El Cholo y el madroño

Frío y distante, como ausente y hasta molesto por estar ahí. Así se vio a Simeone en el acto de presentación del nombre del nuevo estadio del Atlético y del nuevo escudo

Foto: Simeone, junto a Koke, Godín y Gabi, en la presentación del nuevo escudo del Atlético y el nombre del nuevo campo. (EFE)
Simeone, junto a Koke, Godín y Gabi, en la presentación del nuevo escudo del Atlético y el nombre del nuevo campo. (EFE)

Lo que más llamó la atención de la medida puesta en escena del anuncio del nuevo nombre del estadio del Atlético de Madrid fue la escasa implicación en el acto de Diego Pablo Simeone. Era como si no fuera con él la entrada en la nueva era colchonera, simbolizada en la denominación del nuevo estadio y la sorpresiva presentación de un nuevo escudo, que el propio Cholo ha protagonizado desde el banquillo.

Simeone habló tras Gabi, Godín y Koke, y dijo: “Un día especial seguramente, como han dicho los chicos, con muchas nostalgia y mucha ilusión. Creo que se ha dicho todo lo que se podía decir. Hay que ganar el domingo. Nada más”. Frío y distante, como ausente y hasta molesto por estar ahí, así se vio a Simeone en un acto en el que debería estar más implicado, aunque solo fuera por lealtad empresarial, ya que Simeone es el empleado mejor pagado del Atlético de Madrid.

Pero los dirigentes del Atlético no le van a exigir nada. Igual que han implicado a algunos veteranos y a miembros de alguna asociación y les han consultado por el nuevo escudo, al entrenador que ha devuelto el equipo a la élite no le van a implicar en nada que no quiera. Solo le pueden sugerir, pero él no hace demasiado caso. Después de ceder a su deseo de reducir la duración de contrato (de 2020 a 2018) y de aumentar su ficha, aplacando a la fuerza su deseo de marcharse del club (para irse, debía pagar una penalización de 40 millones de euros, según varias fuentes), su único objetivo es que Simeone sea el entrenador en el debut en ese Wanda Metropolitano, el estadio que se presume será el mejor del mundo a partir de septiembre.

Lo de apellidarlo Metropolitano al nombre de Wanda (¡Tebas dio la primicia!) fue una buena ocurrencia de Fernando Fariza, el director de explotación del club: así en Champions, donde la UEFA no permite el nombre comercial, se llamará solo Metropolitano. Y los medios de comunicación también lo llamarán el nuevo Metropolitano, a no ser que Wanda ponga publicidad en cada medio, claro.

Luis Aragonés, el nombre preferido

La gente colchonera prefería que el nuevo estadio se llamara Luis Aragonés, según distintas encuestas como la de este medio, pero esa posibilidad que sí conseguía el consenso ni se contempló en la zona noble del Calderón. La idea de recuperar el nombre de Metropolitano probablemente hubiera aplacado a muchos de los inmovilistas y conservadores futboleros que nos resistimos a entender los peajes del fútbol moderno, pero hacerlo público a la vez que la presentación del nuevo escudo ha sido lo que ha abierto la caja de los truenos para unos aficionados que no dejan de ver como sospechosos a los máximos accionistas del club y consideran que les han vuelto a torear sin ni siquiera consultarles.

Leyendo las declaraciones del creativo que ha realizado el nuevo escudo, te enteras de detalles del proceso que el Atlético debería haber comunicado con naturalidad. El hecho de no contar nada y hacerlo todo por sorpresa agudiza el enfado de los críticos, que a lo mejor estarían igual de mosqueados de haberse enterado o si les hubieran consultado. O no.

Reposando la indignación inicial e intentando racionalizar la pasión, se acepta el nombre del estadio y hasta se comprende el nuevo escudo con las explicaciones del director creativo de la agencia Vasava, Bruno Sellés, quien al menos es nieto de uno del Atleti y de Carabanchel. Pero, teniendo la certeza de que la intención de los dirigentes es la mejor, no extraña el enfado de los que no les tragan ni les tragarán nunca, porque encima se sienten menospreciados sistemáticamente. En este contexto, aprovechan los radicales del Frente Atlético para sacar pecho y erigirse en líderes del descontento de la masa social. Ese sector lo conoce bien Fariza y seguro que lo (los) tiene controlado. O no.

Y a todo esto, con la que está cayendo, el Cholo ha vuelto a dar síntomas de seguir en la idea de irse. Una semana es su hermana, la otra su hijo y al día siguiente él mismamente quien insiste en que acabará entrenando al Inter de Milán. Están pesaditos los Simeone, todos a una sin fisuras, con el asunto. Diego Pablo no ha conseguido reconstruir su discurso tras la bomba atómica que soltó tras la final de Milán. Lo intentó arreglar con lo del luto tras otra derrota en la final de la Champions ante el Madrid, pero a sus jugadores les ha quedado que se ha querido ir, que a ellos no les quería entrenar más. Y por más que haga esfuerzos por recuperar su confianza, es muy difícil que un vestuario te vuelva a creer cuando le has faltado a la verdad.

La importancia del Cholo

La importancia del Cholo en la historia reciente del Atlético es crucial. Tanta como que en la evolución del nuevo escudo podría aparecer el Cholo y el madroño, aunque ha sido el madroño el que se ha centrado y el oso el que se ha girado en ese nuevo diseño que vale para lo analógico y para lo digital. El problema estriba en que a Simeone solo le queda un año y medio en el Atlético (su reducido nuevo contrato expira el 30 de junio de 2018) y su presencia en el nuevo estadio Wanda Metropolitano será, en teoría, para la campaña 2017/2018, la del estreno.

Este domingo se refirió con tibieza a la polémica del nuevo escudo: “En el mundo, la evolución es continua. Nos encontramos con muchos clubes que han pasado las mismas situaciones. Los cambios... siempre hay gente a quien le gustan y otra que no. A veces somos reacios a los cambios y es normal, porque estamos acostumbrados a lo que siempre hemos tenido, pero considero que nosotros tenemos que centrarnos en el partido de mañana”. Ese es el partido de este lunes. Ante el Villarreal. Partido a partido. En esas sigue Simeone, pero sus intervenciones cada vez suenan más para los atléticos como la canción de Aute, “siento que te estoy perdiendo”. Partido a partido. Estadio a estadio. Escudo a escudo.

Mata-dor

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