El juancarlismo deja España al borde del abismo

El Rey se va, pero el daño político y económico ocasionado por su ambición personal y su apatía política se quedan en España. Mi artículo de

El Rey se va, pero el daño político y económico ocasionado por su ambición personal y su apatía política se quedan en España. Mi artículo de la pasada semana, que, además de haber sido el más leído, fue compartido por 1.750 personas en Facebook y retuiteado por 225 –lo que le añade una difusión viral–, ha concitado el rechazo o la malquerencia de los círculos oligárquicos que han disfrutado hasta hoy de la explotación mercantil del juancarlismo. Y de los creyentes en la propaganda de este Régimen, alguno ha protestado de mi visión de la realidad: “Parece sumamente injusto para Juan Carlos y para Suárez decir que fue el peor monarca español nunca coronado y el otro un mediocre primer ministro, callando que fueron los principales responsables de la modélica Transición (sic)”.

¿Cuándo se jodió España?

Parafraseando a Mario Vargas Llosa, la pregunta pertinente que todos los españoles deberían hacerse es “¿cuándo se jodió España?”, es decir, el origen y las raíces del desastre político, económico, social y moral en el que nos encontramos. Mientras esas raíces no sean comprendidas y arrancadas de cuajo, mientras los españoles no se movilicen por el cambio del modelo de Estado, por la falta de libertad política colectiva, España y los españoles no podrán salir del largo valle de sombras en que nos encontramos, con el Estado de bienestar en claro retroceso, con la antes poderosa clase media fiscalmente expoliada y empobrecida, con un 55% de los jóvenes que ni tienen trabajo ni lo tendrán en un futuro previsible y con una deuda pública creciendo sin pausa y que España ya no puede devolver.

El origen de nuestros males es claro e inequívoco: la irresponsabilidad, la ambición personal desmedida y la falta de sentido del Estado de los “padres” de la Transición, cuyo momento álgido fue el “café para todos” del irresponsable Suárez, que dio paso a un modelo de Estado único en el mundo, donde las autonomías duplican las competencias y el gasto de las de los Estados federales, lo que supone un despilfarro anual equivalente al 10% del PIB, algo  económicamente monstruoso y administrativamente delirante.

¿Acaso los defensores de la 'modélica' Transición desconocen que todas las leyes se aprueban por mandato imperativo de los jefes de partido a sus diputados de lista?

Suárez y sus barones inventaron 17 centros autónomos de corrupción y duplicidad de gasto, con inversiones de lujo asiático. Autonomías contrarias, en su mayor parte, a la realidad histórica y objetiva de España. Sólo Castilla, una unidad completamente homogénea con más de 1.000 años de Historia, estos barbaros la partieron en diez trozos diferentes. Como diría cínicamente el socialista Enrique Múgica, eso de la democracia está muy bien, pero lo importante es buscar puestos de trabajo adecuados y bien remunerados para los “demócratas”, a lo que Solchaga, como apóstol del pelotazo, daría su toque especial.

Dos millones de sobrinos de Nepote fueron colocados a dedo. Las bastardas ambiciones, la falta de responsabilidad y la ausencia de escrúpulos morales (de todos los partidos), en un momento histórico trascendental es algo que resulta sobrecogedor. Como decía mi amigo Camilo José Cela de los responsables de la “modélica” la Transición: “Si tuvieran vergüenza y honor se habrían pegado un tiro”.

Ni democracia ni libertades políticas

Es inaceptable, es inmoral y es indigno que el mito de una “Transición modélica” se mantenga, pues fue una Transición infernal, porque las cifras y los resultados son inapelables. Esta Monarquía sin legitimidad de origen y cuya legitimidad de ejercicio se vinculó al desgobierno de Suárez y a la maquiavélica comedia del 23-F, nos ha llevado desde el octavo puesto de las economías mundiales al 14, desde un paro del 3,5% en 1975 (Alcaide e INE) al 26% en 2014. Además, el paro juvenil alcanza la pavorosa cifra del 55% y sin posibilidad de que la cifra mejore en un futuro previsible: toda una generación desangrada y perdida.

Desde una educación pública de primera clase hemos pasado, según el informe PISA (promovido por la OCDE), al lugar 27, frente a una media de 19 la OCDE en Matemáticas, 25 en lectura (18 OCDE) o 23 en ciencias. En el Ranking Shanghai, el más prestigioso del mundo en la clasificación de las primeras 500 universidades, hay que bajar al puesto 200 para encontrar a una española, la Universidad Autónoma de Madrid; entre las primeras 400 hay sólo cinco españolas. La desigualdad en la distribución de la renta es la más alta y la que más ha crecido en Europa, el Coeficiente de Gini –que es la medida más empleada para cuantificar la desigualdad– es en España un 15% mayor que la media de la Eurozona y peor que en Grecia o Portugal.

Un 26,7% de los menores de 16 años están amenazados por el hambre y más de dos millones y medio viven por debajo del umbral de la pobreza, las cifras más pavorosas de Europa. El presidente de la Comunidad de Madrid tiene el cinismo y la desvergüenza moral de decir que no hay “ningún problema de hambre en Madrid”, mientras ellos y el Ayuntamiento mantienen más de 300 coches oficiales de uso personal y 1.500 asesores inútiles. Y, además, los concejales –la única ciudad del mundo desarrollado donde tienen coches oficiales y chófer– utilizan los vehículos como propios para sus familias o para sus amantes. Es la total ausencia de empatía, incluso maldad, en unos gobernantes que mantienen la segunda tasa de pobreza infantil de Europa.    

Cuando se conoce la realidad de primera mano y se ve a la clase política corrupta y cortesana deshacerse en elogios al Rey, dan ganas de marcharse de España

No voy a repetir cómo hemos perdido diez puntos de renta relativa desde 1975 respecto a los nueve países centrales de la entonces CEE, que cualquiera puede comprobar por sí mismo. Pero España no sólo ha retrocedido respecto a estos nueve países, sino que lo ha hecho también en relación con el resto del mundo, y mucho. No me agrada, para nada, tener que publicar, en aras de la verdad, los males que la Transición monárquica ha traído a los españoles. Y si hablamos ya de libertades políticas y de democracia, en ese terreno se ha llegado al colmo de la falsedad pública. Ni una sola ley aprobada en el Parlamento monárquico es legítima. Ni siquiera es legal.

Todas son nulas de pleno derecho, pues todas ellas han sido aprobadas por los diputados de lista con expresa y manifiesta violación del artículo constitucional que prohíbe cualquier tipo de mandato imperativo a los diputados legisladores. ¿Acaso los defensores de la “modélica” Transición desconocen que todas las leyes se aprueban por mandato imperativo de los jefes de partido a sus diputados de lista? Finalmente, qué decir de la falta de libertad política colectiva. Pase que el pueblo llano desconozca la diferencia entre libertades individuales y derechos políticos personales. Pero aquellos que se han atrevido a criticar un artículo basado en criterios científicos, con frases repetidas hasta la saciedad por la pura propaganda de este régimen de partidos, demuestran no sólo escasa sensibilidad moral, sino, sobre todo, desconocimiento de lo que es una verdadera Constitución.

Les recuerdo a tales críticos que el artículo 16 de la Declaración de Derechos Ciudadanos de la Revolución Francesa –universalmente reconocido– proclama que no hay Constitución si en ella no se separan los poderes del Estado. ¿Acaso creen que el poder legislativo nombra al ejecutivo?, ¿no saben que las listas de partido fabricadas por los jefes de partido imponen la obligación personal y política de los diputados elegidos dentro de la lista de votar luego a la misma persona que los ha incluido en la misma?, ¿acaso creen que los miembros del Consejo Superior del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional gozan de independencia ante el partido que los ha nombrado?

Y para terminar, ¿cómo puede dejar de ser infernal una Transición que ha promovido y convencido a la mitad de los catalanes y vascos de que su mejor porvenir está en la separación de España? ¿No es este el resultado final de una Monarquía de la que tiene que huir asustado el propio Rey para que sea su hijo quien afronte tan desgraciado legado?

Mis experiencias personales de cómo se gestó el desastre

Para acabar de una vez con el mito fundador de una Transición que ha destruido el sentimiento de unidad nacional, que ha aniquilado nuestros valores morales y es la gran responsable de nuestra ruina económica y social, quiero relatar dos hechos vividos que demuestran cómo estos irresponsables tomaban las decisiones y robaban a los españoles. En aquella época yo era consejero delegado de Campsa, que como Monopolio de Petróleos dependía de Hacienda, por lo que mi jefe era el ministro de Hacienda, Francisco Fernández Ordoñez, quien quería dotar a España de un sistema fiscal moderno en el que se erradicara cualquier privilegio o componenda a favor de regiones o personas.

Eso de la democracia está muy bien, pero lo importante es buscar puestos de trabajo adecuados y bien remunerados para los 'demócratas'

La tres provincias vascas y Navarra tenían unos fueros históricos derivados de las guerras carlistas y pensados para una sociedad atrasada y pastoril. Franco había anulado los fueros de Vizcaya y Guipúzcoa, que no se habían unido al alzamiento y los había mantenido en Navarra y Álava, que le habían apoyado. Paco quería acabar con este anacronismo histórico y anular también los fueros de Navarra y Álava, es decir, que todos los españoles fuéramos iguales ante el fisco. Sin embargo, los cabezas de lista de UCD por Guipúzcoa y Vizcaya, Marcelino Oreja y Agustín Rodríguez Sahagún, ambos pesos pesados en el parido, no sólo se opusieron tajantemente, sino que exigieron que fueran restituidos en las provincias donde se presentaban, con el “patriótico argumento” de que si no se hacía así, UCD perdería las elecciones en ellas.

Fernández Ordoñez se negó en redondo a aceptar esta clamorosa injusticia fiscal. Los dos “barones” consiguieron el apoyo del insensato falangista Suárez, quien ordenó a su ministro de Hacienda la restitución del régimen foral. Algunas personas cercanas a Fernández Ordóñez, entre ellas Mariano Rubio, el último gran gobernador del BdE, le advertimos de las consecuencias de este disparate y le pedimos que abandonara a Suárez, pero mi jefe no era de carácter luchador y al final aceptó. Hoy las provincias vascas pagan 8.000 millones año menos a Hacienda de lo que les correspondería si estuvieran en el régimen común y, además, la diputaciones vascas que ingresan el IVA de todos los productos vascos vendidos en el resto de España (80%) sólo lo devuelven parcialmente, por lo que se apropian de miles de millones adicionales. Gracias a este expolio al resto de españoles, el País Vasco y Navarra tienen hoy la mayor renta per cápita de España.         

En 1979 y como consecuencia de la crisis de los ayatolás en Irán, España estuvo durante muchos meses bordeando el desabastecimiento de petróleo. El vicepresidente Fernando Abril me nombró responsable de garantizar nuestro abastecimiento, dándome carta blanca para buscar suministros adicionales donde fuera. El entonces embajador de España en Kuwait, Fernando Schwarzt, un embajador de los de verdad, no como la chusma nombrada a dedo que hoy nos representa, me dijo que tenía una gran amistad con la familia Al-Sabah reinante en Kuwait y que podría conseguirnos petróleo adicional. Volé inmediatamente a Kuwait y, gracias a este gran embajador que hacía su trabajo, pude contratar un primer cargamento de 150.000 toneladas. Al volver tenía varias llamadas de mi jefe, Fernández Ordoñez, pidiendo que fuera a verle de inmediato.

Fui encantado, pensando en una efusiva felicitación. Nada más lejos. Al llegar a su despacho de la calle de Alcalá, Fernández Ordóñez se puso en pie, levantó los brazos al cielo y me dijo: “La que has liado, Roberto, me vas a buscar la ruina”. Me quedé atónito, ¿pero de qué me hablas, si acabo de contratar un cargamento en Kuwait que nos garantiza el abastecimiento dos o tres semanas? “Mira, me dijo, ha estado aquí Manolo Prado –senador, diplomático y administrador privado del rey Juan Carlos durante dos décadas–, que se ha enterado que estabas en Kuwait y me ha montado un pollo que no puedes imaginar, me ha dicho que Arabia Saudí y los Emiratos son exclusivamente suyos y nadie más que él puede negociar ni un barril, así que ni se te ocurra volver a hacer nada parecido”. Mi sorpresa se tornó en ira, así que, con la confianza y el cariño que siempre tuve por Fernández Ordóñez, le dije: “No tengo ni idea quién es ese tío, pero el responsable de garantizar los suministros soy yo y no ese tal Manolo, que ni siquiera sé quién es”.

Entonces fue Fernández Ordóñez quien se quedó atónito: “Pero vamos a ver, Roberto, ¿tú en que mundo vives?, ¿es que no sabes a quién representa Manolo Prado?”. Realmente no lo sabía y resultaba que la altísima instancia a la que representaba tenía el monopolio de nuestros suministros extra durante la crisis. Y, por cierto, nadie hablaba de precios: Hacienda pagaba por el petróleo lo que ponía en la factura, sin entrar en averiguación alguna y menos cometer la ordinariez de decir que se podía comprar más barato cuando el conseguidor era Prado. Así que, cuando se conoce la realidad de primera mano y se ve a la clase política corrupta y cortesana deshacerse en elogios al Rey como el otro día en la farsa que llaman Parlamento, a uno le dan ganas de marcharse de España.   

El Disparate Económico

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