Pero... ¿qué nos han enseñado a nosotros los romanos?

La Roma clásica es una invención de escritores, historiadores, cineastas o pintores. Cada uno ve en ella lo que quiere ver para reforzar su visión del mundo

Foto: Julio César es alabado por sus soldados en una imagen de 'Roma'. (HBO)
Julio César es alabado por sus soldados en una imagen de 'Roma'. (HBO)

Imaginemos que usted es una mujer un poco conservadora, que considera el ejército como una buena escuela de valores viriles, que ama a su país de un modo un poco irracional pero también pragmático, y que cree que la base para una ciudadanía responsable descansa en virtudes como la lealtad a la familia o al grupo social al que pertenece. En ese caso, la Roma del siglo I antes de Cristo puede ser su momento preferido de la historia y Virgilio —el creador del estilo clásico y autor de la gran narración épica de la Roma antigua, la 'Eneida'—, su poeta.

Imaginemos, en cambio, que usted es un hombre básicamente progresista, que considera que el cosmopolitismo es el valor principal de las sociedades avanzadas, que es un poco frívolo con la identidad y las tradiciones de su país, pero lo ama a pesar de la maldad de sus élites, y que cree que la base para una ciudadanía cuerda descansa en virtudes como la ironía para no tomarse demasiado en serio los dramas de la vida cotidiana. En ese caso, la Roma del siglo I antes de Cristo puede ser su momento preferido de la historia y Catulo —autor de los célebres versos “Pedicabo ego vos et irrumabo/ Aureli pathice et cinaede Furi” ( os daré por culo y me la mamaréis/ Aurelio chupapollas y Furio maricón)—, su poeta.

Cada uno ve en la historia de la Roma clásica lo que quiere ver para reforzar su visión del mundo

Como todos los momentos de la historia, la Roma clásica es en buena medida una invención de los escritores, historiadores, cineastas o pintores que se han dedicado a ella. Y, en este caso, son legión. Cada uno, como estos dos estereotipos que he imaginado, ve en ella lo que quiere ver para reforzar su visión del mundo.

Pero es cierto que Roma, en el paso de la República al Imperio, es particularmente rica y plural, contradictoria y sofisticada. Y también ejemplarizante para momentos como el actual, en el que no parece previsible que nos sumamos en sangrientas guerras civiles, pero en el que nuestros políticos parecen un poco más navajeros de lo necesario, no sabemos si nuestro modelo político va a durar y los valores morales y las creencias políticas se transforman ante la aparición de nuevos tipos de líder.

Pero... ¿qué nos han enseñado a nosotros los romanos?

César, un populista

He pensado en todo esto viendo la estupenda serie 'Roma', que tiene una década pero puede verse ahora en HBO España. Es una magnífica crónica ficcionada —con bastante violencia, un poco de sexo y mucha intriga política— del auge y caída de Julio César en Roma a través de las desventuras de dos militares plebeyos cuyas expectativas de vida y fortuna dependen por completo de los acontecimientos políticos. Uno es un grandullón violento, borracho y mujeriego, bastante tarugo pero muy leal; el otro es un tipo que por azar hace carrera política, consigue codearse con la displicente clase alta del momento y quiere por encima de todo ser un buen padre de familia, pero que siempre se acaba viendo abocado a solventar conflictos cortando cuellos.

Cartel promocional de 'Roma'. (HBO)
Cartel promocional de 'Roma'. (HBO)

Julio César, el personaje protagonista de la primera temporada (hay dos) junto a esos dos desgraciados, es sin duda un miembro de la élite. Ha tenido un inmenso éxito militar conquistando la Galia (la Francia actual, más o menos) y quiere volver triunfante a Roma. Pero las leyes se lo impiden: un militar no puede utilizar su popularidad para hacerse con el poder civil. A él le da igual, porque se siente legitimado y aclamado. Pretende cimentar su poder apelando al pueblo llano, dándole regalos y restando margen de maniobra a los elitistas senadores, que detestan a los plebeyos pero saben que no pueden airarles demasiado si quieren seguir en el poder. Por resumirlo (no son 'spoilers': la historia es de sobra conocida y la serie es respetuosa con ella): César vuelve a Roma, se salta un puñado de leyes, consigue ser investido como dictador vitalicio, el pueblo le adora y la aristocracia le asesina, también saltándose un puñado de leyes, para dar continuidad a la legalidad (dicen) o para hacerse de vuelta con el poder. Al pueblo no acaba de convencerle la situación y parte de la aristocracia se vale de la pasión popular por el difunto César para cimentar su poder. Hay una guerra civil. Gana… un aristócrata.

En 'Roma', como ahora, la política es cosa de familias, de rencores y de amistades de décadas, y unos y otros se acomodan a los vaivenes

En 'Roma', como ahora, la política es cosa de familias, de rencores y de amistades de décadas, y unos y otros se acomodan a los vaivenes: Cicerón queda aquí como un pobre diablo —seguramente no lo fue tanto— que adula y adula a quien haga falta para seguir con la cabeza pegada al cuerpo y su toga de senador encima. Bruto, el asesino de César, es un hombre dubitativo, pero al final mata al tirano y cuando Marco Antonio —el segundo de César, que quiere aprovechar su asesinato para hacerse con el poder— le ofrece a modo de falsa reconciliación un cargo humillante fuera de la gran política nacional, lo rechaza, a diferencia de Errejón, y recluta su propio ejército.

Si en los 'peplums' hollywoodienses de los años cincuenta los romanos eran, básicamente, estadounidenses teletransportados 20 siglos atrás, en 'Roma' hay un intento bien logrado de mostrarnos las creencias religiosas, la moral cotidiana y el sistema político con que vivían los romanos, aunque también hay mucho de culebrón. Es especialmente llamativa la reconstrucción de la ciudad en sí, un antro pestilente, y de ciertos edificios nobles, de un buen gusto extraordinario (y mantenido por esclavos).

Hay elevadas ideas filosóficas y políticas, grandes palabras sobre la bondad de la república y promesas de bienestar para todos, pero también mucha vulgaridad, revanchismo y chistes que escarnecen a los políticos, y que, a falta de Twitter, aparecen pintados en las paredes, en plena calle. Es decir, lo mismo que en nuestros días.

Saber historia para no repetirla

Hegel escribió que “lo único que aprendemos de la historia es que nunca aprendemos de la historia”. No hay palabras más sabias (aunque quizá sean apócrifas) para describir el comportamiento humano, y son especialmente llamativas para quienes creen que aprender del pasado impedirá la llegada de nuevas catástrofes.

Hegel escribió que "lo único que aprendemos de la historia es que nunca aprendemos de la historia". No hay palabras más sabias

Pero eso no quita que debamos seguir aprendiendo historia. Si quieren saber más sobre la romana —sobre sus alturas y bajezas, sobre su filosofía y su moral, sobre sus chistes y su encendido patriotismo, sobre sus desigualdades atronadoras— y les da una comprensible pereza leer a Virgilio (es duro, pero recompensa) o a Catulo (es divertidísimo, una de las lenguas que más placer y más daño saben provocar), les recomiendo dos libros más o menos recientes y extraordinarios: 'El mundo clásico', de Robin Lane Fox (Crítica), o 'SPQR: una historia de la antigua Roma', de Mary Beard (Crítica). En formato audiovisual, junto a los documentales de la BBC que dieron pie a este último libro, y que pueden ver en YouTube aunque solo en inglés, nada más recomendable que la serie 'Roma'. Una maravilla manchada de sangre, semen y grandes propósitos que siempre salen mal. ¿Les suena?

El erizo y el zorro

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