Una profesora de 2º de ESO me cuenta la siguiente anécdota: entra una mañana en la clase y le dice a sus alumnos: “Hoy vamos a saber quién era Mandela, lo que hizo por su país y por la igualdad entre todos los hombres y mujeres de cualquier raza”. Los veinticinco chicos y chicas escuchan con desgana la propuesta y ponen cara de estar pensando si la profesora se despistará lo suficiente como para poder utilizar sus smartphones al menos unos segundos. A continuación la profesora añade: “para ello, por favor, sacad vuestros móviles, tabletas u ordenadores y buscad todo lo que podáis encontrar sobre este gran hombre, premio Nobel de la Paz”. La cara de asombro duró tan solo unos segundos, los necesarios para que todos ellos se enfrascaran con entusiasmo en la navegación a través de los millones de datos que hay en la red sobre Mandela. La clase, me comentaba mi amiga, fue un éxito, y ahora todos saben muy bien la vida y obra del llamado “Madiba”.

¿Creen ustedes que exagero? ¿Piensan que esta historia es inventada? Pregunten a sus hijos estudiantes o a sus amigos que trabajen en educación sobre los efectos de las nuevas tecnologías en el aula. O a los miles de estudiantes y profesionales que se están ya formando por educación online.

El correcto uso de las nuevas tecnologías supone un elemento de aprendizaje de primer ordenSomos muchos los que nos equivocamos al imaginar el papel de la tecnología en la educación. Si pensábamos en su uso en el aula, sobre todo por parte de los más jóvenes, creíamos que sería un factor de distracción que les alejaría del aprendizaje verdadero. Si lo veíamos como medio para estudiar a distancia, concluimos que sería un aprendizaje de segunda división, pobre y aburrido. Sin embargo, el correcto uso de las nuevas tecnologías a nuestro alcance supone un elemento de aprendizaje de primer orden; una forma -no antes soñada- de dinamizar el aprendizaje en el aula, haciéndolo más entretenido y participativo, y un medio potentísimo para llevar la información y la formación a cualquier persona en cualquier lugar y circunstancia, sin necesidad de estar en ese lugar físico que hemos dado en llamar aula.

Opino que es un hecho irreversible el que las tabletas se impongan como medio en todas las clases ya desde Primaria. Muchos colegios están haciendo un valioso esfuerzo en este sentido. Por cierto, que no deja de tener gracia que nuestros hijos y nietos vayan a la escuela llevando como único equipaje una tableta, como me contaba mi abuelo que hacía él… claro que la suya era una pequeña pizarra y una tiza, que a falta de libros, cuadernos y lápices, suponía el único medio físico de aprendizaje.

El desafío no está en los alumnos, sino en los profesores y en el sistema de educación que debe formarles a toda velocidad y reciclarles continuamente para permitirles estar al día de los tiempos que nos han tocado vivir; que, como ya saben, avanzan que es una barbaridad.