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Empecemos por los principios

La verdadera inhumanidad: la terrible historia del niño Daniel Pelka

En la ciudad inglesa de Coventry ha tenido lugar finalmente el juicio que ponía fin a la terrible historia de Daniel Pelka, un niño de cuatro
Foto: El fallecido Daniel Pelka.
El fallecido Daniel Pelka.

En la ciudad inglesa de Coventry ha tenido lugar finalmente el juicio que ponía fin a la terrible historia de Daniel Pelka, un niño de cuatro años que murió a manos de sus padres.

Los progenitores, Magdelena Luczak, de 27 años, y Mariusz Krezolek, de 34, han sido condenados a cadena perpetua tras ser declarados culpables de la muerte de su hijo. Las declaraciones del hermano mayor de Daniel, así como los mensajes de texto en que ambos se recreaban acerca de la tortura a la que sometieron al pequeño han ayudado a desentrañar el caso.

El pequeño Daniel, tras meses de sufrir abuso por parte de sus padres y después de ser fuertemente golpeado, murió encerrado en una habitación sin calefacción ni comida, en la que permaneció 33 horas. El alcance exacto de la agresión que sufrió el niño se desconoce, según el informe oficial del caso.

El niño murió en marzo de 2012 pero ha sido ahora, con la celebración del juicio en Birmingham, cuando se han conocido los detalles de la escalofriante tortura a la que fue sometido Daniel por parte de sus padres.

Una invisibilidad inaceptable

La pregunta que todo el mundo se hace y que nadie ha sido capaz de responder es: ¿Cómo no se dio cuenta nadie? Familiares, amigos, profesores, la policía, los médicos, los servicios sociales…

Fruto del trato que se le daba en casa, Daniel estaba extremadamente delgado, tenía la columna desviada y a menudo presentaba moratones o heridas.  

Fueron 26 las denuncias de violencia doméstica que recibió la policía acerca de la casa de Daniel Pelka, pero no fueron capaces de llegar al fondo de la cuestión. Los oficiales “demostraron un fallo en uno de los aspectos más básicos del trabajo de protección del menor”, señala el informe oficial. Y es que resulta verdaderamente sorprendente cómo, a pesar de las numerosas señales, nadie se atrevió a dar un paso adelante a favor del bienestar del pequeño.

Las faltas más graves

El informe critica gravemente la falta de profesionalidad en diferentes ámbitos en que se podía haber impedido el final trágico de Daniel. Además, identifica tres errores graves, momentos en que el abuso podría haber cesado:

–Los servicios sociales se creyeron sin dificultad la historia que contaron los padres en 2011, cuando alegaron que Daniel se rompió un brazo al caerse del sofá.

–En la escuela Little Heath, a la que acudía Daniel, nadie hizo nada al respecto de las heridas y lesiones que presentaba el niño durante los cuatro meses que precedieron a su muerte. Las profesoras lo veían escuálido y rebuscando comida en la basura.

–Un mes antes de su muerte un pediatra vio a Daniel y no dio parte de su dramática pérdida de peso: pesaba menos de 11 kg cuando falleció.    

Los signos de que Daniel sufrió durante meses estaban ahí, pero nadie les hizo caso

“Se podría argumentar que si hubiera habido una mente más inquisitiva que se hubiera preocupado del cuidado de Daniel, y si hubiera estado más concentrada y decidida en sus intenciones a hacer frente a sus sospechas, la protección de Daniel habría sido mayor”, revela el informe.

Parece evidente que la muerte de Daniel podía haber sido evitada, y el maltrato prolongado fue ignorado durante mucho tiempo por diferentes personas. “La muerte de Daniel pesa sobre nuestra conciencia”, declaró, inevitablemente, el viceprimer ministro británico, Nick Clegg.

También Peter Wahless, director de los servicios nacionales para la Prevención de la Crueldad para con los Niños (NSPCC, según las siglas en inglés), ha declarado que “hay que hacerse preguntas vitales para entender cómo el estado del niño no fue registrado por los servicios de protección del menor. Los signos de que Daniel sufrió durante meses estaban ahí, pero nadie les hizo caso”.

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#12
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El otro día oí a un nazionalista, alto cargo de la Generalidad catalana diciendo que estaba justificado el uso propagandístico de los niños en TV3 porque los padres lo aceptaron, hay gente que cree que los hijos les pertenecen y sólo tienen los derechos que ellos le quieran dar, gente para la que la Declaración Universal de Derechos Humanos y la de los Derechos de los Niños son papel mojado, chorradas, algo que no les obliga a ellos.

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#11
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No hay nada que justifique un grito o un azote a un niño, siempre son un síntoma de impotencia y falta de control. Siempre hay una alternativa buena.

Saludos 

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#10
En respuesta a unamadre
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Algunos pensamos que un azote a tiempo arregla muchas cosas y aunque estes en contra te has pasado veinte pueblo comparandonos con maltratadores de mujeres.

Gente como tu es el verdadero problema de este país y tu comentario demuestra que eres mas nazi que nadie. O pensamos como tu o estamos a favor del matrato,ole tus huevos, y encima pretendes dar lecciones....

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#9
En respuesta a unamadre
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La estadística del voto te da la razón, las opiniones contrarias a tu mensaje son muy superiores a las favorables, entre los que me incluyo. Cuando España progrese llegará a normalizarse eso, como ya ocurre en otros lugares.

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#8
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Yo creo que trata exactamente de eso, de la violencia contra grupos sociales especialmente vulnerables que queda impune, porque no pueden denunciar, y porque tiene en gran medida apoyo social, si no absoluto, sí relativo. El artículo sólo es un caso extremo.

 

Respecto al mechero. A un niño pequeño se le debe mantener alejado de los mecheros, de la lejia, de las autopistas, de los acantilados... Por eso no se les puede dejar solos y hay que andar con mil ojos. ¿Qué tal poner el mechero en un armario alto, hasta que entienda los peligros de quemar la cortinas? Si un niño pequeño enciende un mechero varias veces, además de ser muy espabilado porque no es nada fácil, podemos afirmar que está a cargo de un adulto descuidado. Si es un adolescente, la cosa cambia. Seguramente tiene serios problemas que desde luego no se van a resolver a tortas. Siempre hay una alternativa a pegar, siempre.

 

Llegamos al absurdo de pegar a los niños por haber pegado ellos a otro, "para enseñarle que no se pega". Con la diferencia de que el niño normalmente ha pegado a otro de peso y tamaño similar, no a alguien que le llega por la rodilla.

 

Me pueden poner mil negativos, pero seguiré insistiendo porque se lo debo a los niños: pegar no sirve para educar y además está mal.

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#7
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Hay mucho maltrato hacia niños indefensos en las familias que queda impune.Y en una sociedad como la inglesa,donde la norma es no meterse en asuntos que no sean propios,ha pasado ésto.Afortunadamente ,este caso ha salido a la luz, aunque demasiado tarde.Decanse en paz el niño daniel.

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#6
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Sí, vale, de acuerdo con el 1, pero sin exagerar: recuerdan aquella madre que por tirarle una zapatilla al niño la condenaron a un mes de cárcel?

 

Si les pegamos, nos pegarán o puede que sean futuros maltratadores o víctimas de maltrato. Si les gritamos, también nos gritarán.. y, con buenos modales, a veces te van dando largas.

 

Pero personalmente prefiero millones de veces una madre que alguna vez me suelte un cachete o cuatro gritos a otra con tal ignorancia alimentaria que me atiborre de comida basura y me haga padecer los graves efectos físicos y psicológicos de la obesidad.

 

La obesidad, en mi opinión, es una de las peores formas de maltrato. La sufres toda la vida. Doy gracias a mi madre por su sensatez en ese sentido aunque se le escapara algún tortazo por perder el control

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#5
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A todos y cada uno de los que vieron y no hicieron nada, además de un despido inmediato por incompetencia total, deberían acusarlas en vía penal por omisión del deber de socorro.

La violencia contra los menores, que no pueden defenderse, es lo que la sociedad debería perseguir y proteger.  Una pena que no esté de moda.

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#4
En respuesta a unamadre
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Esta atroz noticia trata sobre un crimen y una negligencia policial tan asombrosa que la noticia, como está redactada, me parece diréctamente increible.¿Cómo narices se pueden recibir 26 denuncias de "violencia doméstica" y no hacer algo tan sencillo como mirar el estado del niño. ¿Y los profesores lo ven comiendo de la basura y no hacen nada? No me lo creo. 

Esta atroz noticia no trata sobre la forma en que la sociedad trata a los niños. Cuando veas a tu hijo quemando las cortinas con el mechero que le quitaste por enesima vez, me cuentas cómo dialogas con él para que no vuelva a hacerlo.

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#3
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Sólo lamento que haya por el mundo bestias disfrazadas de seres humanos, de padres, y que no seamos capaz de detectarlos y eliminarlos de una forma u otra.

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#2
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Cómo se tiene q estar de enfermo para cometer unas barbaridades de este calibre?

Cómo se puede estar de ciego para que el entorno no advirtiese nada?

La crueldad humana, junto con su estupidez, parece ser infinita.

 

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#1
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Claro que se dio cuenta la gente. El problema es que la violencia contra los niños está normalizada en la sociedad, que mayoritariamente piensa que es imposible educar a un hijo sin pegarle nunca, y que ignora que no pegar no es sinónimo de dejarle hacer lo que le dé la gana. Cuando se han realizado encuestas sobre el tema se ha descubierto que la gran mayoría de los adultos están de acuerdo con el castigo físico. El famoso cachete a tiempo. Y después ocurre lo de siempre: una vez que se banaliza el tortazo, es dificil decir cuánto empieza a ser demasiado: ¿tres tortazos? ¿y si es todos los días? ¿tres tortazos y una patada? ¿dejar marcas es demasiado? ¿o sólo es demasiado una fractura que te lleva al servicio de urgencias? Así que en la calle vemos de forma cotidiana bofetones y palmadas en el culo y no hacemos nada. Es fácil pensar que esos adultos que pegan en público pueden dejarse llevar mucho más en la intimidad del hogar.

En mi opinión, aún tenemos que recorrer con los niños el mismo camino que se recorrió con la violencia contra la mujer. Reconocer que violencia es violencia aunque sea flojita, y que una torta ya es demasiado.

Yo jamás he pegado a mis hijos ni el más mínimo cachete, me horroriza la simple idea de tocarles para hacerles daño. No sólo porque me parece éticamente inaceptable, sino porque sé a ciencia cierta que la violencia, en cualquier grado, es un pésimo método educativo.

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