los hombres de negocios del príncipe

El influyente confesor del círculo empresarial de Felipe VI

A diferencia de su padre, el Príncipe Felipe tiene un círculo muy reducido de amigos de verdadera confianza en el mundo de los negocios
Foto: Javier López Madrid, David Hachuel, el Príncipe Felipe y Pedro López Quesada. (EC)
Javier López Madrid, David Hachuel, el Príncipe Felipe y Pedro López Quesada. (EC)

Meses atrás, la Fundación Seres, una de las organizaciones donde las mayores empresas del país lavan sus conciencias, invitó al Príncipe Felipe a presidir la sesión del patronato. Mientras los primeros ejecutivos de algunas de las cien empresas que conforman esta organización, entre las que se encuentran Deloitte, El Corte Inglés, Iberdrola, BBVA, Telefónica, Endesa, Inditex, Ferrovial o Coca Cola, llegaron en sus lujosos coches, con las lunas tintadas y sus correspondientes chóferes, el que está llamado a ser el próximo Rey de España se dejó caer por el evento con un Audi A8 conducido por él mismo.

A las puertas de la sede del despacho de Garrigues, en la calle Hermosilla, número 3 de Madrid, al principio del Paseo de la Castellana, donde se celebró el evento, varios de estos ejecutivos de primer nivel le aguardaban para hacer los honores. Esperaban a la típica comitiva real. Pero la sorpresa de los allí presentes fue que don Felipe apareció con apenas dos escoltas y al volante de su propio vehículo, de alta gama, sí, pero lejos de la parafernalia que los primeros espadas de las empresas habían exhibido a las puertas del edificio de la firma de abogados. A la hora de la despedida, la aparente sencillez del Príncipe de Asturias fue comentada entre los presentes.

No frecuenta cacerías, ni participa en las monterías típicas de la vieja burguesía surgida de la última etapa del franquismo, donde se repartían negocios y comisionesUn gesto que refleja en parte la personalidad del futuro Jefe del Estado de España, que difiere mucho de la de su padre, según explican algunos de los que mejor le conocen. Don Felipe es mucho más frío con el establisment consolidado que don Juan Carlos, mucho más distante, a la vez que más serio y más riguroso. Mientras el actual monarca se ha ganado el favor y la pleitesía de los próceres empresariales por su afinidad personal, por su capacidad para transformar reuniones formales en encuentros cordiales, por tratar a los demás como amigos más que como súbditos, por su inclinación a la risa fácil, el Príncipe es todo lo contrario.

No frecuenta cacerías ni participa en las monterías típicas de la vieja burguesía surgida de la última etapa del franquismo, donde se repartían negocios y comisiones. No se limita a leer discursos cocinados, sino que se prepara los asuntos sobre los que va a hablar, por lo que se interesa personalmente, según reconocen algunos de los que estuvieron presentes en aquel consejo de Fundación Seres.

Su generación no es la de los inversores que dieron pelotazos como en su día hicieron Jaime Carvajal, Juan Abelló, los Albertos, o Manuel Prado y Colón de Carvajal, varios de ellos con graves acusaciones judiciales e incluso sentencias en las que el Rey supuestamente intermedió para evitar la entrada en prisión. Su generación es la de unos amigos que ya nacieron ricos, de jóvenes que estudiaron en Suiza o en Estados Unidos, que no  participaron con escasa transparencia en el reparto de la tarta posterior al régimen dictatorial, como ocurrió en Rusia tras la caída del comunismo con los nuevos oligarcas.

Del mundo empresarial, a don Felipe se le asignan varias personas de su confianza de las que no se esconde, como Pedro López Quesada. Un banquero de Citi, director general del área corporativa, con 25 años de experiencia en la entidad tras cursar estudios en Houston. Como explican sus compañeros, “para ser del establisment", por estar casado con Cristina Borbón Dos Sicilias, hija de uno de los primos conseguidores del Rey (Carlos Borbón Dos Sicilias), "Perico es buen tío y muy currante. Es de los primeros que llega a la oficina, le echa horas y es un gran profesional".

Pedro López Quesada y su mujer Cristina de Borbón dos Sicilias (I.C.)
Pedro López Quesada y su mujer Cristina de Borbón dos Sicilias (I.C.)

En el círculo de allegados también está David Hachuel, que estudió con él en la universidad de Georgetown (Washington, Estados Unidos) y, que pese a su discreción, en los últimos tiempos cobró un gran protagonismo por ser el padrino de Sheldon Adelson en el inconcluso proyecto de Eurovegas en España. Hachuel tiene una gran influencia en la comunidad judia y buenos contactos en EE UU. Sin embargo, tanto el banquero como el inversor reconocen que el verdadero amigo, el hombre del mundo de los negocios de la total confianza del Príncipe, es Javier López Madrid.

Casado con Silvia Villar Mir, hija de Juan Miguel Villar Mir, íntimo del Rey Juan Carlos, Javier López Madrid estudió en un buen colegio de Suiza donde se codeó con una saga de hijos de grandes fortunas de todo el mundo. Su padre fue Germán López Madrid, la persona que en los años sesenta instaló Volvo en España, la multinacional sueca dedicada a la fabricación y venta de automóviles, camiones, autobuses, motores marinos e industriales y maquinaria de obras públicas. Javier se inclinó por formar parte del equipo gestor de la fortuna del suegro como consejero delegado de Grupo Villar Mir, de la que OHL solo es una pata, mientras que su hermano Germán siguió con los coches.

Pese a que ya nació con dinero más que suficiente para disfrutar de una vida muy cómoda desde su gran despacho de la planta 56 de la Torre Espacio, donde estaba la antigua ciudad deportiva del Real Madrid, Javi, como le llaman sus más cercanos, es un trabajador incansable. El pasado mes de diciembre, mientras en España se disfrutaba del puente de la Constitución y de la Inmaculada, el confesor del Príncipe estaba de viaje de negocios por México, desde donde tomó un avión para asistir a un compromiso de apenas seis horas en Colombia, con el objetivo de volver a España a cambiar de maleta y coger otro vuelo a Emiratos el lunes siguiente.

El verdadero amigo, el hombre del mundo de los negocios de la total confianza del Príncipe, es Javier López Madrid. Su padre fue Germán López Madrid, la persona que en los años sesenta instaló Volvo en España

Discreto en las distancias largas, se hace muy afable en las cortas. Gran seguidor del Real Madrid, su ansia por estar en muchos sitios le puede. En un almuerzo de trabajo en sus aposentos puede levantarse de la mesa en innumerables ocasiones para hacer más expresiva su ya de por si nerviosa gesticulación. Esas mismas ganas de multiplicarse le han llevado a cometer incluso algún error que reconoce, como aceptar la petición de ser consejero de Bankia cuando Rodrigo Rato creó aquel engendro de banco que ocupa el ranking de los rescates empresariales en España. No tenía ninguna necesidad, pero por petición de su buena amiga Elena Salgado, vicepresidenta del Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, la familia Villar Mir invirtió 20 millones cuando el PSOE y el PP rogaron a las grandes fortunas arrimar la cartera por el bien del país. La jugada no pudo salir peor. Los Villar Mir perdieron casi todo el dinero -por lealtada no venderion cuando todos sus colegas ya habían salido corriendo- y él se vio salpicado por la imputación de todo el consejo de administración pese a haber estado apenas nueve meses en el mismo.

Más tiempo le ha dedicado a Tressis, una gestora de patrimonios desconocida para el gran público que, sin embargo, administra los dineros de una parte importante de la alta sociedad madrileña, como la familia Mesonero Romanos. Con cerca de 2.000 millones de euros bajo gestión y tras pasar una época complicada por problemas internos, esta firma reúne en su accionariado a Ladislao Azcona, un veterano periodista, ex presentador de los telediarios de TVE, dueño de, probablemente, la mejor firma profesional de comunicación y lobby de España.

También es accionista Borja Prado, hijo de Manuel Prado y Colón de Carvajal, el jefe de las finanzas del Rey, un excelente intermediario financiero, con una profunda agenda de contactos, que ha alcanzado la gloria como presidente de Endesa como pago por sus trabajos en la toma de control por parte de los italianos de Enel. Algunos de ellos formaron parte del clan de los Piedrahita, en referencia al broker colombiano Andrés Piedrahita y Fernando Fernández de Cordova, que, como representantes en España de Bernard Madoff, hicieron perder bastantes millones a los herederos de la beaufiful people con aquella estafa mundial.

Javier López Madrid (izq.) y los hermanos Fuster en la boda de la Infanta Cristina (I.C.)
Javier López Madrid (izq.) y los hermanos Fuster en la boda de la Infanta Cristina (I.C.)

Javier tiene buenas relaciones con el PSOE, a través de Alfredo Pérez Rubalcaba y la olvidada Elena Salgado, y también con el PP, por su cercanía con Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, con el que se suele ver por Marbella. Pero su lista de contactos es mucho más internacional, con grandes amigos en Latinoamérica, especialmente en México, gracias a que compartió educación con los nuevos dirigentes del país, como Emilio Lozoya, la mano derecha del presidente Enrique Peña Nieto. Una relación que le llevó a ofrecerse sin aparente interés personal a tender puentes con la Moncloa para resolver el problema de Repsol, que finalmente ha acabado con un preocupante enfrentamiento entre España y la potencia latina. Es un habitual del Foro de Davos, que congrega a lo más granado de la política y de las finanzas mundiales cada enero en la ciudad suiza. Allí se mueve como en su casa.

Este ejecutivo suele aprovechar las horas de comida para hacer deporte, un hábito mucho más saludable que el que solían prácticar los validos del Rey, muy proclives a diseñar conspiraciones en los mejores reservados de la capital. En Javier López Madrid es en quien confía don Felipe su visión del mundo de los negocios, un pilar vital para afianzar la segunda transición que se está dibujando en la Zarzuela.

A Corazón Abierto

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