¿Son los alumnos con mejores notas los más inteligentes?

Es muy conocida la historia de un profesor que un día, desesperado por el comportamiento y la falta de entendimiento de uno de sus alumnos, le
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¿Son los alumnos con mejores notas los más inteligentes?
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    Es muy conocida la historia de un profesor que un día, desesperado por el comportamiento y la falta de entendimiento de uno de sus alumnos, le dijo: “Nunca llegarás a nada”. Este niño, con los años, fue conocido por media humanidad. Se llamaba Albert Einstein.

    ¿Cómo puede ser que los profesores de su infancia no reconociesen las enormes facultades intelectuales del que más tarde sería uno de los científicos más importantes que ha dado la historia? Sencillamente porque no respondía a los parámetros con los que habitualmente se reconoce a una persona inteligente y no supieron interpretar otras variables que desde muy pequeño le identificaban como un niño de vasto potencial intelectual.

    ¿Pero era inteligente? Vaya pregunta. Hablamos de Einstein. Sin embargo, a pesar de sus extraordinarias capacidades cognitivas, no demostró la misma brillantez en otros ámbitos. Fracasó en la escuela y sus habilidades para adaptarse a las exigencias del medio fueron limitadas. Esta historia refleja cómo hasta hace muy poco no existía una conciencia precisa de que la inteligencia y el éxito personal pueden tener muchas formas y manifestaciones, algunas muy alejadas de las demandas de las aulas o la sociedad.

    La investigación reciente ha transformado nuestro saber acerca del desarrollo intelectual. Entre otros aspectos, hoy sabemos cómo se desarrolla la inteligencia y qué podemos hacer para potenciarla. ¡Y no sólo eso! Existen evidencias de que podemos desarrollar nuestras funciones cerebrales independientemente de cuál sea nuestra edad. Eso sí, con muchos matices. Estos datos son gran relevancia. Con ellos nunca más debiéramos oír lo que oyeron los padres de una amiga mía: (yo no soy tan mayor) “Esta chica no es lista y nunca lo será, pero es muy mona y simpática. Aprovéchense de ello para que se haga un futuro”. Mi amiga trabajó mucho y desarrolló sus capacidades. Hoy sigue siendo guapa y encantadora….pero además es ¡una muy buena y afamada restauradora!

    Clases de inteligencia

    Pero… ¿de verdad han trascendido los resultados de esas investigaciones? ¡No lo suficiente! Durante mucho tiempo la inteligencia se definió y midió de manera muy limitada. Pero últimamente teorías tan conocidas como la de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner han ampliado nuestra perspectiva y consolidado lo que sabíamos intuitivamente, que el éxito académico no asegura el triunfo en la vida, pero tampoco el fracaso en la escuela excluye del éxito posterior ¿Por qué? ¿No son los alumnos con mejores notas los más inteligentes?

    Lo que hoy parece claro es que hay muchos tipos de inteligencia. Hablamos de inteligencia matemática, lingüística… pero también de inteligencia social, emocional, artística (como las que posee mi amiga...Su profesora no tenía ni idea de las muchas caras de la inteligencia).

    Además, las perspectivas aplicadas han transformado el concepto ¿Quiénes son inteligentes? Pues los que logran adaptarse de manera eficaz a los requerimientos del entorno haciendo uso de los recursos intelectuales que poseen. En este contexto están surgiendo términos novedosos que tratan de ver la inteligencia a través de las acciones inteligentes: “Inteligencia aplicada”, “Inteligencia Práctica” o “Inteligencia Ejecutiva” (Sternberg, J.A. Marina y otros).  

    De igual manera, hoy sabemos cómo actúa y se conforma el cerebro.  Hasta hace poco se sostenía que su desarrollo estaba básicamente condicionado por la genética. Aún se sabía poco de la plasticidad cerebral y de la capacidad que posee para modificarse en respuesta a las experiencias ambientales. Hoy conocemos que las funciones cerebrales se desarrollan con la experiencia. Cuando nos exponemos a dificultades y retos, nos vemos obligados a establecer modelos de actuación diferentes para afrontar la novedad. Así, el cerebro activa nuevas conexiones cerebrales. Al repetir la acción, el cerebro comprueba las conexiones que resultaron eficaces y las fortifica. Al tiempo, debilita las que no lo fueron. Así se establece el nuevo aprendizaje. Es un descubrimiento trascendental. Es por tanto, la práctica y la experiencia las que conforman la estructura del cerebro y forma la base del desarrollo intelectual. ¡Lo dice la ciencia!

    Fomentar la creatividad

    Pero sabemos más: durante la infancia, el cerebro es altamente eficiente en su plasticidad, pero la capacidad de aprendizaje se mantiene a lo largo de la vida. Es una noticia magnífica: los estudios han demostrado que  el cerebro adulto puede desarrollar funciones cada vez más precisas y seguir aprendiendo, siempre con los límites de cada caso en particular. Así, las estructuras y funciones cerebrales se desarrollarán en función de cuánto y cómo sean empleadas. Por eso tiene sentido seguir estimulándolas en la vida adulta. Cuanto más las ejercitemos, más posibilidades tendremos de contrarrestar el envejecimiento neurológico y de enlentecer el deterioro cognitivo. Estos hallazgos han propiciado un gran avance en los programas de estimulación cognitiva que apuntan a un futuro cada vez más esperanzador. 

    Los importantes avances de los últimos años ponen de manifiesto la necesidad de replantear cambios en la escuela, la familia y la empresa. Se han dado pasos. Pero hace falta una revisión profunda y mejora de las acciones emprendidas.

    La investigación arroja luz sobre el camino a seguir: para avanzar es necesario fomentar la práctica, la actividad mental y la creatividad. Deben ser estimulados el pensamiento, la creación y elaboración de ideas. Pero además deben afrontarse retos, trabajarse emociones y todas las formas de inteligencia.  Y hablar de competencias (forma aplicada de la inteligencia) para  progresar personalmente y en grupo… ¿Estamos preparados para un cambio tan sustancial?  

    Puede que durante mucho tiempo sigamos como estamos. Aunque algunas empresas y escuelas (en España todavía pocas a pesar de la ley y de los informes PISA) que empiezan a ver la luz.  Dejo un dato para la reflexión. Google (empresa a la que parece que no le va mal) anima a sus trabajadores a emplear un 20% de su jornada laboral pensando y desarrollando proyectos. ¿Les pagan por pensar? Si pensando no producen…….¿O sí?

    Diván Digital
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