Las siete vidas de Artur Mas: el eterno retorno del Zelig catalán

Crónica del desayuno madrileño con el político organizado por Vanity Fair

Foto: Artur Mas durante el acto (EFE)
Artur Mas durante el acto (EFE)
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Evento: Desayunos Vanity Fair. Invitado: Artur Mas, expresidente de la Generalitat y presidente del Partido Demócrata Europeo Catalán (la antigua Convergència). Lugar: Hotel Orfila. Sinopsis: Último capítulo del quilombo Cataluña/España: Artur Mas ha sido inhabilitado dos años para ocupar cargos públicos por organizar una consulta independentista. Aforo: lleno hasta la bandera (de periodistas).

Si yo les digo a ustedes que Artur Mas ha venido a Madrid a hablar sobre la independencia de Cataluña, que los tribunales españoles están tratando de pararle los pies y que estamos al borde de un referéndum decisivo, sin duda alguna pensarán ustedes que seguimos en el año 2013, pero no: estamos en 2017 y el conflicto catalán hace ya tiempo que alcanzó la categoría de día de la marmota.

Las condenas ayudan más al proceso soberanista que al proyecto unionista

Pero aquí estamos, en el Hotel Orfila (vecino a la sede del PP), en un salón presidido por un cuadro metafórico: una folclórica con mantón y sombrero flamenco dando la espalda a Artur Mas… Pero esta es precisamente la clase de gestos -España contra mí- que dan aire a un político que vive al borde del KO.

He aquí la paradoja Mas: reaparece en Madrid en su peor momento... que es también su mejor momento: desalojado de la Generalitat, con su partido hecho unos zorros -el caso Palau ha quebrado la frágil legitimidad ganada tras la refundación- y con los magistrados cañís dándole un supuesto tiro de gracia (la inhabilitación temporal) que es en realidad un balón de oxígeno político. ¿Alguien duda de que un Artur Mas convertido en mártir de la justicia española tiene más posibilidades de volver a disputar la presidencia de la Generalitat? ¿Quién dijo retroalimentación involuntaria? Artur Mas esta mañana: "Las condenas ayudan más al proceso soberanista que al proyecto unionista".

De ahí que Mas estuviera bastante suelto durante el desayuno: más que un político en retirada pareció un político en plena ofensiva propagandística.

La Constitución ha dejado de tener legitimidad para una parte de la sociedad catalana

Sobre la condena: “Si el Supremo nos sigue condenando y de ahí salimos ilesos, llegaremos a la justicia europea. Seguramente ya sea tarde, pero pretendemos que haya, al menos, una reparación moral. No es normal que poner urnas sea considerado delito en una democracia".

Sobre la ley: "La Constitución ha dejado de tener legitimidad para una parte de la sociedad catalana”... “Hay personas con gran apego a la ley que de demócratas no tenían nada…. Lo normal es que, si hay una realidad social y política expresada de forma pacífica, se atienda a esa realidad y se la escuche para negociar y encontrar una salida. Eso hicieron los británicos con Escocia y los canadienses con Quebec”.

Sobre la tercera vía: "Si hay alguien con un proyecto alternativo al nuestro de la independencia, que lo explique. Se habla de terceras vías, pero no he visto ni una sola propuesta. Y si la hubiere, nosotros, como demócratas, pediríamos que se votara esa opción alternativa a la vez que la nuestra”.

La realidad legal de Cataluña es española, la política ya no

Sobre la soberanía: “En Cataluña, los que creemos en este proyecto soberanista, tenemos dos alternativas: o tiramos la toalla o seguimos hacia adelante. Si ustedes tuvieran mayoría absoluta en su parlamento, ¿qué harían? Nosotros hemos decidido avanzar. Parar no es asumible"... "Cataluña, en este momento, legalmente está en el marco español, pero políticamente ya no lo está. La realidad legal de Cataluña es española, la política ya no. ¿Suena duro? Es la realidad”.

Tan arriba se vino que, ya puestos, negó la mayor sobre la corrupción que gangrena a su partido: "Si nadie investiga es porque saben que los contratos de obra pública están bien hechos y nunca hubo trato de favor". EJEM.

El increíble hombre mutante

¿Cómo es posible que después de todo lo que ha pasado -recortes sociales duros, caída de la familia Pujol, escándalo del 3%, veto de la CUP a hacer presidente a Mas, caso Palau y refundación de Convergència para no caer por el sumidero- Artur Mas esté en Madrid tirando del carro del procés one more time? ¿Pero este hombre no estaba achicharrado?

Teoría: Artur Mas tiene siete vidas porque es el Zelig indepe. Flashback: ‘Zelig’ es una película de Woody Allen sobre un individuo con una alucinante capacidad de adaptación a cualquier circunstancia histórica, que cambia drásticamente de aspecto con tal de ser aceptado, un camaleón cuyo comportamiento mimético va más allá de lo sobrenatural...

Ahora imaginen ustedes a un Zelig catalán que, además de buscar ser querido por todos, tiene una fuerte voluntad de poder y, ¡tachán!, verán a Artur Mas: el delfín tecnócrata de Pujol cuando tocaba ser delfín tecnócrata de Pujol, el President de la Generalitat al que no le tembló el pulso cuando Alemania y Bruselas pidieron austeridad neocon por un tubo, el político que se sumó a la ola de protesta antes de que la ola de protesta se lo llevara por delante (del 15-M a la reconducción institucional del malestar vía procés), el autonomista que mutó en líder indepe cuando lo indepe creció tras cargarse el Constitucional el Estatut y el líder rebelde que juega al ratón y al gato con España. ¿De cuántos políticos estamos hablando? De uno solo. Resumiendo: si Artur Mas tiene que disfrazarse de campesina zíngara para recuperar el poder, lo hará.

Uno tiende a pensar que Artur Mas está calcinado, pero se acerca a ver las quemaduras de cerca y solo ve un saludable bronceado. Es como una de esas películas de los ochenta en las que una horda de vietnamitas intenta matar a un macho de acción de 200 maneras diferentes… pero nuca lo consigue del todo: tras ser torturado, gaseado y enterrado bajo una tonelada de escombros (y de informes policiales truchos de las cloacas de Interior), nuestro héroe reaparece una vez más de entre los muertos, sin un rasguño y con cara de Presidente de la Generalitat en potencia…

Se suele describir el procés con metáforas aceleradas como la del choque de trenes, como si pasasen cosas históricas y vertiginosas todo el rato, pero igual no pasa nada casi nunca: estamos ante un chotis entre Cataluña y España en el que los bailarines emiten propaganda sin cesar, pero sin moverse de su baldosa. Y así podemos seguir por los siglos de los siglos amén, en unas tablas permanentes que todos tratan de rentabilizar políticamente.

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