Federer manda un mensaje peligroso: "El calendario, la llave para mi longevidad"

"He decidido no participar en Roland Garros. He estado trabajando realmente duro, pero siento que es mejor que salte toda la gira de tierra batida y me prepare para las la hierba y pista dura"

Foto: Federer no competirá en tierra esta temporada. (EFE)
Federer no competirá en tierra esta temporada. (EFE)

La noticia llegó en plena temporada de tierra, a tres semanas del segundo Grand Slam del año. No fue sorprendente ni inesperada, pero sí remarcó el hambre de un deportista con todo ganado. Después de afirmar que únicamente disputaría Roland Garros en la gira de arcilla, Roger Federer hizo pública su decisión de no competir un solo torneo sobre tierra batida en la temporada 2017, algo sin precedente en la carrera del jugador más laureado de todos los tiempos. El suizo, que no disputará Roland Garros por segundo año consecutivo, apartó de manera definitiva el polvo de ladrillo de su calendario (una gira que incluye tres Masters 1000 y un Grand Slam, nada menos) para mandar un mensaje claro: la hierba y la pista dura serán la prioridad absoluta en este momento de su carrera.

Ésta última, domada con mano de hierro en el inicio del curso. La primera, un elemento que ha llevado el nombre del heptacampeón de Wimbledon durante gran parte de este siglo. Su inclinación hacia las pistas más rápidas ya no es sólo un pensamiento ni una suposición, es una realidad para quien se siente fuerte para pelear absolutamente por todo.

Para confiar de esa manera en el segundo tramo del año, el suizo ha anotado un inicio de temporada mayúsculo. Ganando el Abierto de Australia, su Grand Slam número 18 y el primero en casi cinco temporadas, dejó una demostración de perseverancia para quien firma el mejor palmarés de siempre. Después, y enlazando los Masters 1000 de Indian Wells y Miami, uno de los mayores esfuerzos que ofrece el calendario al ser cuatro semanas consecutivas sobre pista dura al máximo nivel, confirmó que el papel jugado en Melbourne no fue una inspiración pasajera.

Después de coronarse en Miami, haber hecho suyos los tres primeros grandes torneos de la temporada y entrar en la primavera como destacado número 1 del curso, Federer demostró varias cosas. Que a sus 35 años puede competir ante cualquiera para atacar las mayores citas del tenis. Que en las pistas que ofrecen un beneficio claro al juego directo (superficie dura y, por descontado, la hierba), su propuesta sigue siendo devastadora. Y sobre todo, tras haberlo conseguido después de permanecer cuidando su rodilla durante los últimos seis meses de 2016, que el oxígeno en estos momentos es un aliado más que necesario para garantizar su mejor versión.

Con aire en los pulmones, la mente descansada y los objetivos muy seleccionados, Federer ha disputado 20 partidos en la temporada 2017. Ha firmado 19 victorias y tuvo pelota de partido en el único tropiezo del curso (segunda ronda de Dubai ante el ruso Donskoy). Una exhibición de fuerza con todo ya demostrado. Con su ritmo pesado y bote alto, la tierra batida es la superficie que más aire quitaría del pecho del suizo, más castigaría su cabeza y más se aleja de una meta clara en su esquema. El hecho de plantear en un primer momento Roland Garros como única cita a disputar en la superficie, sin competición específica previa a la quincena en París, ya hacía ver este tramo del calendario como un período incómodo.

Federer le ganó a Nadal en Australia su 18º Grand Slam. (Reuters)
Federer le ganó a Nadal en Australia su 18º Grand Slam. (Reuters)

“Desafortunadamente he decidido no participar en Roland Garros. He estado trabajando realmente duro, dentro y fuera de la pista, durante el último mes. Sin embargo, para intentar jugar en el ATP World Tour durante muchos años más, siento que es mejor que salte toda la gira de tierra batida este año y me prepare para las temporadas de hierba y pista dura”, señaló el suizo a través de un comunicado oficial. “El inicio de curso ha sido mágico para mí, pero tengo que reconocer que el calendario será la llave a mi longevidad de ahora en adelante. Por tanto, mi equipo y yo hemos decidido que disputar un único torneo en tierra no era lo mejor para mi tenis y mi preparación física para el resto de la temporada”, cerró el helvético.

La tierra batida requiere de unas sesiones de entrenamiento específicas, ejercicios orientados a la idiosincrasia de una superficie resbaladiza, irregular y de bote elevado, y emplear tiempo y esfuerzo en una sola bala (el papel en Roland Garros) era correr el riesgo de castigar el cuerpo para el beneficio menos probable y más fugaz. Era, también, renunciar a un valioso tiempo extra de competición respecto a sus rivales (lo que tuvo en una pretemporada amplísima antes de asaltar 2017 a toda velocidad).

Mientras el circuito se castiga en el corazón de la gira de tierra batida, Federer se entrenaba días atrás sobre superficie dura bajo el sol de Dubai, respirando tenis de alta velocidad antes de la llegada de la hierba. Si Roger ya arrancó el curso tras practicar durante un período más amplio al habitual (lo mismo sucedió con Nadal antes de que ambos hayan copado la cima en 2017), ahora puede estar en una situación similar antes de tomar la segunda mitad de la temporada.

En un curso con los grandes dominadores de 2016 entre titubeos (ni Andy Murray ni Novak Djokovic están entre los 10 mejores del curso), en el que rostros aún tiernos luchan por ganar terreno (Dominic Thiem, David Goffin y Grigor Dimitrov aspiran al Top 5 de 2017) y en el que su mayor rival histórico vuelto a tomar el testigo (Rafael Nadal lidera el año con tres títulos ya enlazados en tierra batida), Roger Federer quiere seguir marcando la pauta como antaño. Superficies como la pista dura y la hierba, terrenos que un día hizo suyos como ningún otro, le esperan a la vuelta del verano.

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