La guerra secreta contra las musas eróticas de la Transición

Susana Estrada, madre de todos los escándalos sexuales y objetivo habitual de los ultras, saca disco de porno-pop. Vida y milagros de una agitadora erótica-festiva

Foto: Tierno Galván y Susana Estrada, duelo de titanes (montaje: Carmen Castellón)
Tierno Galván y Susana Estrada, duelo de titanes (montaje: Carmen Castellón)
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Conversación con dos periodistas 'millennials' durante la elaboración de esta crónica:

-Ojo: mañana entrevisto a Susana Estada.

-¿A quién?

-¿No la conocéis?

-No

-¿Conocéis una foto de la Transición en la que Tierno Galván entrega un premio a una diva con una teta fuera?

-Sí.

-Pues entonces, sí la conocéis...

Moraleja: puede que la gente se haya olvidado de Susana Estrada (Gijón, 1949), pero el mito permanece en el inconsciente colectivo cuarenta años después. Poca broma pues.

El mito Estrada es el de una mujer que estudió en las monjas ursulinas de Gijón, se rebeló, aterrizó en Madrid y se convirtió en diva del destape e icono sexual de la Transición; y que aún no ha dicho su última palabra: el próximo dos de junio se publica su nuevo disco -'The Sexadelic Disco-Funk Sound of Susana Estrada'- recopilación de todos sus hits erótico-festivos, de la psicodelia funk de 'Acaríciame' al desparrame disco de 'Hagámoslo juntos'; con unas letras que harían ruborizarse a Miley Cyrus y otras reinas del porno-pop. Incluye temas inéditos.

"Evidentemente me adelanté a mi tiempo", cuenta Estrada vía telefónica desde Benidorm, donde reside desde hace unos años. "Imagínate escuchar estas canciones en el año 81. Muchos locutores se autocensuraron para no pincharlas, pero era algo a lo que estaba acostumbrada: había una gran distancia entre lo que yo proponía y lo que mucha gente estaba dispuesta a aceptar. Lo mío era otra galaxia", añade la artista, que el mes que viene cumplirá 68 años.

El fascio sexual

Todo esto podría ser una historia de jiji-jajá, de las películas del cine 'S' como disparate casposo, de la Transición como fiesta costumbrista y conciliadora; salvo que con Susana Estrada ocurre lo mismo que con otros mitos de la época: basta rascar un poco para darse de bruces con conflictos broncos que no casan con la imagen edulcorada (y hasta hace poco canónica) de la Transición 'modélica'.

Las amenazas de muerte o de bomba fueron frecuentes

“Dejando de lado los falsarios debates sobre la calidad de sus trabajos, nunca es tarde para reconocer el arrojo de estas mujeres. Las amenazas de muerte o de bomba fueron frecuentes para ellas”. Lo dijo David Barba en un ensayo de referencia para entender la trama sexual cañí: '100 españoles y el sexo'. En efecto, se ha hablado poco sobre cómo las divas eróticas de la Transición se convirtieron en objetivo recurrente de los ultras de extrema derecha. María José Goyanes, primera actriz en salir semi desnuda en una obra de teatro ('Equus', 1975), recibió cartas explosivas; María José Cantudo fue acosada (quemaron el ascensor de su casa) por enseñarlo todo en 'La trastienda'; Victoria Vera recibió varias cartas bomba por sus obras de teatro, y un largo etcétera de incidentes.

Pero si de choques con ultras y con la autoridad competente hablamos, Susana Estrada se llevó la palma, paso por los calabozos de la Dirección General de Seguridad incluido. A la diva le gustaba pisar todos los charcos posibles porque se tomaba lo suyo -la liberación sexual- como algo político. ¿No queréis pecho? Pues vais a tener pecho y medio: de su espectáculo teatral 'Historia del estriptis' (pionero del desnudo integral, que llegó a ser interrumpido en directo por un señor con pistola) a su consultorio sexual en la revista 'Playlady', que le valió 14 procesos por escándalo público desde 1977.

PREGUNTA. ¿Cómo llevaba los ataques de los ultras?

Los empresarios ganaban tanto dinero conmigo que al finan me pusieron guardaespaldas

RESPUESTA. Al principio no lo llevaba bien -sobre el escenario, con todos esos focos deslumbrándote, te sientes indefensa- pero a todo se acostumbra una. Los empresarios ganaban tanto dinero conmigo que al finan me pusieron guardaespaldas: unos militares retirados, armados, muy profesionales. Salía del show, me subía a un coche y mis escoltas iban delante en otro coche. Al llegar, revisaban el parking y el piso, y yo me iba a dormir. Iba y volvía al trabajo con escolta, como Franco, si me permites el chiste.

P. ¿Y los choques con la autoridad competente?

R. Esos los llevaba incluso peor. Cada vez que me iba de gira teatral por provincias, tenía que coger un avión de ida y vuelta a Madrid: todos los 1 y 15 de cada mes tenía que ir a firmar a los juzgados, a decir que no me había fugado del país. Todo debido a los procesos por escándalo público que me abrieron por mi consultorio sexual. Perdí casi todos estos procesos, por cierto, solo un juez fan de mis espectáculos se apiadó de mí. A cambio, otro juez que había coproducido una de mis películas, me condenó... ¡La madre que le parió!

P. Le retiraron el pasaporte, ¿no?

R. Sí, también perdí el derecho a voto y me prohibieron escribir: tuve que dejar de firmar la columna que hacía en 'Interviú'. Si a mí me hicieron todo eso por hablar de sexo, qué no le tendrían que hacer a esos corruptos cabrones que se están riendo hoy día de todos nosotros. La vida no es justa, cariño, créeme.

Piquito de oro

Capítulo aparte merece su debate sobre sexo en TVE (1981) con el escritor y jesuita Luis Martín Vigil. El programa generó un terremoto -centralitas bloqueadas en Prado del Rey- que casi se lleva por delante al director de TVE, Luis Castedo, que encargó una encuesta a José Ignacio Wert (el mismo Wert que tienen todos ustedes en mente) para medir el alcance del 'estradazo' sobre las mentes de los españoles.

No es posible llevar a la televisión impunemente, para que explique moral sexual, a Susana Estrada y que no se salten los plomos con sus confesiones
El espectacular duelo de titanes entre Estrada y Vigil dejó perplejo al cronista de televisión de 'ABC', que lo resumió así (con bastante gracia, todo sea dicho): “El padre Martín Vigil fue claro y sólo opuso a la libertad sexual dos limitaciones: que no sirva para dañar a nadie y el respeto a quienes no participan en ella. Se mostró partidario del divorcio, del casamiento de los curas y del sacerdocio femenino. Susana Estrada se situó en todo momento en plena ofensiva, dispuesta a que no le comieran el terreno, y a exponer con toda clase de pelos y señales todo lo que una confrontación con un cura había hecho nacer en ella como desafío. Habló sin tasa y logró imponerse en el debate como protagonista, conduciendo a su interlocutor a terrenos verdaderamente resbaladizos para un religioso. Tan resbaladizos que el moderador quedó enmudecido y visiblemente inquieto por la coloración procaz del diálogo. ¡Qué quería! Estaba sucediendo lo que cabía suponer... No es posible llevar a la televisión impunemente, para que explique moral sexual, a Susana Estrada y que no se salten los plomos con sus confesiones… La televisión no puede ser el lugar de los experimentos entre sexo, cura y vedette”. Resumiendo: Susana Estrada, piquito de oro.

Portada del disco
Portada del disco

La sexualidad rotunda como vía para la autorrealización se ha convertido ahora en un arma de los feminismos de nuevo cuño, pero el destape no fue bien digerido por los sectores moralistas del movimiento durante la Transición, y una tótem como Lidia Falcón acusó a Estrada de ser "una víctima de la sociedad". ¿Víctima? ¿Seguro? Porque el caso Estrada parece ahora más bien todo lo contrario: el de una pionera del empoderamiento. "Yo recibí palos de todos los lados: de la izquierda, de la derecha y del centro. Hice pleno. Recuerdo una manifestación de feministas frente a un teatro donde actuaba, creo que fue en Vitoria, en la que me acusaban de ser una 'mujer objeto'. El problema es que en aquella época lo subversivo se canalizaba corriendo delante de los 'grises', pero con mis tacones era difícil correr delante de los 'grises'... Lo que quiero decir es que cada una hace la lucha a su manera. Mi lucha, por cierto, no cayó en saco roto", afirma la diva.

Del cine S al cine X

Susana Estrada protagonizó dos filmes claves del cine erótico de la Transición: ‘El maravilloso mundo del sexo’ (1978) y ‘Pasión prohibida’ (1981). Sin embargo, la llegada de los años ochenta, con su cacareada libertad sexual, fue la tumba de este tipo de películas, que habían sido impulsadas más o menos sin querer por los hombres de... Adolfo Suárez.

Al Gobierno de Adolfo Suárez debió parecerle demasiado radical el tránsito entre la España Una, Grande y Libre y la legalización de la pornografía

Según explica Andrés Barba en su libro, el cine 'S' fue un invento de la UCD para que la transición sexual de la dictadura a la democracia fuera más reformista que rupturista: “Las primeras autoridades de la democracia, surgidas en las elecciones del 15 de junio de 1977, despenalizaron los preservativos y otros métodos anticonceptivos. De paso, también suprimieron lo que quedaba del aparato de censura del régimen, aún capaz de procesar con su inefable criterio a cuantos periodistas, editores y fotógrafos creyera conveniente bajo la peregrina acusación de ‘escándalo público’. Al Gobierno de Adolfo Suárez debió parecerle demasiado radical el tránsito entre la España Una, Grande y Libre y la legalización de la pornografía. Así, el artilugio de la censura fue sustituido por una Junta de Calificación encargada de clasificar las películas en función de la edad del público. El chaparrón de erotismo sirvió de coartada a los nuevos celadores de la moral para sacarse de la manga la famosa clasificación S, destinada a películas que, por su voltaje erótico, pudieran ‘herir la sensibilidad del espectador'. En la práctica, la clasificación S significó la introducción de un porno soft que evitara un salto al harcore, inadmisible para los sectores más conservadores”.

Por la grieta S se colaron las cintas de Susana Estrada, Bárbara Rey o María José Cantudo, pero también cayeron allí películas tan poco eróticas como ‘Mad Max’, en un cajón de sastre un tanto absurdo. Pero si la UCD inventó el cine S, el PSOE acabó con él, al disolver la Junta de Calificación, dar luz verde al cine porno e impedir que las películas eróticas accedieran a las subvenciones, monopolizadas por los proyectos de ‘calidad’ elegidos al calor de la Ley Miró. De la S habíamos pasado a la X, del erotismo al porno duro. El resto es historia. “La Movida, el cine de Pedro Almodóvar, el diseño y la entrada en Europa fueron la puntilla de aquel erotismo kitsch y hortera con el que se desbravó en erotismo una generación entera”, razona Barba.

No obstante, Natalia Estrada podía descansar con la conciencia tranquila: ya había hecho el trabajo sucio en los setenta. "Soy un icono, un mito sexual, qué se le va a hacer. Me tocó, pues me tocó", zanja la diva.

Animales de compañía

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