de la vida, o lo que es lo mismo, la muerte. A ver si os creíais que todo iban a ser conversaciones sobre tetas que no serán lo que son y hermanos que le echan demasiado morro a la vida.

Eva Ugarte y Berto Romero en una imagen de 'Mira lo que has hecho'. (Movistar  )
Eva Ugarte y Berto Romero en una imagen de 'Mira lo que has hecho'. (Movistar )

Realidad a la carta

En su segunda temporada, que también cuenta con seis capítulos, ‘Mira lo que has hecho’ insiste en su deseo de abofetear al espectador de vez en cuando. Y mi impresión es que lo abofetea más que en la entrega previa tal vez porque, lejos de ocuparse de la paternidad, se centra en la aventura de sobrevivir al día a día de una relación de pareja en la que los amigos y los sueños reclaman atención constantemente. Algo más universal que el poder de un retoño, pero contado desde un punto de vista muy particular en el que la televisión y el paso del tiempo tienen un papel muy importante.

La nueva entrega de la serie de Movistar + arranca con Lucas en “los terribles dos” años, Sandra embarazada de gemelos y el cabeza de familia rodando la serie sobre su propia vida. Es decir, la primera temporada de ‘Mira lo que has hecho’. Con todo por duplicado y una crisis de madurez galopante que le sitúa por encima del bien y del mal, poco queda en Berto del padre primerizo preocupado que descubrimos mediante “flashbacks”. O más que poco, un sorprendente y genial número musical dedicado a las contracciones de Braxton Hicks. Pero ahora el protagonista está más centrado en su faceta creativa, que le permite crearse una realidad en la que las despedidas diarias tienen final feliz.

Mientras, en una maravillosa Eva Ugarte, Sandra carga con las responsabilidades de su trabajo, el peso de la casa con la reforma de nunca acabar y un chiquillo con un carácter terrible. Y aunque no puede permitirse el lujo de hacer una serie con la que evadirse de lo que parece un matrimonio en crisis, busca una vía de escape en la que focalizar su energía, su amiga Bego. Hasta que la verdad resulta inevitable, o como diría Berto “hoy que hay espectáculo”, y todo estalla en una escena amarga y cruel que afortunadamente encuentra un pequeño desahogo cómico en el salón con dos suegras mirándose incómodas.

Berto Romero y Belén Cuesta en una imagen de 'Mira lo que has hecho'. (Movistar )
Berto Romero y Belén Cuesta en una imagen de 'Mira lo que has hecho'. (Movistar )

Discretamente entre las mejores

Cuando el carrusel de emociones que también es la segunda temporada termina, es poco probable que el espectador sea capaz de degustar la mala baba del cierre, o la invitación previa a la esperanza. Porque para entonces ya habrá tenido tiempo de plantearse una decena de veces cuándo va a afrontar una realidad que no encaja con los sueños, hasta qué punto está en sus manos el futuro o, simplemente, qué hay de aquella pareja que brindaba ilusionada por “la sinceridad y la comunicación en la pareja”.

Así que Berto Romero lo ha vuelto a hacer. Con poco presupuesto y mucha ilusión ha vuelto a sacar adelante una magnífica temporada con grandes interpretaciones, apariciones sorprendentes (Resines, Manolo Solo, Buenafuente) y momentos inolvidables. De los que hacen reír, pero también de los que duelen, como los golpes con el borde de la cama en el dedo meñique.

Es injusto que una de las mejores comedias de la televisión actual sea también una de las más discretas. Vean ‘Mira lo que has hecho’, que en el fondo es nuestra ‘Catastrophe’ y también hablan del derecho a decidir, y cuéntenselo a sus hermanas, a sus compañeros de trabajo, a sus amigas del café. Hay en la serie de Movistar + más realismo y más certeza vital que en cualquier comedia “de culto” norteamericana. Pero claro, no es lo mismo decir que uno ve lo último de un tipo de apellido rimbombante, que “la serie de Berto Romero, el de Buenafuente” con lo que sea que eso suponga para cada uno. A todos nos cuesta pasar página.

Desde Melmac
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