Purgas, mamporros y libelos... Bienvenidos al gran espectáculo de Podemos

¿Está la izquierda alternativa condenada a la purga y a la escisión por pura inercia histórica? ¿Podía haber evitado Podemos el numerito de las broncas fratricidas?

Foto: Pablo Echenique en un montaje que circula por grupos de Telegram podemitas
Pablo Echenique en un montaje que circula por grupos de Telegram podemitas

Como Vistalegre II está tan enrarecido que más que una asamblea parece una cárcel turca, vamos a empezar con uno de esos maravillosos chistes que suele contar Zizek para destensar un poco el ambiente:

Tres rusos comparten celda en la Lubianka.

El primero dice: "Me han condenado a cinco años por oponerme a Popov". El segundo interviene: "Ah, entonces la línea del partido ha cambiado porque a mí condenaron a diez años por apoyar a Popov". Y al final el tercero exclama: "Pues a mí me han condenado a cadena perpetua... ¡y soy Popov!"

Se habla mucho sobre Podemos como partido del siglo XXI por su dominio de la redes sociales. Paradójicamente, su mayor aportación en 2017 parece haber sido resucitar dos tradiciones políticas ancestrales: el libelo (como género literario) y la purga (como método político).

Literatura de calidad

En efecto, el choque entre pablistas y errejonistas se ha materializado en los últimos días en forma de una alucinante colección de libelos escritos por altos cargos, ex altos cargos e intelectuales de guardia que arrancan con llamadas a la concordia, a la unidad y al buen rollito, continúan levantando muros de traición, paranoia y conspiración (tan centrados en lo personal y en la trifulca interna que resultan incomprensibles) y acaban pidiendo purgar a todo bicho viviente. Un poco en plan: “Estimados camaradas: Ha llegado la hora de olvidar nuestras diferencias y fundirnos en un abrazo fraternal. Pero antes, un último consejo desinteresado: el camarada Fontanerov y todos sus esbirros serán ejecutados al amanecer por cuestiones personales que solo yo entiendo. ¡Viva el amor!”.

La foto que ilustra este artículo -Pablo Echenique, secretario de organización del Podemos, con una silla de ruedas ametrallada y lista para purgar- sale de uno de esos grupos de Telegram en los que la chavalada podemista se saca las tripas con gran jolgorio, bilis e histrionismo, quizá sin comprender que la política palaciega requiere de más discreción si se pretende efectiva.

No es raro, por tanto, que haya triunfado el siguiente análisis previo a Vistalegre II: la jarana en Podemos no es más que el último episodio de un fenómeno cultural inevitable y de larga tradición: el gusto por la autoinmolación de la izquierda alternativa. La maldición, el gafe histórico, la irresistible fuerza que llevaría al rojerío a abrazar la purga y la escisión como parte de una naturaleza política enfermiza.

Los dos aparatos/camarillas de Podemos han convertido el partido en una trifulca permanente de fontaneros majaderos aporreándose delante de toda EspañaQue el podemismo ha entrado en una dinámica enloquecida es evidente, que la lucha fratricida de poder ha llevado a varios de sus prohombres a perder el norte, también. Pero lo interesante quizá no sea tanto el análisis folclórico de lo que pasa hoy (libelos, mamporros) como el político de lo que pasó ayer (la vertiginosa creación del partido como máquina de guerra electoral). Es decir, lo que está pasando ahora -bronca salvaje- no pasa porque sí: reducir los (grandes) problemas políticos de Podemos a las diferencias personales entre familias o a la histórica afición de la izquierda por la bulla y la purga es quedarse corto en el análisis.

Polvos, lodos y aparatos

Hay cierta melancolía en las horas previas a Vistalegre II, tipo: "Jo, lo felices que fuimos en Vistalegre I y el mal rollo que hay ahora". Pero esta visión del primer Vistalegre como una especie de Woodstock político de ensueño quizá no se sostenga. ¿Y si de aquellos polvos (verticales) vinieron estos lodos (purgadores)?

Lo explica muy bien el historiador Emmanuel Rodríguez en su último libro, ‘La política en el ocaso de la clase media’. “Naturalmente la situación sería otra si Podemos hubiera limitado los poderes de la dirección, si hubiera optado por métodos consensuados de democracia interna que garantizaran la representación de todas las ‘familias-aparatos’ y si hubiera puesto cortapisas a la burocratización del partido. Existen multitud de formulas orgánicas que facilitan la cooperación en lugar de la competencia. Hoy en Podemos se consume mucho más tiempo en luchas internas de fracción que en organizar una oposición mínimamente consistente”, explica Rodríguez en esta entrevista:

Resumiendo el quilombo de manera acelerada: Pablo Iglesias e Íñigo Errejón salieron de Vistalegre convertidos en el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro. Recuerden: el planchazo de la asamblea fundacional fue de los que hacen época, con Iglesias y Errejón copando 62 de los 62 puestos en el Consejo Ciudadano.

Los dos líderes y sus respectivas camarillas acumularon tantos cargos y tanto poder que Podemos pasó en tiempo récord de partido movimiento a partido aquí-se-hace-lo-que-me-salga-a-mí-de-los-cataplines. Se creó un aparato tan vertical que a su lado tirarse de cabeza desde un avión sin paracaídas parece un ejemplo sensato de horizontalidad.

Las medidas más elementales de una arquitectura democrática y de contrapesos internos, como la separación de la dirección del partido y de los grupos de representantes electos, ni siquiera estaban contempladas

En Vistalegre I se pasó el rodillo a los círculos y al sector crítico -que resucitaría luego al no lograr controlar el aparato madrileño ni la extensión territorial ni el desborde de los comunes y las mareas, a los que, curiosamente, está afectando más bien poco la crisis nuclear del partido madre; bendita autonomía-, boicoteando la creación tanto de una organización política diversa como de contrapesos internos, que tanto harían falta ahora para impedir que las dos grandes familias colapsen Podemos con sus tanganas por el control del aparato; dinámica imparable cuando no existe una fuerza alternativa con poder suficiente para parar los pies a los mandarines matarifes. “Las medidas más elementales de una arquitectura democrática y de contrapesos internos, como la separación de la dirección del partido y de los grupos de representantes electos, ni siquiera estaban contempladas, en la previsión de que ambas funciones coincidieran en las mismas personas”, escribe Emmanuel Rodríguez sobre Vistalegre I.

Así que solo era cuestión de tiempo que Iglesias y Errejón, dos gallos con enormes ansias de poder, se liaran a palos por el control del aparato. Errejón suele utilizar la expresión "paso corto y mirada larga", aunque ahora sería más preciso decir "paso corto y cuchillada larga", ya que que los dos líderes y sus mayordomos se han empleado a fondo en la lucha interna de poder. Entre menos de diez personas han dejado frito al partido; tiene mérito, sí.

“La máquina de guerra electoral dio mucho poder a menos de diez personas que han tenido capacidad de mando en la organización, para construirla y para tomar decisiones. No ha sido construida mínimamente desde abajo, con participación de la militancia ni de los círculos. En este modelo, en cada disputa, el ganador se lo lleva todo. Es, por tanto, un esquema muy poco dado a la composición, a la pluralidad, al debate o al acuerdo ... El modelo organizativo fue pensado para la eliminación de la diferencia y la construcción de estructuras verticales. Cuando se ha ido desmoronando la cohesión entre el núcleo dirigente, se ha producido una guerra abierta a ver quién se hace con el control del partido... A los que queríamos iniciar este tipo de discusiones, que creíamos en la pluralidad de la organización, se nos acusaba de deslealtad, de hacer el juego a los medios, etc. Tanto se huyó de la discusión, que al final las diferencias han terminado emergiendo pero de la peor manera posible: en luchas de poder mezquinas básicamente por posiciones en el aparato”, explicaba este jueves el diputado parlamentario Isidro López en una entrevista en 'Ctxt'.

La cabeza del camarada

Los dos aparatos/camarillas de Podemos han convertido el partido en una trifulca permanente de fontaneros majaderos que se aporrean delante de toda España. Un pressing catch comunista en el que es difícil saber qué da más vergüenza ajena: si las campañas sectarias de los pablistas en Twitter -el infame y grotesco #asínoíñigo- o el rollo pasivo/agresivo del errejonismo, que clama por atraer al partido a "los que faltan" al tiempo que maniobra para echar del partido a los que sobran. Porque la tontería esa de que Errejón no compite por el liderazgo del partido no se la cree nadie a estas alturas, ¿verdad?

Ahora que las luchas de poder entre Iglesias y Errejón se han desmadrado y los dos líderes van de achicharre en achicharre hasta el achicharre final, resulta que igual no era tan buena idea dejar Podemos en sus manos. ¿Quién iba a pensar que un partido basado en el hiperliderago, la verticalización y la eliminación de las diferencias iba acabar consumido en una batalla brutal por el hiperliderazgo, la verticalización y la eliminación de las diferencias? Muy pocos vaticinaron que el camino del primer Vistalegre no era el correcto; desde luego yo no fui uno de ellos.

Dicho lo cual: quien quiera jugar un partido de fútbol con la cabeza del camarada Fontanerov, que de un paso al frente. Y el que no, que grite conmigo: ¡Que se vayan todos/estos dos y pasen los siguientes, por favor! Podemos ha muerto. ¡Viva el pospodemos!

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