Política y memoria, reñidas en la hora final de ETA

Cuesta ver en la puesta en escena de ETA una aportación a la convivencia o una apuesta de paz. Cuadra mejor verlo como dosis de recuerdo de una victoria de la Democracia

Foto: Localización de un zulo en Irún en marzo. (EFE)
Localización de un zulo en Irún en marzo. (EFE)

La banda terrorista ETA, en fase terminal, intenta blanquear su derrota por todos los medios. Se declara “desarmada”, pero no cautiva. Quiere vendernos el adiós a las armas como ofrenda de su pecho virtuoso cuando hasta las piedras saben que es consecuencia de su derrota policial, política y, sobre todo, moral.

Aún así, la operación cuenta con simpatizantes más o menos previsibles. No entre quienes hacen memoria (manifiesto civil 'Por un fin de ETA sin impunidad') sino entre quienes hacen política (todos los partidos vascos, excepto el PP).

Los unos incluyen a las víctimas y acusan a la banda de querer cambiar las armas de matar por “las armas de mentir” (Fernando Savater). Y los otros lo celebran como “un hito histórico”, se encomiendan a los “verificadores” y prometen superar las secuelas del terrorismo con “diálogo y negociación”.

La escenificación del desarme no puede borrar el rastro de sangre y miseria moral que a lo largo de cuarenta años dejaron estos 'gudaris' del odio

Este es el acompañamiento ambiental del desarme anunciado para este sábado en tierra francesa, con domingo tortillero de quienes acuden a celebrarlo en Bayona. El operativo consistirá, al parecer, en los datos que ciertos “informadores” civiles darán a las autoridades galas sobre la ubicación del arsenal o arsenales donde los etarras aún guardan las bárbaras razones de su frustrada lucha en nombre de la patria vasca que acabó declinando ante las razones de la Democracia y la fuerza del Estado de derecho.

Cuesta ver en esta puesta en escena una aportación a la convivencia o una apuesta de paz. A buenas horas. Imposible verlo como un acto de generosidad de ETA y sus valedores. Cuadra mejor como dosis de recuerdo de una victoria de la Democracia, según suele decir quien fue clave de la misma, el exministro Rubalcaba.

La escenificación del desarme no puede borrar el rastro de sangre y miseria moral que a lo largo de cuarenta años dejaron estos 'gudaris' del odio, la muerte, la extorsión, el secuestro, la carta-bomba y el tiro en la nuca. Entiendo y me adhiero al grito de las víctimas, con un texto respaldado por más de 6.000 firmas de políticos, artistas, periodistas, intelectuales. El manifiesto previene ante una entrega de armas “mediática y propagandística”, apuesta por un final basado en la dignidad de las víctimas e insta a gobernantes y ciudadanos a no perder la brújula política y moral.

Todo esto viene activado por la memoria cuando una ETA derrotada habla de desarme y de disolución. Sobre esas dos perchas ha colgado la política oficial un manifiesto que, entre otras cosas, junta al exetarra Arnaldo Otegi con un representante del PSOE entre los abajo firmantes. “Un error monumental”, he oído decir al socialista Abel Caballero, alcalde de Vigo y presidente de la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias).

El Gobierno se limitó siempre a exigir el desarme unilateral y la disolución. Le cumple acusar recibo de lo primero y seguir exigiendo lo segundo

Nos cuentan que el desarme total estará completado en la tarde de este sábado, 8 de abril. Insisto: es la rendición de quienes quisieron doblarle el brazo al Estado. Por las malas, a tiro limpio, y por las buenas, en las mesas negociadoras. Fracasaron en lo uno y en lo otro porque las Fuerzas de Seguridad desactivaron a ETA como banda terrorista y los negociadores (González, Aznar, Zapatero) nunca pasaron por el aro del llamado “precio político”.

El Gobierno se limitó siempre, y aún ahora, a exigir el desarme unilateral y la disolución de la banda. Le cumple acusar recibo de lo primero y seguir exigiendo lo segundo a cambio de nada. Si acaso, un paso adelante en materia de acercamiento de presos a cárceles del País Vasco, aunque no como premio a una eventual autodisolución sino porque caducaría el uso de la política penitenciaria como herramienta de la política antiterrorista.

Mientras tanto, ni al Gobierno ni a la sociedad española se le ha perdido nada en la entrega de las armas. Tomamos nota y vale. De la entrega y de las apelaciones del manifiesto de partidos y sindicatos del País Vasco y Navarra (excepto PP y socialistas navarros), para que París y Madrid demuestren “altura de miras” (lehendakari Urkullu dixit) en la hora final de ETA. Toca acusar recibo del adiós a las armas. Y celebrarlo, pero sin dar a nada a cambio, porque ni el Estado ni la sociedad están en deuda con ETA. Es al revés. Y no solo me refiero al plano moral. También al esclarecimiento técnico de los más de trescientos asesinatos aún sin resolver.

Al Grano

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